7 de abril de 2026 9:05 hs

La guerra en Medio Oriente ha disparado el precio del petróleo y, con ello, las perspectivas de ingresos en Venezuela, un país donde ocho de cada diez dólares provienen de las exportaciones de crudo. El repunte abre un margen inesperado para una economía exhausta y, al mismo tiempo, refuerza la caja del gobierno de Delcy Rodríguez. El brillo del barril, sin embargo, llega acompañado de un desafío inmediato: transformar ese repunte en mejoras tangibles para una población agotada que exige resultados rápidos tras años de deterioro.

Desde que comenzó la guerra e Irán cerró el estrecho de Ormuz, bloqueando el tránsito de una quinta parte de los barriles que consume el planeta, el Brent, principal marcador, ha subido 49%. Goldman Sachs proyecta que en los primeros cuatro meses de este año registrará un promedio de 110 dólares el barril, lo que se traduciría en un salto de 62% respecto a 2025.

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Aun si la guerra terminara en el corto plazo, algo que hoy no parece probable, la normalización no sería inmediata. Los pozos del Golfo Pérsico necesitarán semanas para reiniciarse, los buques varados esperarán garantías de seguridad y los seguros marítimos encarecidos no se ajustarán de golpe. Refinerías en Asia cerradas por falta de crudo tardarán meses en volver a operar.

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Síntesis Financiera proyecta que en marzo las ventas de crudo alcanzaron un promedio de 940.000 barriles diarios, un aumento de 28% respecto a febrero, y solo en ese mes, por efecto del alza de los precios, el gobierno venezolano recibió 500 millones de dólares adicionales. Alejandro Grisanti, director de Ecoanalítica, ofrece una mirada más amplia: en su cuenta de X estima que este año el Brent promediará 98 dólares, lo que implicaría 13.800 millones de dólares extra para Venezuela.

Para atraer inversiones e impulsar la producción de petróleo —que según las cifras reportadas a la OPEP se ubica en un millón de barriles diarios— el gobierno modificó la Ley de Hidrocarburos ampliando el espacio para el sector privado. No obstante, en un entorno marcado por el riesgo político y la debilidad institucional, las proyecciones son discretas: este año la producción aumentaría a entre 1,2 y 1,3 millones de barriles diarios.

Ingresos tutelados

La caída de Nicolás Maduro dio paso al ascenso de Delcy Rodríguez a la presidencia, quien aceptó las exigencias de Washington. Redirigió las exportaciones de petróleo que antes iban a China y Asia hacia refinerías en Estados Unidos e India, y los petrodólares son depositados en una cuenta bajo supervisión del Departamento del Tesoro, que aprueba el presupuesto de gasto.

El 31 de marzo, el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, declaró a Fox News que “están enviando todo ese petróleo a nuestras refinerías, y ese dinero, los beneficios de eso, se está depositando en cuentas bancarias controladas por el Tesoro de Estados Unidos. El dinero va en beneficio del pueblo venezolano, no se está robando”.

Marco Rubio - 16-2-26 - AFP
Marco Rubio

Marco Rubio

En febrero, el secretario de Energía de Estados Unidos, Cris Wright, anunció que las exportaciones de petróleo venezolano hacia las refinerías estadounidenses alcanzarían ese mes los 2.000 millones de dólares.

Delcy Rodríguez anunció la creación de dos fondos para administrar los ingresos petroleros: uno destinado a la “protección social” y otro a obras de infraestructura. En un gesto inusual dentro del chavismo, activó el portal Transparencia Venezuela para reportar el uso de esos recursos, que por ahora solo registra 300 millones de dólares ya empleados en la entrega de bonos a los trabajadores públicos.

Aparte de lo destinado a esos fondos, el gobierno ha dirigido dólares a alimentar el mercado cambiario y a cubrir importaciones básicas.

La presión

Los sondeos reflejan un país esperanzado. Según el estudio de marzo de AtlasIntel, 64% de los venezolanos confía en que su situación económica mejorará en los próximos seis meses, un reto para la administración de Delcy Rodríguez, que comienza a lidiar con una población que, tras años de férrea represión, vuelve a tomar las calles para reclamar aumentos de salario.

El salario mínimo lleva cuatro años congelado y equivale a menos de medio dólar. Por ello, millones de empleados públicos, incluidos gremios como el de los profesores universitarios, dependen de bonos que no generan prestaciones, vacaciones ni utilidades.

En un intento por bajar la presión, Rodríguez anunció un aumento de 30 dólares en los bonos, lo que elevó el ingreso mínimo a 190 dólares mensuales. La medida fue rechazada por sindicatos y gremios. Según el Cendas, centro de investigación con sede en Caracas, la canasta alimentaria para una familia de cinco miembros asciende a 677 dólares.

Venezuela - protesta por aumento del salario - 12-3-26 - AFP
Protesta por aumento de salario

Protesta por aumento de salario

En este contexto, los trabajadores anunciaron que el próximo 9 de abril marcharán hacia el palacio de gobierno, algo que el chavismo no ha permitido en décadas.

El sociólogo Juan Manuel Trak advierte en un análisis que “en este nuevo momento político, la sociedad reaparece con la misma fuerza de antes, pero con expectativas más elevadas, y esa combinación puede resultar volátil en el corto o mediano plazo”.

La inestabilidad

Las expectativas de mejora chocan con una economía que difícilmente superará sus desequilibrios en el corto plazo. El clima de inestabilidad persiste: un gobierno que recurre a la emisión de dinero para financiar parte de sus gastos, empresas limitadas por trabas como las fallas eléctricas, una moneda en constante depreciación y una inflación elevada.

Las cifras oficiales indican que en los dos primeros meses de este año la inflación acumuló un salto de 52% y el tipo de cambio oficial pasó de 300 a 474 bolívares por dólar en el primer trimestre.

Analistas explican que, en este contexto, el aumento del ingreso por exportaciones petroleras ayudará a que la inflación y el declive de la moneda pierdan intensidad. Sin embargo, se mantendrán en niveles que impiden hablar de normalidad.

Síntesis Financiera prevé que la inflación acumule un salto de 174%, una magnitud que representaría una mejora sustancial frente al 475% del año pasado. Sin embargo, seguirá golpeando a la población de menores recursos, cuyos ingresos en bolívares pierden valor a un ritmo acelerado.

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