Una investigación sobre los roedores en Madrid ha puesto al descubierto un fenómeno de adaptación biológica en el subsuelo de la capital. El estudio revela que las ratas pardas de la ciudad han desarrollado mutaciones en su ADN que les permite sobrevivir a los anticoagulantes, los químicos más utilizados para el control de plagas urbanas.
Este hallazgo no es uniforme en toda la ciudad, ya que el análisis de muestras fecales en 17 barrios muestra una geografía de la resistencia muy marcada. Las variantes genéticas que se encuentran en el centro de la ciudad son ejemplares con "doble mutación", lo que sugiere que la presión del entorno urbano está acelerando la evolución de estos roedores.
Un mapa de resistencia dividido por los barrios de Madrid
La distribución de estas ratas resistentes dibuja una división genética sorprendente dentro de Madrid. En el barrio de El Viso, la frecuencia de una de las mutaciones alcanza el 50%, mientras que en la zona de Sol, cuatro de cada diez ejemplares analizados presentan una doble alteración genética que los hace mucho más difíciles de eliminar. A nivel de distritos, el Centro lidera la prevalencia, seguido muy de cerca por Chamartín y Arganzuela.
Los investigadores sugieren que cada zona de la capital actúa como un escenario distinto de "presión selectiva". Esto significa que las ratas evolucionan de forma diferente según las condiciones de su entorno y la intensidad con la que se han aplicado venenos en el pasado. Las áreas con mayor acumulación de residuos parecen coincidir con una mayor presencia de estas mutaciones, lo que convierte al centro en un refugio ideal para los individuos más fuertes de esta especie.
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Sobreviven a los anticoagulantes, el veneno de ratas más conocido y utilizado.
El fin de los métodos tradicionales y el futuro del control
El uso continuado de raticidas ha provocado un efecto rebote, ya que al eliminar solamente a las ratas débiles, se ha favorecido que los ejemplares resistentes sobrevivan y transmitan sus genes a las siguientes generaciones. Este proceso de selección química está dejando obsoletos los compuestos tradicionales, ya que las proteínas de los roedores han cambiado su sensibilidad y ya no reaccionan ante los químicos habituales de la misma manera.
Ante este panorama, los expertos advierten de la necesidad de un cambio de paradigma en la gestión de plagas. El sistema de alcantarillado se está utilizando ahora como una herramienta de vigilancia biológica para planificar estrategias más eficaces. El objetivo es alejarse de la dependencia de los anticoagulantes y apostar por soluciones sostenibles que incluyan una mejor gestión de los residuos y medidas preventivas que limiten la expansión de estas poblaciones adaptadas.