Abelardo de la Espriella comienza a gobernar en un entorno turbulento. El potente terremoto que golpeó esta semana al occidente de Colombia y afectó con fuerza a ciudades como Cali, Pereira y Manizales coloca al nuevo presidente frente a un duro desafío que, si bien genera apoyo inmediato, altera su agenda, agrava el desajuste de las finanzas del Estado y lo expone, si la respuesta no convence, a un rápido desgaste de su popularidad.
En el pulso con la oposición de izquierda, liderada por el expresidente Gustavo Petro —quien no reconoce la victoria de De la Espriella y, un día antes de la toma de posesión, insistió sin pruebas en que hubo fraude electoral—, el sismo lo obligó en una primera etapa a disminuir la presión y dejar de lado la convocatoria a concentraciones como muestra de “desobediencia civil”.
En paralelo, en un país fracturado donde la mitad eligió un proyecto radicalmente distinto al de derecha de De la Espriella, ha predominado en una primera etapa el discurso de unidad y apoyo. El mandatario ha recorrido las regiones más afectadas y busca proyectar una imagen de liderazgo en medio de la tragedia. Sin embargo, estos efectos pueden disiparse pronto: la recuperación tras el desastre natural será larga y exigente.
James Bosworth, editor en Latin America Risk Report, escribe en un análisis que “recuperarse de terremotos es difícil, y De la Espriella no tiene experiencia en gobernanza. Es afortunado de contar con un servicio civil profesional, pero el público culpará al presidente por cualquier error”.
Advierte que la disminución en la pugnacidad de los adversarios es circunstancial: “La tragedia nacional debería moderar a la oposición. ¿Pero lo hará? Petro, que ha hecho de la confrontación su marca política, aprovechará cualquier debilidad para criticar al gobierno. Más ampliamente, los opositores de De la Espriella, que van más allá del expresidente, no tardarán en atacar si la recuperación falla”.
El nuevo presidente obtuvo el 49,6% de los votos frente al 48,7% de Iván Cepeda, el candidato de izquierda del Pacto Histórico, el movimiento liderado por Petro. La diferencia de apenas 0,9 puntos porcentuales —248.315 sufragios— es la más estrecha en la historia electoral del país.
De la Espriella en Pereira
Gobierno de Colombia
El politólogo Daniel Zovatto escribe en Radar Latam que “la tragedia constituye la primera gran prueba de gestión para un gobierno que apenas comienza a instalarse” y subraya que el discurso de descentralización, que De la Espriella quiso reforzar fijando su residencia en Barranquilla y no en la Casa de Nariño en Bogotá, se convirtió en una obligación inmediata y concreta.
“La distribución de recursos, atención y presencia estatal entre las zonas afectadas será determinante para evaluar esa promesa. La crisis pondrá a prueba su capacidad para conducir el aparato estatal, coordinar distintos niveles de gobierno y construir legitimidad más allá de quienes lo llevaron a la Presidencia”, agrega.
Giro forzado
Tras juramentarse, el Tigre, como De la Espriella se hizo llamar en la campaña electoral, pronunció su primer discurso en un cuartel militar de Cali rodeado de la Fuerza Armada.
A las pocas horas aseguró que concretaría la adhesión formal de Colombia al Escudo de las Américas, el plan impulsado por Donald Trump para combatir al crimen organizado en el Hemisferio Occidental, y recalcó su decisión de derrotar a los grupos armados como el ELN y las FARC. Washington, complacido, anunció un paquete de asistencia de 1.000 millones de dólares, sujeto a la aprobación del Congreso, que evoca el Plan Colombia lanzado por Bill Clinton en 2000.
Pero las prioridades han cambiado. James Bosworth escribe que “manejar el terremoto lo distrae de la agenda de seguridad, clave en su campaña y en sus primeros 100 días, así como de la cooperación con Estados Unidos. Ya no puede enfocarse donde quería”.
En las primeras 48 horas de De la Espriella al frente del país, seis miembros de estructuras criminales fueron abatidos por las fuerzas de seguridad. Esa misma noche, aun después del terremoto, se produjo un bombardeo contra una posición del ELN. Está por verse si la ofensiva contra las organizaciones criminales, que se fortalecieron durante el fallido plan de Petro de desmovilizarlas mediante mesas de diálogo, podrá sostenerse con el mismo ímpetu.
Presión financiera
El nuevo gobierno recibió una caja desequilibrada: el gasto supera al ingreso en aproximadamente 7% del PIB, una proporción significativa, y la administración de Petro ya utilizó 96% del cupo de emisión de deuda en pesos colombianos para este año. En un principio, el nuevo ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, afirmó que habría un recorte del gasto para comenzar a enfrentar los desequilibrios, pero tras el terremoto este propósito se complica.
Hasta ahora se han reportado, además del doloroso saldo de más de 2.000 muertos y miles de heridos, 1.575 viviendas averiadas, 18 centros de salud y daños en acueductos, aeropuertos, escuelas y edificios. El Servicio Geológico de Estados Unidos, que monitorea terremotos en todo el mundo, considera que el pronóstico más probable es que las pérdidas se sitúen entre 1.000 y 10.000 millones de dólares.
Un reporte de Aurora Macro Strategies explica que “el terremoto probablemente le da a De la Espriella una oportunidad temprana para fortalecer su posición política”, pero señala que “los costos fiscales de la ayuda por desastre podrían complicar su ajuste prometido en el largo plazo”.
Bosworth advierte que “la situación fiscal de Colombia es un desastre. De la Espriella prometió recortes presupuestarios. No hay forma de cuadrar ese círculo”.
Por ahora, el ministro de Hacienda anunció que se decretará la emergencia económica, una medida que le permitirá emitir decretos con fuerza de ley durante 30 días para atender la crisis. En paralelo, se tramita un crédito de 450 millones de dólares con el Banco Mundial y está previsto ajustar partidas del presupuesto para canalizar recursos hacia la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres.
La corrupción
De la Espriella anunció que al frente de esta Unidad, que tendrá en sus manos la responsabilidad de ejecutar buena parte del gasto para la reconstrucción, estará el geólogo David Tamayo, quien enfrentará el desafío de dirigir un organismo marcado por la corrupción. El mandatario le pidió a Tamayo “limpiar ese nido de bandidos que se tomó esa institución”, algo cuesta arriba en medio de la emergencia.
Durante el gobierno de Petro, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres protagonizó el peor escándalo de corrupción, y el temor de que algo similar ocurra bajo la administración de De la Espriella, que no tendrá tiempo para realizar cambios relevantes, está presente.
El ministro de Hacienda lo dejó en claro al anunciar que el organismo recibirá más dinero. “Nuestra única preocupación es que estos recursos lleguen a la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres”, explicó Gómez, quien advirtió: “Lamentablemente, el récord de esta institución no solo es malo, es aterrador. Esperamos que no le falle al país”.