Vandalismo en el Templo de Debod: el monumento egipcio de Madrid sufrió arañazos y pintadas
El templo sufre inscripciones y arañazos en sus portales tras el vaciado del estanque perimetral, mientras el Ayuntamiento descarta cubrir la estructura.
El Templo de Debod, una joya de más de 2.000 años situada en el Parque del Oeste, presenta actualmente daños visibles por actos vandálicos en su estructura. Inscripciones y arañazos sobre sus piedras milenarias denuncian el comportamiento de algunos visitantes en uno de los puntos más icónicos y fotografiados de la capital española.
La aparición de símbolos, nombres y escrituras ajenos al origen egipcio se concentra especialmente en la cara interior de los portales. Estas pintadas se suman a la amenaza del deterioro natural, como la contaminación, el tránsito constante de turistas y la exposición directa a los factores climáticos.
A pesar de los daños, el Ayuntamiento de Madrid mantiene su postura de no cubrir el monumento. Según la delegada de Cultura, Marta Rivera de la Cruz, los estudios de conservación indican condiciones razonables, por lo que se opta por realizar análisis periódicos en lugar de alterar su integración en el espacio urbanístico de Madrid.
El agua como barrera de seguridad necesaria
La ausencia actual de la lámina de agua ha eliminado la barrera física que protegía el recinto. Durante las últimas semanas, se registraron intentos de acceso al interior del templo por parte de turistas que tuvieron que ser frenados por el personal de seguridad.
Actualmente, el Ayuntamiento trabaja en un proyecto para recuperar el estanque "más pronto que tarde", tras los problemas de filtraciones que obligaron a su vaciado. La recuperación del agua funcionaría como una barrera para proteger los arcos ptolemaicos del público general, además de devolverle la estética original al monumento.
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La lámina de agua ya no se encuentra alrededor del templo, por lo que mucha gente intenta acceder.
Un tesoro de Egipto en pleno Madrid
El templo tiene sus raíces entre los años 195 y 185 antes de Cristo, y era una pequeña capilla en la ciudad de Nubia dedicada a Amón e Isis. Su estructura fue ampliada por faraones y emperadores romanos como Augusto, quienes decoraron sus muros con relieves y ofrendas que hoy corren peligro debido al vandalismo.
Su llegada a Madrid se produjo en 1968 como un gesto de agradecimiento de Egipto por la ayuda española en el rescate del templo de Abu Simbel. Hoy, este monumento de gestión municipal y acceso gratuito lucha por preservar su legado histórico frente a los desafíos de su ubicación urbana.