La antesala de la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que se celebra este martes y miércoles en Ankara (Turquía), arranca marcada por un clima de hostilidad sin precedentes. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dinamitado los puentes diplomáticos en las últimas horas a golpe de publicación en sus redes sociales, dejando claro su "decepción" con los aliados europeos, a quienes exige una mayor "lealtad".
La Administración estadounidense ya ha advertido de que la cita será de una enorme tirantez, hasta el punto de que el mandatario norteamericano ha asegurado que solo viaja a la capital turca por "respeto" al presidente anfitrión, Recep Tayyip Erdogan.
El último choque entre Donald Trump y Giorgia Meloni en Truth Social
La hostilidad de Trump ha encontrado su principal foco en la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. En la noche del domingo, el magnate publicó en su red social, Truth Social, una fotografía de la cumbre del G7 celebrada el pasado mes de junio en Évian-les-Bains (Francia). En la imagen se observa a Meloni mirándolo, acompañada por un provocador mensaje del neoyorquino: "Necesitamos una orden de alejamiento". Con este comentario, que hace alusión a la medida cautelar que se aplica a los acosadores, el presidente de EE. UU. se burla abiertamente de la mandataria italiana de cara a la cita de Ankara.
Este episodio supone un nuevo mínimo en unas relaciones bilaterales que se han ido deteriorando de forma acelerada. Tras la cita del G7 en Francia, donde inicialmente pareció escenificarse un relanzamiento de la amistad entre ambos tras ser fotografiados charlando en un sillón, Trump rompió los moldes en una llamada a un periodista del canal de televisión italiano La 7. En ella, afirmó que Meloni le había "pedido una y otra vez hacerse una foto" y que él finalmente accedió "por pena".
La jefa del Ejecutivo italiano no tardó en calificar aquellas declaraciones de "inventadas" y "atónitas", remarcando que ni ella ni Italia "suplicarán nunca". Ante esto, Trump replicó atacando la política exterior de Roma y su gestión interna: "Su popularidad en Italia está por los suelos, posiblemente porque le dio la espalda a Estados Unidos (...) al negarse a impedir que Irán obtuviera o desarrollara un arma nuclear". Meloni zanjó el debate en su cuenta de Instagram con un rotundo escrito en inglés: "Mi popularidad no es asunto tuyo, sugiero que te centres en la tuya. Ser tu amiga no la ha ayudado en absoluto".
La estrategia de Italia: silencio diplomático ante "un ataque personal"
Pese a la gravedad del último comentario de Trump solicitando la "orden de alejamiento", el Palacio Chigi ha optado esta vez por la contención para no inflamar más la víspera del encuentro multilateral. Según han confirmado fuentes gubernamentales, esta vez no habrá ninguna respuesta oficial por parte de Italia.
Según detalla el diario Corriere della Sera, Meloni y su ministro de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, mantuvieron una reunión de urgencia tras la publicación del post para trazar una estrategia común. El plan acordado consiste en ignorar por completo lo que en el seno del Ejecutivo transalpino se califica como "un ataque personal, inmotivado y carente de contexto". Este silencio estratégico llega después de semanas en las que Italia había intentado reconducir las aguas hacia la normalidad democrática, un esfuerzo visible con la asistencia de varios de sus ministros a la recepción oficial del Día de la Independencia en la embajada estadounidense en Roma.
España, en el punto de mira de Washington por las bases y el gasto militar
Italia no es el único país europeo en la diana de la Casa Blanca. Los reproches de Trump se extienden a los socios que no respaldaron activamente su campaña de presión contra Irán —una operación que queda formalmente fuera de las competencias de la Alianza Atlántica—, afectando de manera directa al canciller alemán, Friedrich Merz, y al presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España.
La tensión con Moncloa ha sido verbalizada de forma directa por el embajador de EE. UU. ante la OTAN, Matthew Whitaker. El diplomático estadounidense afeó explícitamente a España la pasada semana "tanto las cuestiones relacionadas con el acceso a las bases y los sobrevuelos que vimos durante la operación Epic Fury, como su falta de voluntad para demostrar una senda creíble y seria hacia el objetivo del 5% del PIB en Defensa".
Por el momento, Pedro Sánchez ha optado por mantener silencio ante estas declaraciones. No obstante, en los círculos políticos es conocido que el Ejecutivo central considera que la confrontación dialéctica con los postulados de Trump ofrece réditos políticos internos. El Gobierno de España evita que el país incremente su gasto militar por encima del 2,1% actual y mantiene restricciones para que EE. UU. utilice las bases de utilización conjunta de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) de forma directa en acciones bélicas ligadas a este conflicto. Tras los momentos de fricción vividos el año pasado en la cumbre de La Haya, los analistas no descartan nuevos desencuentros cara a cara en Ankara.
Los malabarismos de Mark Rutte ante la exigencia del 5% del PIB en Defensa
En el centro de este huracán diplomático se encuentra el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien afronta su examen más difícil en Turquía. El ex primer ministro de Países Bajos asume la tarea de realizar auténticos malabarismos políticos: calmar las exigencias de Donald Trump sin que ello suponga una humillación pública para los líderes europeos.
Mark, Rutte, secretario general de la OTAN
La mayor obsesión de Rutte es diluir definitivamente el temor a una hipotética salida de Estados Unidos de la estructura de la Alianza. Por ello, el secretario general se ha volcado en la estrategia de la adulación presupuestaria. El mes pasado, Rutte presentó en la Casa Blanca un informe denominado The Trump Trillion (El billón de Trump), un documento que recopila toda la inversión militar acumulada por los socios europeos y Canadá desde el año 2017, coincidiendo con el inicio del primer mandato del magnate.
Pese a que Trump no se mostró especialmente impresionado por las cifras, Rutte insistirá en Ankara en la necesidad de aproximarse a la meta del 5% del PIB. Una presión que choca de frente con la realidad de los Veintisiete: el bloque europeo acude con la confianza expresada por líderes como el alemán Friedrich Merz ("Vosotros dependéis de nosotros. Nosotros dependemos de vosotros", defendió el canciller), pero arrastra el problema estructural de una industria militar europea incapaz de rearmarse al ritmo que se requiere, lo que perpetúa la dependencia tecnológica y operativa respecto a Washington.