La inflación en Estados Unidos volvió a acelerarse en agosto y encendió las alarmas en los mercados globales. El índice de precios al consumidor (IPC) subió 2,9% interanual, su mayor incremento desde enero, impulsado por el alza en gasolina, alimentos, viajes y autos usados.
Excluyendo rubros volátiles como alimentos y energía, la inflación subyacente se mantuvo en 3,1% anual, por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal (Fed). En términos mensuales, la suba general fue del 0,4%, mientras que la subyacente avanzó 0,3%, en línea con julio.
Jerome Powell
La próxima semana, Jerome Powell deberá definir el recorte en las tasas de interés y preocupa que la inflación impacte en la decisión.
AFP
Cómo impacta el dato de inflación en la economía
El dato llega en un contexto de señales mixtas en la economía estadounidense: el mercado laboral se enfría (con menor contratación y un desempleo que subió a 4,3%), al tiempo que los precios muestran resistencia a la baja. Ese escenario tensiona a la Fed, que el 16 y 17 de septiembre definirá si avanza con el esperado recorte de tasas de interés, desde el 4,3% al 4,1%, o si mantiene la cautela.
Para John Kerschner, gestor de carteras de Janus Henderson, el dato de inflación es preocupante porque anticipa un efecto directo sobre la medida favorita de la Fed: el Índice de Precios de Gastos de Consumo Personal (PCE) subyacente. “Es probable que el PCE subyacente registre un 3% o más a finales de este mes, lo que supondría la primera cifra por encima de ese nivel en 17 meses. Una vez más, se está avanzando claramente en la dirección equivocada”, destaca Kerschner.
Desde el mercado financiero, el análisis es de señales cruzadas. Según Agustín Bilinskis, director de VT Markets, un recorte de tasas en septiembre “relajaría los costos de financiamiento globales y daría impulso a activos emergentes”. En cambio, si la Fed mantiene la política restrictiva, “se sostendría un dólar fuerte y aumentaría la volatilidad financiera”.
La decisión de la Fed
La Fed se reunirá el 17 de septiembre, en lo que será la última cita antes de un probable recorte de tasas, desde el rango actual de 4,25%-4,5%, el más alto desde diciembre. Según el CME FedWatch Tool, los mercados descuentan en un 100% una baja, tras un informe de inflación mayorista más leve de lo esperado.
El presidente de la Fed, Jerome Powell, dejó la puerta abierta el mes pasado en Jackson Hole: “La estabilidad de la tasa de desempleo y otras medidas del mercado laboral nos permiten proceder con cuidado mientras consideramos cambios en nuestra política monetaria”.
El dato de inflación también refleja el impacto de las políticas de la Casa Blanca. Según Brian Coulton, economista jefe de Fitch Ratings: “El último repunte sugiere que los aranceles de Trump están comenzando a filtrarse en los precios al consumidor lentamente, muy lentamente de hecho”.
En paralelo, el presidente Trump mantiene una fuerte presión sobre la Fed para que baje las tasas. Incluso intentó desplazar a la gobernadora Lisa Cook, aunque la Justicia bloqueó la medida.
La reunión de la Fed de la próxima semana se convierte así en un evento decisivo. La inflación aún lejos del 2% y un mercado laboral que empieza a mostrar fisuras exponen a la institución a un delicado dilema: priorizar el crecimiento o la estabilidad de precios.
Lo que se resuelva en Washington no solo marcará el rumbo de la economía global, sino también las posibilidades de estabilización en países emergentes como la Argentina.