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En Carrascosa de la Sierra (Cuenca), es uno de los pueblos que se cuentan entre la España vaciada, durante el año, solo 70 personas habitan sus tierras, sin embargo, el verano llega a acumular unos 400 turistas, y hay una razón.

No son las fiestas, ni los conciertos, ni las procesiones, el verdadero espectáculo es otro, un sorprendente certamen, casi olímpico del lanzamiento de jamones.

Sí, hablamos del Campeonato de Lanzamiento de Pernil, una tradición que empezó hace casi 30 años como una broma entre amigos de bar y que este agosto ha dado la vuelta al mundo gracias a TikTok.

El vídeo que lo cambió todo

La protagonista del fenómeno viral es Talía Benedicto, una joven zaragozana de 24 años con raíces en el pueblo. Subió el vídeo a la red “por la broma” y cuando se levantó al día siguiente ya tenía dos millones de reproducciones. Diez días más tarde, el marcador marca 5,5 millones de visualizaciones y 250.000 likes.

Y no solo se trata de jamones, el video muestra una lluvia de chacinados que incluyen salchichones, fuet y, para los más pequeños, mini fuet.

Eso si, en el desopilante certamen no se desperdicia ni un gramo de embutido, todos van envueltos en plásticos de burbujas para resistir los golpes y poder ser degustados y compartidos en el final de la jornada.

Un concurso con reglas y categorías

El concurso tiene una norma básica: quien más lejos lo lanza, se lo queda. Y no hablamos de cualquier pieza: este año el jamón ganador voló 20,55 metros gracias a Sergio García, el campeón local.

Para que nadie se quede fuera, hasta el último habitante tiene derecho a ver volar su embutido, para eso el campeonato tiene categorías:

Una broma que se transformó el fiesta

Todo empezó en 1997 como una ocurrencia para animar las fiestas de agosto se ha convertido en el gran símbolo del pueblo. "Los vecinos lo están viviendo con mucha ilusión porque hemos conseguido poner a Carrascosa en el mapa” cuenta Talía, la joven que viralizó el momento.

Y no es para menos: Carrascosa cuenta con apenas 70 vecinos censados en invierno, en agosto el pueblo se llena de vida, con más de 400 personas celebrando entre risas, música… y jamones voladores.

El secreto del éxito: humor, raíces y sabor

Cada vez que el pernil toca el suelo, los organizadores lo envuelven con más cinta y plástico de burbujas para que llegue sano y salvo al final de la jornada. Y aunque acabe lleno de polvo, la recompensa es deliciosa: el ganador se lleva el jamón a su casa o lo comparte entre los vecinos.

Temas:

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