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Delcy Rodríguez ha dejado claro que no solo ocupa el vacío dejado por Nicolás Maduro y Cilia Flores, sino que avanza en sustituir la red que los sostuvo en el poder por otra bajo su control. Esa nueva arquitectura apunta a una etapa distinta del chavismo, marcada por la tutela de Estados Unidos, la apertura económica y limitados avances hacia la democratización.

El pasado 3 de enero, las fuerzas militares de Estados Unidos capturaron a la pareja presidencial y la trasladaron a Nueva York para ser juzgada por narcotráfico. Desde entonces, Delcy Rodríguez asumió el mando y su hermano, Jorge Rodríguez, continuó al frente del Parlamento. Tres meses más tarde, han salido de sus cargos 15 de los 33 ministros, el alto mando militar, el fiscal general y el defensor del pueblo. Ahora, comienza a desatar la madeja tejida por Cilia Flores, quien más que primera dama fue una figura central para mantener a Maduro por 15 años en el palacio de Miraflores.

Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores. AP

Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores.

Con un breve mensaje en su red de Telegram indicando que agradecía a “Walter Gavidia por su entrega y dedicación al frente de esta importante labor”, la presidenta dejó a un lado al exesposo de Cilia Flores, quien fue escolta de Hugo Chávez, y nombró a un sustituto para que dirija la corporación Juntos Todo Es Posible, una estructura con la que la presidencia se vincula con las comunidades aprobando proyectos de infraestructura y mejoras en las zonas populares.

“Esta instancia seguirá siendo una herramienta para atender de manera directa las necesidades de los venezolanos y garantizar soluciones concretas”, agregó Delcy Rodríguez. En paralelo, se filtró que Giuson Flores, hermano de Cilia Flores, habría sido destituido como presidente del organismo encargado de la cedulación y la entrega de pasaportes. Aunque la Gaceta Oficial con su salida aún no ha sido publicada en portales oficiales, la información difundida por medios venezolanos no ha sido desmentida por el gobierno.

La sombra de Cilia

Diputada desde el año 2000, Cilia Flores llegó a la presidencia del Parlamento en 2006 y más tarde ejerció como procuradora general. Fue clave en el tránsito del poder de un Chávez enfermo hacia Maduro, con quien se casó en 2013, pocos meses después de la muerte del líder bolivariano. Entre 2015 y 2016 bajó el perfil, tras la captura y condena en Estados Unidos de dos de sus sobrinos por narcotráfico. Regresó al escenario público con la cuestionada Asamblea Nacional Constituyente y en 2020 volvió a postularse como diputada.

En los últimos años se mantuvo en segundo plano, pero “Cilita”, como la llama Maduro, nunca dejó de mover sus fichas en el tablero. Resulta difícil precisar cuántos funcionarios responden a su órbita por la magnitud de la red. Transparencia Venezuela señala en un informe reciente que “el círculo cercano de Cilia Flores lo componen al menos 30 parientes y unos 17 han ocupado cargos públicos, incluso desde el gobierno de Hugo Chávez”.

Maduro y Cilia Flores - 2 - AFP.webp

Cilia Flores en un acto público

La ONG explica que el Poder Judicial ha sido uno de los ámbitos donde Flores ejerció más influencia, colocando a personas de su órbita en puestos clave. El hermano de su exesposo, Edgar Gavidia, es magistrado del Tribunal Supremo de Justicia. Entre sus allegados también figuran la presidenta del Tribunal y otros seis magistrados.

Sintetizando su actuación en el régimen, el informe indica que “se muestra como una operadora en el ámbito jurídico y legislativo para centralizar el poder del Estado en el presidente, buscar la cohesión del chavismo desde el partido político y, luego, legitimar a lo interno a Maduro. Este engranaje sirvió para consolidar un modelo político que garantizó el control absoluto bajo su amparo, mientras su red familiar se aprovechaba económicamente de la posición de privilegios con impunidad”.

Fuentes del chavismo consideran que, si bien Delcy Rodríguez ha impulsado cambios relevantes, aún está por verse si avanzará hacia un desmontaje total de la estructura de poder vinculada a Nicolás Maduro y Cilia Flores.

Relación fantástica

Tras el derrocamiento de Maduro, la administración de Donald Trump construyó un puente con Rodríguez. La presidenta encargada ha satisfecho el interés de Washington en el petróleo, redirigiendo hacia refinerías de Estados Unidos e India los barriles que antes iban mayoritariamente a China. En paralelo, aceptó que los petrodólares se depositen en cuentas supervisadas por el Departamento del Tesoro.

Pero la Casa Blanca también ha hecho concesiones: reconoció como legítimo su gobierno, restableció las relaciones diplomáticas, está en proceso de reabrir su embajada en Caracas y eliminó las sanciones que pesaban sobre la presidenta venezolana. Además, emitió licencias que flexibilizan en gran medida las sanciones sobre el país y permiten la inversión de empresas estadounidenses en sectores como minerales, petróleo y gas.

En los últimos tres meses han visitado Caracas distintos funcionarios de Estados Unidos: el secretario de Energía, Cris Wright; el director de la CIA, John Ratcliffe; Francis Donovan, jefe del Comando Sur, y el secretario del Interior, Doug Burgum.

Delcy Rodríguez con Doug Burgum - 4-3-26 - AFP

Delcy Rodríguez recibiendo al secretario del Interior de EEUU, Doug Burgum

El lunes de esta semana, Trump afirmó que “Venezuela ha resultado increíblemente bien. Tenemos 100 millones de barriles de petróleo en este momento en Houston siendo refinados. Ha sido genial. La relación con Venezuela ha sido fantástica. Podría ir más allá de lo que es a largo plazo”.

Estados Unidos ha bosquejado un plan de tres fases para Venezuela: consolidación, recuperación y transición a la democracia, con eventuales elecciones para las que, hasta ahora, no existe cronograma definido.

La permanencia

Mientras Delcy Rodríguez consolida lo que en Venezuela comienza a llamarse “el Rodrigato”, queda en segundo plano la discusión sobre su continuidad. El artículo 234 de la Constitución establece que la vicepresidenta puede asumir la presidencia hasta por 90 días en caso de falta temporal del presidente, prorrogables por otros 90. De ese lapso ya se cumplieron los primeros 90 días.

El Tribunal Supremo de Justicia emitió una sentencia que abrió la puerta a una interpretación distinta del artículo 234, al señalar que la ausencia de Maduro no constituye una falta temporal, sino “forzosa”. Bajo esa lectura, Delcy Rodríguez podría permanecer más tiempo en el poder sin necesidad de convocar elecciones, como todo indica.

El pasado 3 de abril la ONG Provea afirmó en su cuenta de X, respecto al tema electoral, que “Venezuela tiene derecho a decidir. La falta absoluta no es un tecnicismo, sino el mecanismo que devuelve la palabra al pueblo. Tenemos derecho a elecciones democráticas, el reloj constitucional corre”.

En el plano político, la presidenta solo ha estado dispuesta a impulsar una ley de amnistía que permitió la liberación parcial de presos políticos. En paralelo, partidos de oposición han comenzado a reagruparse y, lentamente, a retomar su actuación pública.

Bajo Delcy Rodríguez el chavismo avanza en su adaptación para permanecer en el poder.

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