A fin de reforzar la estabilización de Venezuela, la administración de Donald Trump abrió la puerta para que el gobierno de Delcy Rodríguez se reinserte en el sistema financiero internacional, una medida que fortalece su posición en medio de la creciente presión social por la rápida escalada de los precios y el rezago de los salarios.
Los estudios de opinión muestran que, tras el derrocamiento de Maduro y el tutelaje de la Casa Blanca sobre la gestión de la presidenta encargada, la expectativa de mejora entre los venezolanos se disparó. Sin embargo, el giro en el entorno no ha dado tregua a una población empobrecida: en el primer trimestre la inflación acumuló un salto de 72% y la moneda siguió hundiéndose frente al dólar. Con este telón de fondo, la calle comenzó a calentarse con marchas por aumento de salarios.
Las alarmas en el tablero dieron paso a una amplia flexibilización de las sanciones de Estados Unidos al Banco Central de Venezuela y al Banco de Venezuela, la principal entidad financiera del Estado. Al mismo tiempo, Washington facilitó que el gobierno de Delcy Rodríguez reanude relaciones con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, interrumpidas desde 2019.
Nuevo entorno
La vuelta al sistema financiero global permitirá un uso más eficiente en el mercado cambiario de los dólares provenientes de las exportaciones de petróleo, que aportan más de 80% de las divisas del país. Al mismo tiempo, las relaciones con los multilaterales abre la puerta a recursos que respalden la recuperación de una economía enana que se redujo a un tercio de lo que era en 2012.
Como parte de la tutela de Washington, los ingresos por exportaciones petroleras de Venezuela se depositan en una cuenta supervisada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, que aprueba los desembolsos para la venta de dólares. Hasta la semana pasada solo tres bancos privados ofrecían divisas, en su mayoría a grandes empresas. Con la flexibilización de sanciones al Banco Central y al Banco de Venezuela, el panorama cambia.
Ahora el Banco Central puede canalizar los dólares a través de la gran mayoría de los bancos del país algo que se traduce en un mercado cambiario más profundo, con mayor volumen y acceso para las pequeñas y medianas empresas, así como para los particulares. Además el Banco Central, junto a la banca pública, recupera la posibilidad de realizar pagos al exterior.
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Un mural refleja la crisis cambiaria en las calles de Caracas
AFP
De esta manera, se espera que la venta de dólares gane eficiencia en el mercado oficial, se reduzca la brecha con el paralelo y se tienda a una mayor estabilidad de la moneda, en un contexto en que el alza de los precios del petróleo incrementa la caja en divisas del Gobierno. Tesoreros consultados explican que Washington ya comenzó a permitir un mayor flujo de dólares y en las últimas dos semanas la oferta aumentó de manera importante.
En lo que va del año, el tipo de cambio oficial subió desde 301 hasta 481 bolívares por dólar, un salto de 60%. En el mercado paralelo, al que acuden quienes hasta ahora no han tenido acceso al oficial, la cotización es 36% más alta.
Analistas coinciden en que la causa central de la inflación es un gobierno que emite dinero para cubrir sus gastos, la consultora Síntesis Financiera considera que el año pasado un tercio se cubrió por esta vía. El aumento del ingreso por petróleo, que Bank of America estima que podría ser de 6.000 millones de dólares extra, ayudará a disminuir esta práctica.
Al mismo tiempo, el mayor flujo de dólares a través de un mercado cambiario más profundo debería frenar la depreciación de la moneda y disminuir la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo.
Los multilaterales
Con la reanudación de las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), la administración de Delcy Rodríguez tendrá acceso a los Derechos Especiales de Giro (DEG), una unidad de cuenta que los países pueden convertir en divisas. Venezuela dispone del equivalente a 4.900 millones de dólares, provenientes de la asignación especial que el FMI distribuyó entre sus miembros para enfrentar la pandemia de COVID.
En su uso clásico, los Derechos Especiales de Giro sirven para aumentar las reservas de dólares del Banco Central y contribuir a la estabilidad de la moneda. No obstante, todo apunta a que la visión del Gobierno es que, al tratarse de una asignación especial, no constituye un préstamo del FMI ni está condicionado, por lo que planea destinar parte de los recursos al gasto público.
Delcy Rodríguez señaló como prioridad que la recuperación de estos activos “nos permitirá invertir de manera inmediata en servicios públicos”, como la rehabilitación del sistema eléctrico, el servicio de agua y los hospitales. Solo de manera secundaria mencionó la necesidad de “fortalecer nuestras reservas internacionales”.
Las reservas líquidas del Banco Central no superan los 2.000 millones de dólares, una cifra ínfima que no permite mayor holgura.
José Guerra, exgerente del Banco Central, considera que el mejor uso que podría hacer el Gobierno de estos recursos es pagar deuda con multilaterales. “Venezuela tiene una deuda de 3.500 millones de dólares con el Banco Interamericano de Desarrollo y la Corporación Andina de Fomento. Al pagar esta deuda tendría acceso a líneas de créditos de 10.000 o 12.000 millones de dólares que podría utilizar para mejorar los servicios públicos. Con los DEG no se resuelve ese problema”.
“De esta manera habría acceso a créditos supervisados para mejorar la infraestructura que ciertamente está en muy malas condiciones”, agrega Guerra.
El malestar
Delcy Rodríguez no fue elegida por los venezolanos: ocupa la presidencia por haber sido vicepresidenta de Maduro, señalado de fraude electoral en 2024. En este contexto, mejorar la calidad de vida de la población es vital para ganar estabilidad. En las últimas semanas se han intensificado las protestas por los bajos salarios y, la semana pasada, la policía reprimió una marcha de trabajadores que intentaba llegar al palacio de gobierno.
El malestar es comprensible. Según un estudio de la consultora Anova, la canasta con los 25 alimentos de mayor consumo en los hogares y artículos de limpieza esenciales —como papel higiénico y crema dental— cuesta 394 dólares para una familia de cuatro miembros. Entre marzo de este año y marzo de 2025, su valor en dólares aumentó 33,7%.
El salario mínimo equivale a menos de medio dólar y los empleados públicos dependen de bonos que no generan prestaciones, vacaciones ni utilidades. En un intento por apaciguar los ánimos, Delcy Rodríguez aprobó en marzo un aumento de 30 dólares en los bonos, elevando el ingreso mínimo hasta 190 dólares mensuales, y la noche del 8 de abril prometió otro incremento para el 1 de mayo, sin precisar el monto.
Está por verse si la administración de Delcy Rodríguez será capaz de calmar la urgencia por mejoras en la calidad de vida y enfriar la calle a fin de seguir favoreciendo el plan de Washington para Venezuela: estabilización, recuperación y, en algún momento no definido, transición a la democracia.