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Lo que comenzó como una imagen conmovedora en un zoológico de Ichikawa, Japón, se ha transformado en un fenómeno global. Punch, un monito japonés de siete meses que se aferra a un peluche de IKEA tras ser rechazado por su madre, no solo ha duplicado las visitas al recinto nipón, sino que ha abierto un intenso debate sobre el uso de animales en el marketing digital y las condiciones de su cautiverio.

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El refugio de felpa: una madre de "ojos saltones"

Tras nacer en julio de 2025 y ser rechazado por su progenitora -posiblemente debido al calor extremo y la inexperiencia de esta-, Punch encontró consuelo en un objeto inanimado.

Los cuidadores, tras probar con toallas, optaron por un orangután de peluche naranja. Según Takashi Yasunaga, portavoz del zoo, este juguete sirve como un "punto de apoyo" esencial para que el primate desarrolle seguridad.

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Sin embargo, lo que para el público es una escena adorable, para los expertos es la señal de un vacío emocional profundo. Aunque el zoo afirma que Punch se está integrando con los otros 56 ejemplares de la manada, los videos de X (Twitter) que muestran al pequeño siendo "intimidado" por adultos han encendido las alarmas.

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La respuesta de las marcas: ¿empatía o newsjacking?

El fenómeno no pasó desapercibido para los departamentos de marketing. Marcas como IKEA, Ryanair, JetSMART y Netflix se apresuraron a utilizar la imagen de Punch para generar engagement.

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Este uso de la figura de Punch ha sido altamente efectivo: el tweet oficial del zoológico ya supera los 4 millones de visualizaciones y el hashtag #AnimoPunch es tendencia constante. Pero, ¿a qué precio?

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La contraparte: PETA y la demanda de un santuario

Este martes, la organización PETA Asia lanzó una dura crítica que cambia la narrativa del contenido. Para Jason Baker, presidente de la oenegé, la fama de Punch es un "círculo vicioso" donde los zoológicos utilizan crías para impulsar la venta de entradas.

"Lo que algunos llaman adorable es en realidad un vistazo al trauma de un primate joven que lidia con el aislamiento y la pérdida", sentenció Baker.

PETA ha demandado formalmente el traslado de Punch a un santuario, comparando su caso con el de la hipopótama Moo Deng, argumentando que un "pozo de cemento" nunca podrá sustituir el hábitat natural, por mucho que se le provea de juguetes de marca.

Un proceso de socialización bajo la lupa

El zoológico de Ichikawa se defiende alegando que los incidentes de violencia captados en video son parte de un "proceso normal de socialización". Según el centro, Punch está aprendiendo a ser un mono: recibe acicalamiento, molesta a otros y es reprendido, tal como sucedería en la naturaleza.

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Mientras tanto, la afluencia de público no cesa. El pasado fin de semana, 8.000 personas -el doble de lo habitual- acudieron al recinto para ver al pequeño que, por ahora, sigue prefiriendo los brazos de felpa a los de su propia especie.

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Punch marcas protección de animales

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