Estados Unidos elevó la presión sobre La Habana al sancionar al presidente Miguel Díaz-Canel, a parte de su entorno más cercano y a familiares del expresidente Raúl Castro, en medio de la ofensiva que busca forzar cambios políticos y económicos en la isla. Las medidas, anunciadas por el Departamento del Tesoro, alcanzan también a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a los Comités de Defensa de la Revolución y a una empresa minera.
La sanción incluye a Lis Cuesta Peraza, esposa de Díaz-Canel; a Manuel Anido Cuesta, su hijastro; a Alejandro Castro Espín, hijo de Raúl Castro; y a Raúl Alejandro Castro Calis, nieto del exmandatario, sobre quien pesa una acusación del Departamento de Justicia de Estados Unidos por el derribo de dos avionetas de una organización de exiliados en 1996.
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Alejandro Castro Espín, hijo del expresidente cubano Raúl Castro
EFE
Estas sanciones implican que los bienes de las personas señaladas en Estados Unidos quedarán bloqueados y que los ciudadanos estadounidenses tendrán prohibido realizar negocios con ellas. A ello se suma un efecto colateral: empresas extranjeras evitan convenios o transacciones con individuos sancionados para proteger sus operaciones en territorio estadounidense.
El secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó en un comunicado que "las entidades e individuos designados hoy dirigen o financian al régimen y sus esfuerzos por movilizar sus movimientos revolucionarios radicales en Estados Unidos y en todo el mundo".
Agregó que también continúa "la ofensiva contra el cartel militar que ha consolidado todo el poder económico en Cuba en beneficio de un pequeño círculo de élites del régimen y sus cuentas bancarias ocultas en el extranjero".
La escalada
Este paso es el último eslabón de un cerco que ha colocado al régimen cubano frente a su peor momento en décadas. Washington amenazó con imponer aranceles a los países que vendan petróleo a la isla, provocando una severa escasez de combustible que se traduce en apagones prolongados y en el desplome del turismo, la principal fuente de divisas.
En paralelo llegó la sanción contra Gaesa, el conglomerado en manos de los militares que controla buena parte de la economía cubana. La medida restringe sus transacciones con entidades financieras y compañías extranjeras, reduciendo de manera drástica su capacidad de maniobra.
El Departamento del Tesoro otorgó un plazo que vence el 5 de junio para que las compañías extranjeras pongan fin a sus relaciones comerciales con Gaesa o se expongan a que sus negocios en Estados Unidos se vean afectados. Navieras como la alemana Hapag-Lloyd y la francesa CMA, que operan con Cuba, podrían suspender sus servicios, lo que agravaría la crisis en un país que importa más de la mitad de los alimentos que consume.
Las sanciones ya han provocado un éxodo de empresas. La canadiense Sherritt —socia de compañías cubanas en plantas de níquel, cobalto y gas que aportan divisas y electricidad— decidió poner fin a sus operaciones en la isla.
Al mismo tiempo Visa, Mastercard y operadores hoteleros como Melía, Blue Diamond, Iberostar y Archipelago International han emprendido la retirada aumentando la crisis del turismo que en los primeros cuatro meses de este año sufrió una caída de 56% en el número de visitantes.
Una mano
En una conferencia de prensa el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, negó que tenga como objetivo provocar una implosión en Cuba y afirmó que la isla ya se había “colapsado en cierto modo” y que “se ocuparía” de la situación una vez concluida la guerra en Irán.
“Me gusta hacer una cosa a la vez, y nos ocuparemos de la República Islámica de Irán”, declaró a los periodistas en el Despacho Oval. “Y tan pronto como eso esté hecho, de vuelta, haremos una breve parada. Nos ocuparemos de ello. Queremos echarles una mano”.
A través de su cuenta de X el canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó que las nuevas sanciones son "la última muestra del plan intervencionista estadounidense de presentar a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional de los Estados Unidos".
Añadió que "cada acción estadounidense dirigida a construir un escenario de conflicto entre los dos países estará destinada al fracaso. Cada amenaza contra la independencia y soberanía de Cuba tendrá como respuesta más unidad y determinación de nuestro pueblo".