En Venezuela los rescatistas ya no buscan entre los escombros. Hoy todo son ruinas. A un mes de la devastación de los terremotos, el país no tiene cómo hacer frente a lo que viene después de la tragedia.
La solidaridad se va apagando. Es la naturaleza humana. Y con ella, la llegada de fondos. La ayuda internacional no parece que vaya a ser la solución para Venezuela. Apenas cubre en la actualidad el 39% del financiamiento necesario según el Plan de Respuesta Humanitaria de la ONU (pretende llegar a 6,2 millones de personas durante seis meses).
Ni hablar, más allá de la emergencia, de los costos de la reconstrucción, que el Banco Mundial estima en u$s 50.000 millones. El organismo es categórico. Venezuela necesita movilizar casi u$s 10.000 millones en financiamiento para respaldar la respuesta fiscal y otro tanto en inversión privada.
“Sin nuevas inversiones públicas y privadas, el país no tiene más remedio que reasignar recursos, lo que extendería el plazo para los esfuerzos de reconstrucción a al menos una década”, consigna en su informe sobre los desafíos que enfrenta el gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez.
A todo esto, empieza a resultar cada vez más insostenible la reticencia del presidente de EE.UU., Donald Trump, a rendir cuentas sobre los ingresos petroleros que la administración viene "custodiando" y que tanto necesitaría hoy el pueblo venezolano. Son u$s 13.000 millones según cálculos del diario británico Financial Times.
Trump no quiere poner más plata
Desde que Nicolás Maduro fue removido del poder en un sorpresivo operativo nocturno el 3 de enero de este año por la administración Trump, Venezuela venía intentando encontrar un camino de regreso en muchos aspectos, entre ellos el financiero.
El chavismo supuso una era de más de dos décadas de aislamiento de las instituciones multilaterales, además de una situación de impago desde 2017.
Ante la escasez de fondos, y en la medida en que se volvieron a tender puentes con el mercado, Rodríguez busca ahora recuperar acceso a los activos congelados en el exterior para afrontar los costos millonarios de la reconstrucción.
Detrás de la estrategia el que mueve los hilos es un gran aliado: Washington. Sus gestiones, desde ya, no son en absoluto desinteresadas.
Según reporta Bloomberg, la gran motivación detrás de esta “diplomacia financiera” de Trump es no tener que aportar mucho más que los u$s 386 millones ya comprometidos.
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela.
La administración Trump no quiere que Venezuela suponga una inversión financiera como las ocupaciones de Irak y Afganistán, con soldados desplegados además durante largos períodos. Y éste es un año electoral.
Así y todo, hay que decir que EE.UU. es el país que más ayuda financiera brindó a Venezuela, además de un fuerte apoyo logístico. El total recaudado por la comunidad internacional es de u$s 781 millones.
Lo que resulta controvertido es que la gestión Trump obtuvo ingresos millonarios este año gracias al petróleo venezolano (de los que incluso se ufanó en más de una oportunidad) y nadie sabe muy bien a dónde fue ese dinero.
El oro en Inglaterra y la puerta del FMI
Ante la necesidad, hay que ir al último recurso. Por un lado, está la ayuda que puede desbloquear el FMI. El gobierno de Rodríguez ya utilizó u$s 346 millones en reservas en la entidad, una fuente de liquidez de rápido acceso que podía movilizarse rápidamente.
Esto fue posible gracias a que Venezuela restableció su relación con el organismo apenas el 16 de abril de 2026, después de haber dado un portazo en 2019.
Pero el país aún tiene en el FMI 3.568 millones en Derechos Especiales de Giro (DEG), que equivalen a unos u$s 5.100 millones. Los DEG pueden canjearse con otro país miembro del FMI, o con un grupo de países, por dólares u otras monedas.
Por otro lado, el Gobierno intenta recuperar el control de unas 31 toneladas de oro depositadas en el Banco de Inglaterra por un valor aproximado de u$s 2.000 millones.
EE.UU. flexibilizó el 14 de abril una sanción que llevaba siete años vigente contra el banco central de Venezuela y otras instituciones bancarias estatales, lo que debería ayudar a destrabar el acceso.
Los activos se encuentran inmovilizados por una demanda del gobierno británico relacionada con el desconocimiento de la legitimidad del gobierno de Nicolás Maduro tras las disputadas elecciones de 2018. Rodríguez incluso le envió una carta personal al rey Carlos III este mes para pedirle que intermediara en el asunto dada la desoladora situación que vive el país.
Finalmente, hay otras cuentas en bancos alrededor del mundo con cientos de millones de dólares, como en el caso de Citgo, filial de PDVSA en EE.UU.
Washington "custodia" los fondos petroleros
El gobierno de Trump nunca dio explicaciones hasta ahora sobre el destino concreto de los beneficios obtenidos de las exportaciones venezolanas de crudo.
De hecho, los legisladores estadounidenses de ambos partidos están empezando a presionar a la administración para que rinda cuentas de lo que ocurrió con esos beneficios. Fue en alguna audiencia en el Congreso que se dijo que sólo se venía transfiriendo lo indispensable para pagar sueldos estatales y mantener en funcionamiento la infraestructura petrolera.
Gran parte de la narrativa oficial se apoya en la necesidad de supervisar de cerca cómo Venezuela utiliza esos recursos, dado su historial de corrupción y despilfarro, por lo que es necesario un desembolso de fondos lento y gradual.
Pero los economistas se sorprenden de que la economía no haya registrado el fuerte rebote que estaban esperando ahora que el país ya no se veía obligado a vender su producción con un fuerte descuento en los mercados internacionales debido a las sanciones de EE.UU.
El crecimiento del primer trimestre de 2,5% interanual fue el más bajo en casi cinco años y fue para muchos la evidencia más clara de que la transferencia de ingresos no estaba ocurriendo. O en todo caso, lo hacía a cuentagotas.
Ni el propio Trump lo ocultaba. En junio decía que EE.UU. había recuperado el costo de la operación militar en Venezuela 28 veces gracias al petróleo. “Nos llevó 48 minutos ganar esa guerra. Y sacamos millones de barriles”, se jactaba.
Claro que eso fue antes de los terremotos. Pero su lógica no parece haber cambiado.