Flávio Bolsonaro se perfila como favorito para asumir la presidencia de Brasil tras romper el pronóstico de los sondeos y obtener el 47% de los sufragios, frente al 45% del actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva. El desenlace deja a la mayor economía de América Latina a las puertas de un viraje político hacia la derecha, pero en un contexto de fragilidad: finanzas públicas en rojo, una deuda pública en niveles elevados y millones de hogares asfixiados por el costo del crédito.
Si bien la brecha no luce imposible de cerrar, analistas consideran que el senador de 45 años del Partido Liberal cuenta con amplias posibilidades de ser elegido presidente en el balotaje del próximo 25 de octubre, dado que se espera que la mayor parte del apoyo a los candidatos eliminados se incline por Bolsonaro.
Luiz Inácio Lula da Silva
AFP
Lula dejaría como herencia una economía con indicadores macro relativamente estables, con bajo desempleo, una inflación contenida y el PIB en terreno positivo, aunque con una evidente pérdida de tracción. Sin embargo, este balance no ha evitado un clima de malestar cotidiano: el creciente endeudamiento de los hogares se ha convertido en una de las principales causas que explican el descontento de buena parte de la población.
Grieta en el bolsillo
Las facilidades para acceder a financiamiento mediante tarjetas de crédito, préstamos con descuento en nómina y esquemas de “compra ahora, paga después” alimentan una burbuja que no deja de crecer. De acuerdo con la Confederación Nacional del Comercio, el 82% de las familias está endeudada, el nivel más alto de la serie histórica iniciada en 2010.
Al mismo tiempo, en promedio el 29% del ingreso mensual de los hogares lo absorbe el pago de cuotas e intereses, según datos del Banco Central, una proporción que incide en la percepción de una economía en mal camino.
El peso de la deuda en el presupuesto de las familias crece en un entorno en que el Banco Central, para contener la inflación, mantiene en dos dígitos la tasa de interés de referencia. Al mismo tiempo el gobierno, bajo un elevado déficit en sus cuentas, también se endeuda masivamente y contribuye a empujar al alza las tasas de interés.
El impacto es fuerte en el estrato de menor poder adquisitivo. El 39% de los hogares con ingresos de hasta tres salarios mínimos, una porción crucial para el electorado de Lula, tiene facturas vencidas.
Los investigadores Pedro Avelino, Flávio Ataliba Barreto y João Mário Santos de França, del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas, advierten en un análisis reciente: “La proporción de familias endeudadas, el compromiso de ingresos y los impagos bancarios están en niveles récord o muy cerca de ellos, y la presión es especialmente intensa entre las familias de menores ingresos”.
Las apuestas
Frente a la falta de dinero para llegar a fin de mes, una parte de la población ha buscado una salida en las plataformas de apuestas digitales. Lo que empezó como un intento de conseguir ingresos rápidos para pagar créditos atrasados terminó agravando el problema y empujando a miles de personas a una trampa de deuda todavía mayor.
El juego en línea se legalizó en Brasil en 2018, se disparó durante la pandemia de covid-19 y se ha convertido en un grave problema social. Según datos del Ministerio de Hacienda, 44 millones de brasileños apostaron en agosto, una cifra que equivale al 27% de la población adulta y representa un incremento del 75% respecto al año pasado.
Los datos oficiales indican que en 2025 las pérdidas en apuestas alcanzaron el equivalente a 12.000 millones de dólares, mientras los casos de ludopatía y las reuniones de Jugadores Anónimos se multiplican en todo el país.
Lula en acción
Para contrarrestar la percepción de crisis que llevó a que, en el último sondeo de Quaest, los brasileños señalaran al endeudamiento y el costo de vida como su principal problema, el mandatario ha recurrido a medidas que buscan colocar más dinero en el bolsillo de los hogares, en especial los de menores ingresos y los acorralados por la morosidad.
Dos semanas atrás aumentó en un 15% la ayuda directa que el gobierno, a través del programa Bolsa Familia, otorga cada mes a las familias en pobreza. El ajuste, de unos 115 a 135 dólares, entrará en vigencia el próximo 19 de octubre, siete días antes del balotaje. Lula, quien no había ajustado este subsidio durante su mandato, aseguró que la medida busca “compensar las pérdidas inflacionarias desde 2023 y garantizar el poder de compra de las familias más necesitadas”.
En paralelo, el gobierno ha promovido planes de renegociación para aliviar a los hogares morosos, ofreciendo quitas bancarias de hasta el 90% en deudas de personas y pequeñas empresas. Ante un impacto menor al esperado, Lula lanzó la semana pasada una nueva etapa: el Estado dejará de ser un simple facilitador, comprará la deuda de las familias vulnerables y asumirá directamente la negociación frente a los bancos.
En cuanto al juego, dio un paso drástico y prohibió las apuestas deportivas en línea y los casinos virtuales. “Esto es como el cáncer: o extirpamos el tumor o nos matará”, afirmó Lula durante un acto en São Paulo, donde anunció la prohibición total de las llamadas bets —que abarca todas las modalidades de apuestas digitales— y el veto a la publicidad de las empresas del sector.
El desbalance
La expansión del gasto gubernamental durante la campaña electoral agrava el desequilibrio fiscal: los egresos superan a los ingresos en una abultada proporción cercana al 9% del PIB, un agujero que en buena parte se cubre con emisión de deuda. El resultado es que la deuda bruta —que incluye al gobierno federal, al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) y a las administraciones estatales y municipales— equivale al 83% del PIB, tras experimentar un salto de 11 puntos porcentuales durante el mandato de Lula.
Bolsonaro promete un “tijerazo” para restaurar la disciplina en las cuentas públicas. Su equipo plantea una nueva regla fiscal en reemplazo del marco de Lula, la reducción de al menos diez ministerios, el freno a los subsidios y una revisión a la baja de la reforma tributaria para evitar que el IVA roce un récord del 30%.
Si bien no ha abundado en detalles la promesa de un ajuste lo ha convertido en la opción preferida de los inversores. De llegar al poder, está por verse si será capaz de implementar medidas impopulares como un recorte de gasto en un país profundamente polarizado.