Tener entre 18 y 27 años. Medir al menos 1,60 cm. Ser soltera.

Eran los requisitos básicos para entrar a trabajar como operadora telefónica al número 28 de la Gran Vía en Madrid, el rascacielos estilo neoyorquino más alto de la ciudad y del continente.

Por supuesto que hoy esas exigencias casi horrorizan. Pero entonces eran parte de una revolución en ciernes. La modernidad que asomaba. La tímida incorporación de la mujer al mercado laboral.

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Claro que había que superar otros filtros. Un dictado, operaciones matemáticas, leer un texto por teléfono y, la más curiosa, una prueba de longitud de brazos. La empresa debía asegurarse de que la futura operadora conseguía, extendiendo los brazos, tocar a la vez dos interruptores situados a una determinada distancia el uno del otro.

En la primera sede de Telefónica, entonces la Compañía Telefónica Nacional de España, en los momentos de más tráfico, llegaban a coincidir hasta 150 señoritas conectando llamadas en un mismo turno.

Operadoras en la sede de Telefónica de Gran Vía.

Eran "las chicas del cable", tal como muestra la famosa serie española de Netflix. Para una mujer, ser telefonista era un ascenso social.

Toda esta historia está condensada en ese magnífico edificio de estilo neobarroco, 90 metros de altura y 13 plantas que es el que Telefónica finalmente acaba de vender por 200 millones de euros al empresario inmobiliario Tomás Olivo, dueño de General de Galerías Comerciales (GGC), después de haber alcanzado ya un acuerdo en mayo.

El comprador: el rey de los centros comerciales

Olivo creó su imperio inmobiliario de la nada y es actualmente la sexta persona más rica de España, con un patrimonio de 4.600 millones de euros, según Forbes. Su fortuna crece rápidamente. En el ranking del año anterior estaba duodécimo puesto, con 2.700 millones de euros.

Su primer centro comercial fue La Cañada de Marbella, inaugurado en 1997 y es hoy uno de los complejos de tiendas más rentables en España, al igual que el Nevada Shopping de Granada. Actualmente gestiona 11 centros a través de GGC, que tuvo un beneficio de 170,4 millones de euros el año pasado.

Entre sus proyectos comerciales se encuentra Infinity, que será el complejo más grande de Valencia. Igualmente está construyendo otros en el barrio madrileño de Valdebebas y va por la tercera ampliación de La Cañada de Marbella.

Imagen actual del edificio de Telefónica.

En cuanto al destino que dará al edificio que acaba de adquirir, Olivo firmó con Telefónica un contrato de alquiler durante al menos los próximos tres años. Así que tanto el Espacio Movistar (con su tienda, zona gaming y cafetería) y el Espacio Fundación Telefónica seguirán funcionando allí por ahora sin cambios.

Claro que por su ubicación en el corazón comercial más transitado de Madrid, el edificio tiene un enorme potencial. Pero el Ayuntamiento de Madrid tiene otros planes.

El suelo se considera "infraestructura privada” y de “uso dotacional”, lo que implica que sólo puede destinarse a servicios públicos o de interés comunitario. Conseguir una recalificación urbanística sería muy difícil.

Por otro lado, la protección del patrimonio histórico impone muchas restricciones. No se puede alterar su estructura metálica original, sus fachadas ni ciertos elementos del interior.

El vendedor: una multinacional en plan de ajuste

La multinacional presidida por Marc Murtra estableció un plan estratégico basado en una política agresiva de ahorro de costos, reducción de deuda y optimización extrema de activos antes de lanzarse a una nueva etapa de crecimiento.

La venta del histórico edificio de Gran Vía responde precisamente a esta lógica ya que este tipo de inmuebles se consideran activos "no estratégicos" que deben monetizarse para sanear el balance financiero.

Telefónica, bajo la gestión de Marc Murtra, busca desprenderse de activos no estratégicos y monetizarlos para sanear el balance. El edificio que acaba de vender entra dentro de esa lógica. Telefónica, bajo la gestión de Marc Murtra, busca desprenderse de activos no estratégicos y monetizarlos para sanear el balance. El edificio que acaba de vender entra dentro de esa lógica.

En esta misma línea, Telefónica salió del capital de BBVA -donde permaneció durante 25 años- por 608 millones de euros. Hizo un recorte de personal de 4.700 empleados y también rebajó a la mitad el dividendo.

Por otro lado, se desprendió de los negocios en gran parte de Latinoamérica con una desinversión de más de 4.000 millones de euros para centrarse en los mercados estratégicos de España, Alemania, Reino Unido y Brasil.

El inmueble: una joya arquitectónica de Madrid

La primera sede de Telefónica se construyó entre 1926 y 1929 y fue el edificio más alto del país hasta que lo desbancó el Edificio España en 1953.

Lo encargó el entonces accionista de la operadora, la estadounidense ITT, quien encomendó el proyecto al arquitecto Ignacio Cárdenas. Desde allí partía el primer cableado telefónico de toda la ciudad.

En 2006, el grupo se trasladó a su nuevo campus Distrito Telefónica, de 200.000 metros cuadrados, ubicado en el periférico barrio de Las Tablas.

El edificio, aún en construcción, a fines de los años veinte.

El edificio es un sobreviviente más de la Guerra Civil española. Al comenzar el asedio de Madrid, la Telefónica fue objetivo prioritario, tanto por su altura como por su cercanía a la línea del frente y por tratarse del centro de comunicaciones más importante del país.

Sus sótanos fueron usados como refugio frente a los bombardeos y el edificio recibió la descarga de numerosas bombas y obuses.

Desde allí se realizaban además las conexiones internacionales y los corresponsales extranjeros enviaban sus artículos. Fue desde ese edificio que transmitieron sus crónicas al mundo escritores como John Dos Passos, Ernest Hemingway y Antoine De Saint-Exupéry.

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