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El rápido descenso en la llegada de turistas a Cuba ha desencadenado una serie de efectos que profundizan la fragilidad de su economía: menos consumo en restaurantes, hoteles y paseos, caída en la actividad de agencias de viajes y, como consecuencia, una merma en el ingreso de divisas que pone en riesgo miles de empleos.

Según las estadísticas oficiales, en los primeros cuatro meses de este año la isla recibió 328.608 visitantes internacionales, lo que implica un desplome del 56% respecto al mismo período de 2025. El declive se explica sobre todo por la fuerte disminución de turistas provenientes de Canadá, Estados Unidos y Rusia.

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El turismo, que en 2024 aportó a la isla 1.293 millones de dólares, comenzó a desmoronarse en medio de la presión de Estados Unidos para forzar cambios políticos y económicos en el régimen de La Habana.

Tras derrocar a Nicolás Maduro e incorporar Venezuela a la órbita de Washington, la administración de Donald Trump le cortó a Cuba el suministro de petróleo de Caracas y amenazó con sanciones a los países que vendan crudo a la isla.

La escasez de combustible llevó a que aerolíneas como Air Canadá, Air France y la española World2Fly suspendieran sus conexiones con La Habana, ante la duda de si podrían reabastecer sus aviones para los vuelos de regreso. Las compañías que aún operan se abastecen en República Dominicana, lo que incrementa los costos.

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El cerco al petróleo dejó sin combustible al ya deficiente sistema eléctrico de la isla, que depende en gran medida de plantas que funcionan con diésel o fueloil. La consecuencia son apagones de hasta 20 horas. A esto se suma que, a finales de 2025, en medio de la precariedad del sistema sanitario, Cuba sufrió una epidemia de dengue y chikungunya que ahuyentó a los turistas.

Temblor en los hoteles

En Cuba existen 344 hoteles y 189 pequeños establecimientos como cabañas, albergues y casas que ofrecen habitaciones. La mayor parte de las divisas que genera el turismo se concentra en los hoteles de cinco y cuatro estrellas, un sector en el que sobresalen las inversiones de los grupos españoles Meliá e Iberostar, que en conjunto administran 53 hoteles.

El descenso en el número de visitantes comienza a reducir los beneficios. En su informe del primer trimestre, Meliá reconoce la cancelación de conexiones aéreas y la caída en la llegada de turistas, especialmente desde Canadá. “En este entorno se ha producido un cierre paulatino de nuestros hoteles, finalizando el trimestre con aproximadamente el 50% de la capacidad operativa, lo que impacta tanto en el número de habitaciones disponibles como en los indicadores reportados”, señala.

Ante el declive de la demanda, los precios comienzan a ajustarse. Esta semana Iberostar lanzó descuentos de hasta el 60% en su exclusivo hotel Grand Packard, en La Habana Vieja, que ofrece el Spa Sensations, piscina y “un ambiente elegante y sofisticado”.

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Hotel Iberostar Selection, en La Habana

Un aspecto a tener en cuenta es que Gaesa, el conglomerado controlado por los militares cubanos y sancionado por Estados Unidos que domina buena parte de la economía de la isla, está presente en el turismo a través de su filial Gaviota. Se estima que mediante esta estructura tiene participación en alrededor de 120 hoteles.

El Departamento del Tesoro aplicó a Gaesa sanciones financieras que eliminan las posibilidades de que opere con bancos, aseguradoras y, en general, compañías extranjeras —estadounidenses o de otros países— que no querrán poner en riesgo sus negocios en Estados Unidos.

Por ahora la medida se concentra en las actividades de Gaesa en energía, defensa, minería, servicios financieros y seguridad. Sin embargo, Washington podría endurecer las sanciones extendiéndolas al turismo e impactando a las empresas hoteleras extranjeras asociadas con el conglomerado.

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Ania Lastres presidenta de Gaesa

La mano verde oliva

Ante la urgente necesidad de divisas tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, Fidel Castro se abrió al turismo, a la llegada de inversionistas extranjeros y paulatinamente comenzó una apertura de la economía. Con la creación de Gaesa, sin embargo, el régimen se aseguró el control de los sectores más lucrativos y estratégicos.

Trabajos de economistas cubanos apuntan a que las decisiones de inversión de Gaesa han estado ligadas a la precariedad de otros sectores, algo que ahora tiene severas consecuencias.

Ricardo Torres, economista cubano que se desempeña como investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos de American University en Washington, señala en su trabajo Without Power, There Is No Country que, si se incluyen restaurantes y hoteles junto con los bienes raíces vinculados al turismo, este sector absorbió alrededor del 40% de la inversión pública en el período 2019–2024, mientras que otros sectores esenciales, como el servicio de electricidad y agua, quedaron relegados.

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Apagón en La Habana

Economía de guerra

La presión de Estados Unidos está profundizando los desajustes de una economía en recesión y con múltiples desequilibrios. El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció a finales del año pasado que en los tres primeros trimestres la economía se había contraído más de 4%, sin ofrecer mayores detalles. En 2024 la caída fue de 1,1%, en 2023 de 1,9% y la situación actual apunta a otro año de declive.

El ministro de economía, Joaquín Alonso Vázquez, admitió a finales del año pasado que las perspectivas para 2026, ahora agravadas, eran de “economía de guerra”. Vásquez asumió el cargo en febrero de 2024 sustituyendo a Alejandro Gil, quien fue sentenciado a cadena perpetua por espionaje, cohecho, sustracción y daño de documentos.

El declive en el aporte de divisas del turismo y de sectores como la exportación de níquel —donde la empresa canadiense Sherritt anunció el fin de sus actividades por las sanciones de Estados Unidos— aumenta el riesgo de que el gobierno cubano recurra a la emisión de dinero para cubrir el déficit en las cuentas públicas, lo que aceleraría la inflación.

Calle de La habana

Las estadísticas oficiales indican que la inflación interanual al cierre de abril se ubicó en 14,7%. En medio de la crisis no parece una cifra desmesurada, pero corresponde únicamente al sector formal de la economía. Al incluir el mercado informal, el mejor surtido, se estima que los precios avanzan a una velocidad mucho mayor.

De acuerdo con el portal El Toque, que refleja la cotización del dólar en el mercado paralelo de la isla, en los primeros cinco meses de este año la moneda estadounidense subió de 435 a 580 pesos: un alza de 33% que, en un entorno de mayor escasez de divisas, cobrará más ímpetu en el corto plazo.

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