20 de agosto de 2026 10:20 hs

Michael Hartnett, estratega jefe de inversiones de Bank of America Research, sostiene que ese ritmo de endeudamiento refuerza una de sus tesis centrales: la llamada "Anything but Bonds" (cualquier cosa menos bonos), una recomendación para que los inversores se alejen de la deuda de largo plazo emitida por el gobierno estadounidense mientras persistan los grandes déficits fiscales.

El argumento central no pasa por el monto de la deuda en sí, sino por la necesidad constante del Tesoro de refinanciarla y emitir nuevos bonos para cubrir sus obligaciones. Cuanta más oferta de deuda hay en el mercado, más exigentes se vuelven los inversores a la hora de comprarla, lo que empuja al gobierno a ofrecer tasas de interés más altas para atraer compradores dispuestos a asumir ese riesgo fiscal.

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Esa dinámica ya se refleja con claridad en el mercado de bonos. El rendimiento del Treasury a 10 años alcanzó 4,6%, mientras que el de 30 años tocó 5,2%, niveles que no se veían en 25 años. Esas tasas elevadas reflejan las preocupaciones de los inversores sobre la inflación, la sostenibilidad fiscal y el volumen creciente de endeudamiento público.

Para quienes invierten en renta fija, la suba de tasas funciona como un arma de doble filo. Los bonos nuevos se vuelven más atractivos porque ofrecen mayor rendimiento, pero los ya existentes pierden valor de mercado cuando las tasas suben. Cuanto mayor es el plazo de vencimiento de un bono, más sensible suele ser su precio a los cambios en las tasas de interés, lo que vuelve especialmente vulnerables a los títulos de largo plazo del Tesoro.

Aun así, el mercado de bonos sigue siendo uno de los termómetros más claros de la salud económica. Los rendimientos de los Treasuries reflejan lo que los inversores piensan sobre la inflación, el crecimiento económico, las tasas de interés futuras y la capacidad del gobierno para ordenar sus cuentas.

La cuenta de la deuda

El fenómeno no se limita al mundo financiero. Como las tasas del Tesoro funcionan como referencia para fijar el costo del crédito en toda la economía, su suba puede traducirse en hipotecas más caras, préstamos corporativos más costosos y mayores tasas en el crédito al consumo, con el riesgo de frenar la inversión, el mercado inmobiliario y el gasto de los hogares.

El cuadro fiscal de fondo es elocuente. El gobierno federal tomó deuda por 1,8 billones de dólares durante los primeros diez meses del año fiscal 2026, de los cuales 432.000 millones correspondieron solo a julio. Ese ritmo de endeudamiento alimenta un círculo que se retroalimenta: más deuda implica pagar más intereses, y esos intereses —que ya rondan 1,4 billones de dólares anuales, según el último informe de Hartnett— presionan a su vez por mayores déficits, obligando al Tesoro a emitir todavía más deuda para cubrir la diferencia.

De cara al futuro, Hartnett estima que la deuda nacional podría llegar a 50 billones de dólares hacia 2029. El estratega considera que su recomendación de evitar los bonos de largo plazo seguirá vigente hasta que el rendimiento del Treasury a cinco años caiga por debajo de aproximadamente 3,25%, un nivel que hoy luce lejano.

Déficit fiscal crónico

Mientras tanto, Hartnett sugiere que los inversores busquen alternativas fuera de la renta fija tradicional. Entre sus opciones favoritas menciona el oro, las acciones, y sectores como la biotecnología y los bienes raíces, activos que —a su juicio— ofrecen una mejor relación entre riesgo y retorno en el contexto fiscal actual.

En su último reporte, el estratega resumió la contradicción del momento: el mismo día en que la bolsa estadounidense marcaba un máximo histórico, el Tesoro colocaba deuda al rendimiento más alto en 25 años. "That's reality", sentenció Hartnett ("esa es la realidad"), subrayando la aparente desconexión entre el optimismo bursátil y las señales de alarma que emite el mercado de bonos.

La combinación de déficits persistentes, mayores costos de financiamiento y una deuda que crece más rápido que la economía plantea un desafío de fondo para la política fiscal estadounidense en los próximos años. Ese escenario explica por qué firmas como Bank of America comienzan a recalibrar sus recomendaciones de inversión frente a la perspectiva de tasas más altas durante más tiempo, y por qué el debate sobre la sostenibilidad de la deuda pública volverá a ocupar un lugar central en la agenda económica de Washington.

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