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Uno de los deportes preferidos de algunos analistas políticos españoles y argentinos (pero sobre todo de los argentinos) es comparar al presidente de España, el socialista Pedro Sánchez, con el ministro de Economía y candidato a presidente en Argentina, el peronista Sergio Massa. Tienen casi la misma edad, la misma cantidad de hijos, atraviesan situaciones muy complicadas en el poder e intentan salir de ellas apelando a la audacia extrema. 

Y cuando se habla de audacia, en referencia a Pedro Sánchez y a Sergio Massa, se piensa en la clase de audacia que consiste en arrojarse al abismo para tratar de salir indemnes de esos laberintos donde acosan los problemas políticos y económicos.

Desde que Pedro Sánchez logró evitar una derrota contundente en las elecciones generales del 23 de julio en España, muchos dirigentes peronistas se lanzaron con singular optimismo a comparar su situación con la de Sergio Massa, aparentemente crucificado por el descontrol del dólar en la Argentina y el impacto de una inflación anual de tres dígitos.

Es una espada que ya habría sepultado las aspiraciones de cualquier candidato a presidente en países que no fueran la adolescente Argentina.

Sánchez había recibido una derrota memorable en las elecciones regionales del 28 de mayo, y todo indicaba que sus días en el Palacio de La Moncloa estaban contados. Pero el socialista apareció diez horas después del velorio a anunciar que las elecciones generales se celebrarían el 23 de julio, en pleno verano español y cuando millones de votantes estuvieran de vacaciones.

La jugada no le salió nada mal. Apenas Sánchez terminó su audiencia con el Rey Felipe VI y anunció la fecha veraniega de las elecciones, la sociedad dejó de hablar del triunfo del Partido Popular para enfocarse en los comicios y maldecir porque tendría que votar por correo o suspender un día el descanso en la playa.

Sánchez también bloqueó cualquier discusión sobre su pésima performance electoral y frenó los intentos de reemplazarlo como candidato a la reelección presidencial. En apenas cincuenta días, a los aliados del PSOE en el gobierno no les quedó otra que abrazarlo e inmolarse con la estrategia de remontada de Pedro.

La caída de Vox el 23 de julio dejó al Partido Popular, y a su candidato Alberto Núñez Feijóo, casi sin chances de acceder al gobierno. Y Sánchez podría continuar algunos años en La Moncloa si logra que los pequeños partidos regionales y los separatistas catalanes le ofrenden sus votos. Es la única salida a tener que repetir las elecciones, y es muy posible que suceda.

En una semana, Sergio Massa pasará por las brasas electorales que ya atravesó Pedro Sánchez. Su plan, al asumir hace un año el caliente ministerio de Economía argentino, era mejorar un poco las cifras económicas y mostrar ese escenario como la promesa de que vendrían vientos mejores si los argentinos lo votaban.

Durante la última semana, el espejo le mostró a Massa la peor de las imágenes. El dólar, ese oráculo monetario que lleva medio siglo anunciando las peores tragedias de los argentinos, se disparó hasta casi los 600 pesos (Massa había asumido con menos de 300 pesos), con lo que la inflación trepará todavía más del sibilante 115% anual con el que cerró el mes de junio.

El impacto le sumó dos millones de pobres al país de la soja, el trigo y el maíz, y los niños en situación de pobreza llegan al porcentaje escalofriante del 60%. Semejantes números dejarían postrado en su casa a cualquier candidato presidencial en otro lugar del planeta, pero Massa sigue adelante sin bajar jamás la velocidad y las encuestas lo siguen augurando competitivo.

De todos modos, y aunque las semejanzas entre Sánchez y Massa pasen por la audacia extrema en el ejercicio cotidiano del poder, las diferencias se parecen mucho a las diferencias actuales entre España y la Argentina. Atraviesan situaciones económicas y financieras incomparables, y la enorme distancia entre uno y otro país no se reduce cuando se pasa al terreno de la economía real.

Son demasiadas las diferencias en cuanto a la calidad de vida que tienen españoles y argentinos. Que hace cuarenta años, cuando los dos países iniciaban la transición de dictaduras a democracias, los escenarios económicos fueran inversos a los actuales, refleja la decadencia en la que la Argentina se precipitó sin remedio.

Las que siguen a continuación son algunas de las semejanzas y diferencias entre Pedro Sánchez y Sergio Massa. Hay muchas más seguramente, pero estas cinco son suficientes para trazar un mapa de los caminos divergentes que España y la Argentina han transitado desde que retomaron el color de las libertades.

 

1.- Pedro Sánchez tiene 51 años. Nació el 29 de febrero de 1972 en Tetuán, un barrio de clase media trabajadora del norte de  Madrid. Está casado, tiene dos hijas y se dedica a la política desde muy joven. Sergio Massa tiene la misma edad. Nació el 28 de abril de 1972 en San Martín, un distrito de clase media trabajadora del norte de la provincia de Buenos Aires. Esta casado, tiene dos hijos y se dedica a la política desde muy joven.

2.- Pedro Sánchez estudió en la Universidad Complutense. Obtuvo un doctorado de Economía y Empresas en la Universidad Camilo José Cela y un Master en Política Económica de la Unión Europea en la Universidad de Bruselas. Habla perfecto inglés y eso le ha servido para entablar excelentes vínculos con los principales dirigentes de la UE. Sergio Massa estudió en el Instituto Agustiniano de San Martín, y cursó la carrera de Derecho en la Universidad de Belgrano. Interrumpió sus estudios por la política y los retomó para recibirse de abogado en 2013, cuando fue candidato a diputado por el Frente Renovador.

3.- Sánchez militó desde joven en las filas del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), y llegó al poder tras una moción de censura al dirigente popular Mariano Rajoy, que le allanó el camino a la presidencia. Desde entonces, se mantiene al frente de una coalición que incluye a la extrema izquierda de Podemos y Sumar más los partidos independentistas de Cataluña y EH Bildu, el sector nacionalista vasco que reivindica al grupo terrorista ETA. 

Sergio Massa tuvo de joven un fugaz paso por el partido de derecha Ucedé, para sumarse luego al peronismo. Participó en el gobierno de Carlos Menem, trabajó en las campañas de Ramón “Palito” Ortega y Eduardo Duhalde, y fue funcionario con Néstor y Cristina Kirchner, a quien terminó enfrentando (y venciendo) en las elecciones legislativas de 2013. En 2019 volvió a hacer alianza con el kirchnerismo, fue elegido presidente de la Cámara de Diputados y aceptó el ministerio de Economía en este tramo de la gestión de Alberto Fernández. Es precandidato a presidente.

4.- Pedro Sánchez tiene buenas relaciones con los sindicatos y con algunos sectores empresarios. Los grandes ejecutivos españoles rechazan las medidas de gobierno más populistas, la enorme presión impositiva y sus vínculos con los partidos regionales que rechazan la nacionalidad española. Tras la invasión de Rusia a Ucrania, Sánchez respaldó desde el comienzo al gobierno ucraniano, desarrolló una buena relación con Volodimir Zelenski y visitó Kiev en tres oportunidades.

Pese a su alianza con Cristina Kirchner, Sergio Massa ha desarrollado un vínculo próximo con algunos empresarios importantes, y lo mismo ha hecho con funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. También mantiene un buen diálogo con ejecutivos importantes del FMI, aunque esos nexos no le han servido para lograr condiciones más ventajosas en las recientes negociaciones de la deuda argentina. Esta semana, debió acudir a un extraño préstamo de Qatar para saldar un vencimiento con el FMI.

5.- Con el gobierno de Pedro Sánchez, España logró la inflación más baja de la Unión Europea. En junio, el índice anual se ubicó en el 2,3%. La proyección del Producto Interno Bruto (PIB) es de un crecimiento del 2,5% para 2024 y la economía española acaba de superar los 21 millones de empleos, la cifra más alta de su historia. De todos modos, el sueldo promedio de los españoles es todavía más bajo que el de los alemanes, franceses e italianos.

Durante la gestión de Sergio Massa como ministro de Economía, la inflación anual se proyecta en el 115%, con una suba de precios del 6% en junio. La inflación de julio, seguramente más alta, se anunciará el 15 de agosto, dos días después de las primarias del 13 de agosto. La pobreza supera el 39% siempre que se contabilicen los planes sociales de emergencia. De otro modo, superaría el 50% de los argentinos. Para los niños de hasta 14 años, la pobreza llega al 54% según el Gobierno y al 60% de acuerdo a las mediciones de la Universidad Católica Argentina.

El sueldo promedio de los argentinos, medido en dólares, está entre los más bajos de Sudamérica.

Una situación inédita para un país que supo tener una de las economías más prósperas del continente y que en 1947 llegó a enviar a España cargamentos de trigo para ayudarla a enfrentar el rigor económico de posguerra.

 

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