Especial de Media Oriente
Tras meses de boicots, protestas por la participación de Israel, la retirada de cinco países del certamen y modificaciones en el reglamento del Festival de la Canción de Eurovisión, esta semana se celebró en Viena la primera semifinal, en un clima de alta tensión política y bajo un fuerte operativo de seguridad.
Israel, junto a otros nueve países, logró la clasificación a la final —prevista para este sábado— y continúa en el centro de la controversia social y mediática que atraviesa esta 70ª edición del certamen.
Desde 2024, en el contexto de la guerra desatada tras el ataque del 7 de octubre de 2023 por parte del grupo terrorista Hamás y la posterior ofensiva en Gaza, Israel ha dejado de ser un participante más del Festival para convertirse en el epicentro del debate y eje de máxima tensión en Europa.
Sus últimos representantes -Eden Golan (2024), Yuval Raphael (2025) y ahora Noam Bettan (2026)- han competido bajo un dispositivo de seguridad reforzado en medio de un clima de amenazas y alta exposición pública.
En ese escenario, el propio certamen ha introducido ajustes en su reglamento y en las normas de exhibición de símbolos, en un intento por contener la creciente carga política del evento.
Sin embargo, esas medidas no han alcanzado para desactivar la controversia, que se traslada ahora al espacio público de la ciudad anfitriona.
En este contexto, y con el antecedente del intento de atentado contra los conciertos de Taylor Swift en Viena en 2024, la ciudad desplegó uno de los operativos de seguridad más amplios de los últimos años.
La Wiener Stadthalle, sede del certamen, contó con un dispositivo reforzado que movilizó a más de 500 agentes y personal de seguridad. Hubo controles exhaustivos del equipamiento técnico, presencia de unidades caninas, agentes de civil entre el público y sistemas antidrones en el entorno del recinto.
Si bien ya se registraron movilizaciones propalestinas en el centro de Viena, con decenas de participantes, se prevé que las protestas alcancen mayor afluencia este viernes -en el marco del ‘Día de la Nakba’- y el sábado, sobre todo por la presencia de Israel en la final del Festival.
En la noche del martes, durante la primera semifinal -en la que participó Israel-, tres personas fueron expulsadas del Wiener Stadthalle por generar disturbios dentro del recinto. Uno de los asistentes llevaba pintadas en el cuerpo con la consigna “Free Palestine”.
“Vimos a la policía sacando a tres personas a rastras, pero fue durante la actuación de Polonia, mucho después de la de Israel. Sin embargo, se oyó a un chico gritar algo sobre un genocidio durante el primer minuto de la actuación de Noam. Al público no le gustó nada, todos parecían muy molestos”, relató Filip, un abogado austríaco que asiste al festival desde hace 12 años y que recorrió Viena con una bandera de Israel pintada en el rostro.
Foto Filip con más asistentes
Un dato polémico respecto de las banderas comercializadas por Eurovisión -las únicas autorizadas para su ingreso al recinto debido a su certificación ignífuga- es que, además de las banderas de los países participantes, también se incluye la de Palestina en el catálogo de venta.
“Las medidas de seguridad fueron de una magnitud que nunca había visto aquí, pero la idea de vender banderas palestinas en el evento es bastante extraña. Solo vi una bandera palestina en el público y no escuché abucheos”, afirma Ivo Hertzl, un joven austríaco que acudió al festival con una bandera combinada de Austria e Israel, un gesto que, según relata, generó “muchos comentarios positivos sobre mostrarlas juntas”.
En Viena, como en otras ciudades europeas, los símbolos vinculados a Israel se han convertido en elementos de alta sensibilidad y vigilancia. En ese contexto, los llamados “Eurocafés”, restaurantes que durante el festival representan a cada país participante, tampoco han quedado al margen.
La excepción llegó con Lisa Wegenstein, propietaria de la MQ Kantine, quien decidió convertir su local en el punto de referencia para la delegación israelí.
Se trata del único Eurocafé que cuenta con presencia permanente de dos agentes de seguridad en la entrada. La propia Wegenstein confirmó que durante la jornada del martes se registró un incidente de vandalismo, con pintadas en uno de los baños del establecimiento.
En una ciudad que durante estos días oscila entre el festival, el turismo eurofan y un fuerte dispositivo de seguridad, Eurovisión vuelve a evidenciar que su escenario ya no es únicamente cultural.
En Viena, la política, la seguridad y el espectáculo conviven sin fronteras claras, y el certamen funciona —una vez más— como espejo de las tensiones europeas contemporáneas.