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La recta final del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur vuelve a encender las alarmas en el campo español. Mientras Bruselas trabaja para cerrar la ratificación política antes de fin de año, el sector agroalimentario se prepara para un escenario de competencia ampliada en un mercado de 275 millones de consumidores nuevos, en un pacto que promete oportunidades, pero también tensiones.

La inquietud se concentra en los rubros más sensibles a la importación —cárnicos, lácteos y azúcar—, donde los productores europeos temen un choque directo con gigantes agrícolas como Brasil y Argentina. Y aunque la UE anunció un fondo compensatorio de 1.000 millones de euros para mitigar impactos, no estará operativo hasta, al menos, 2028.

El agro español: del temor a la necesidad de “vestirse de premium”

Según un informe de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), la única forma de capitalizar el acuerdo será reforzar el posicionamiento en productos con alto valor añadido: artículos gourmet, bebidas innovadoras, vinos con Denominación de Origen y alimentos premium para mascotas.

La recomendación es clara: competir por precio frente al poderío agroindustrial brasileño o argentino es terreno perdido; hacerlo por diferenciación y calidad, una oportunidad real.

En paralelo, la preocupación de los ganaderos por la entrada de cupos de carne bovina sudamericana contrasta con el optimismo moderado de sectores como el del vino o los destilados, que serán de los primeros en ver reducciones arancelarias significativas.

Un mapa de competencia y oportunidades, país por país

FIAB traza un perfil de dónde España puede ganar terreno:

La protección de 357 indicaciones geográficas europeas —59 españolas— permitirá blindar productos icónicos frente a imitaciones, un punto clave para preservar el valor del “sello España”.

Sectores que sentirán la presión

FIAB clasifica los sectores según sensibilidad al ingreso de productos sudamericanos. Los más expuestos:

En el lado opuesto, bebidas y productos sin riesgo local serán los grandes beneficiados: destilados, vinos, cervezas, aguas funcionales y preparados de frutas tendrán liberalización rápida.

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Vacas pastando en campos de Galicia

España, con déficit comercial estructural frente a Mercosur

El acuerdo llega en un momento en que la balanza agroalimentaria con Mercosur muestra una asimetría pronunciada. España exporta apenas el 0,6% de sus ventas agroalimentarias a la región (463 millones de euros), mientras que importa un 7,4% (4.118 millones). El déficit asciende a 3.655 millones y creció un 0,6% el último año.

Las compras se concentran en tortas y habas de soja, café, crustáceos y maíz, insumos clave para la alimentación animal y la industria transformadora. En contraste, España exporta principalmente aceites y grasas, bebidas alcohólicas y productos de valor añadido.

Maquinaria, química y farmacia también salen a escena

El impacto del acuerdo no será solo agroalimentario. Sectores industriales como maquinaria, química, farmacia y automoción, hoy entre los más dinámicos hacia Mercosur, se preparan para competir sin aranceles que actualmente oscilan entre el 14% y el 35%.

Las empresas españolas confían en que la reducción de barreras permita consolidar su presencia en Brasil, el mayor mercado del bloque.

Un pacto con doble lectura

Para España, el acuerdo UE–Mercosur es al mismo tiempo una palanca de crecimiento y un reto regulatorio. Las grandes empresas y la industria alimentaria ven oportunidades claras; el campo, especialmente el ganadero, anticipa tensiones y demanda garantías.

La única certeza es que el acuerdo exigirá al agro español dar un salto cualitativo: del modelo de volumen al de valor añadido. Competir en Sudamérica será difícil; seducirla con productos premium, quizá más sencillo.

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