Un incendio de una violencia inusual sacudió este miércoles al distrito de Tai Po, en el norte de Hong Kong, donde un complejo residencial de 2.000 viviendas quedó envuelto en llamas que avanzaron con una velocidad pocas veces vista.
Al menos cuatro personas murieron —entre ellas un bombero— y ocho resultaron heridas, mientras varias más permanecen atrapadas en el interior de los edificios afectados, según informaron las autoridades locales.
El fuego, declarado en el Tribunal Wang Fuk, fue escalado en cuestión de minutos a nivel 4 en una escala que va del 1 al 5. La rapidez con la que se propagó tuvo un protagonista inesperado pero familiar en esta ciudad: los andamios de bambú, una tradición centenaria que sigue dominando las obras de construcción en Hong Kong y que, esta vez, actuó como un acelerante involuntario.
Incendio Hong Kong
El bambú, símbolo cultural convertido en vector del desastre
Los testigos describieron cómo las llamas treparon por las estructuras externas como si hubieran encontrado una escalera natural. Los videos difundidos en redes sociales muestran el derrumbe de grandes tramos del entramado, envueltos en fuego y desprendiendo densas columnas de humo que oscurecieron gran parte del vecindario.
En una ciudad donde el bambú es apreciado por su flexibilidad, bajo costo y ligereza, los expertos llevan años advirtiendo sobre su vulnerabilidad ante incendios de gran magnitud.
En esta ocasión, el entramado que rodeaba varios bloques del complejo funcionó como un corredor vertical, favoreciendo la expansión del fuego a lo largo de tres edificios.
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Rescate a contrarreloj
Mientras los equipos de bomberos intentaban contener las llamas, la Policía confirmó que varias personas continuaban atrapadas en los pisos medios y altos. Las autoridades cerraron numerosas carreteras en torno al complejo, mientras ambulancias y unidades especializadas se abrieron paso entre la humareda.
El gobierno local informó que siete personas fueron trasladadas a hospitales cercanos: cuatro llegaron sin vida, dos permanecen en estado crítico y una está estable. Los servicios de emergencia, exhaustos tras horas de trabajo, continuaban las labores de búsqueda avanzada entrada la tarde.
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Una escena de devastación
Desde las primeras horas del día, Tai Po quedó envuelto en un tono grisáceo. Las imágenes captadas desde distintos puntos de la ciudad mostraban una columna de humo elevándose como una señal de alarma visible desde kilómetros. Residentes, muchos aún en pijama, fueron evacuados a pie entre gritos, sirenas y el estruendo de las piezas de bambú desplomándose.
El incidente vuelve a abrir el debate sobre la seguridad en la construcción urbana de Hong Kong, donde la convivencia entre tradición y modernidad deja grietas que emergen con especial crudeza en situaciones extremas.
Por ahora, el fuego ya fue puesto bajo control, pero el impacto —humano, material y simbólico— apenas comienza a medirse.