Durante la campaña que lo devolvió a la Casa Blanca, Donald Trump prometió a los estadounidenses una “era dorada” con combustible barato, inflación en retroceso y la garantía de que no iniciaría nuevas guerras. Dos años después, la realidad es otra: los precios se aceleran, la guerra en Irán se prolonga y, con las midterms que definirán el control del Congreso y gobernaciones clave a la vuelta de la esquina, candidatos republicanos marcan distancia con el presidente en un intento por asegurar su supervivencia electoral.
La guerra en Irán se ha convertido en el gran punto de quiebre. Trump había prometido que no iniciaría nuevas guerras, pero en febrero lanzó una ofensiva que ya acumula ocho meses, con 21 militares estadounidenses muertos y un costo superior a 43.000 millones de dólares, según el Departamento de Defensa. El conflicto no solo desgasta políticamente: también golpea directamente al bolsillo de los votantes.
La gasolina, que el presidente había prometido llevar por debajo de los 2 dólares el galón, cuesta hoy 4,26 dólares, un alza cercana al 40% desde su regreso a la Casa Blanca. El diésel, vital para la industria y la agricultura, trepó a 6,32 dólares, más de 70% por encima de los niveles previos, tras marcar un récord en septiembre. El encarecimiento de los combustibles se trasladó al resto de la economía y aceleró la inflación, que alcanzó 3,7% en septiembre, sensiblemente por encima del 2,9% registrado en el último mes de mandato de Joe Biden.
Los aranceles contra Canadá, en un contexto en el que el déficit comercial global de Estados Unidos se amplió en lugar de equilibrarse, la decisión de suavizar las sanciones a Rusia para importar diésel, cuestionada dentro del propio partido por relajar la presión sobre Moscú y fomentar la dependencia energética, y una política migratoria de mano dura que impacta a distritos sensibles como Florida se suman al cuadro de guerra e inflación.
El resultado es un escenario de desgaste múltiple que explica por qué candidatos republicanos en estados clave, desde Michigan e Iowa hasta Florida, se alejan del presidente, intentando despegarse de un entorno que se convirtió en un lastre para la campaña.
Giro en Michigan
En Michigan, el excongresista Mike Rogers, candidato republicano al Senado, enfrenta una contienda cerrada contra el demócrata Abdul El-Sayed , quien podría convertirse en el primer senador musulmán en la historia de Estados Unidos. El-Sayed ha buscado galvanizar a la base progresista con un discurso frontal contra la Casa Blanca: “Mi nombre no es la razón por la que están pagando más por la gasolina, ni la razón por la que no pueden comprar sus alimentos. Es su política”.
Mike Rogers (derecha) en un debate con Abdul El-Sayed.
AP
Rogers, consciente de que el 36% de las exportaciones del estado tienen como destino Canadá, se desmarcó de la guerra comercial y reclamó: “En Michigan sabemos que Canadá no es nuestro enemigo. Necesitamos terminar esta guerra arancelaria. Ahora”.
Asimismo, rechazó la idea de suavizar las sanciones a Rusia para importar diésel: “No le puedes dar a ese tipo (Vladimir Putin) ni un centímetro”, afirmó. Respecto a la guerra en Irán, vinculó directamente el conflicto bélico con el encarecimiento del costo de vida: “La guerra con Irán debe terminar y terminar rápido. Cuando lo haga, los costos de la energía se desplomarán”.
El cinturón agrícola
En Iowa, un estado tradicionalmente republicano con la economía resentida y un fuerte aumento en las quiebras de granjeros, la carrera por el Senado tiene a la representante republicana Ashley Hinson en un empate técnico frente al demócrata Josh Turek. El impacto del costo del diésel en plena temporada de cosecha forzó a Hinson a distanciarse de la Casa Blanca: “Los habitantes de Iowa están siendo asfixiados y no deberían tener que pagar la cuenta de la guerra en Irán ni en el surtidor de gasolina ni en la caja del supermercado”, afirmó.
Hinson también marcó distancia del acercamiento con Moscú: “Necesitamos bajar los precios de la gasolina y del diésel en este país, pero no creo que debamos hacer un acuerdo con Rusia para lograrlo”, señaló. Su rival demócrata no tardó en cuestionarla por el cambio de postura: “Es fácil enviar un tuit, pero cuando tuviste la oportunidad de votar para terminar esta guerra, decidiste no hacerlo. Votaste siete veces para continuarla, incluida la semana pasada”, le reprochó Turek.
La fractura en Iowa se trasladó a la Cámara de Representantes, donde los republicanos Mariannette Miller-Meeks y Zach Nunn rompieron filas y votaron junto a los demócratas para limitar los poderes de Trump para hacer la guerra. Miller-Meeks justificó su voto sin rodeos: “Los estadounidenses no quieren otra guerra eterna. No voy a votar para mantener a nuestros soldados en una guerra abierta mientras los habitantes de Iowa pagan demasiado en el surtidor”.
Mapa de fisuras
El rechazo a la prolongación de la guerra en Irán y su impacto en el combustible sumó fisuras en otros estados: en Ohio, el senador Jon Husted exigió terminar el conflicto de inmediato para bajar el precio de la gasolina, mientras que en Wisconsin el congresista y candidato a gobernador Tom Tiffany sentenció que las capacidades militares iraníes ya fueron degradadas y que es "hora de volver a casa y ocuparnos de los asuntos aquí en Estados Unidos".
En paralelo, la senadora Susan Collins en Maine rompió filas para votar resoluciones que limiten los poderes de guerra presidenciales.
El controvertido plan para importar diésel ruso congelando sanciones extendió el distanciamiento al extremo norte: en Alaska, un estado donde el sobrecosto del combustible golpea de lleno a las familias, el senador Dan Sullivan rechazó de plano comprarle cargamentos a Moscú y remarcó, a través de su equipo, que la salida es producir energía en y para Alaska, al tiempo que su par Lisa Murkowski alertó por el impacto que la guerra comercial con Canadá está teniendo en el costo de los bienes.
Las contradicciones económicas se trasladaron también a las regiones agropecuarias. En Kansas, el senador Roger Marshall, atrapado en una contienda inesperadamente pareja frente al demócrata Adam Hamilton, manifestó abiertamente su "frustración" ante la orden de Trump de bajar aranceles para importar 300.000 toneladas de carne vacuna por debajo del mercado, una medida que derrumbó los precios a futuro y desató la furia de los ganaderos locales.
En Florida, la tensión electoral sumó una dimensión distinta y directamente ligada al electorado hispano. Pese a que el estado ha sido el bastión político y de residencia de Trump, la congresista republicana María Elvira Salazar rompió públicamente con la retórica de la Casa Blanca al advertir que las operaciones de deportación masiva y de mano dura impulsadas por el gobierno “fueron demasiado lejos”.
Latinos protestan contra las redadas del ICE
EFE
La advertencia coincide con el impacto del operativo masivo a nivel federal, donde los arrestos de la policía migratoria (ICE) se cuadruplicaron hasta rozar las 50.000 detenciones mensuales y más de tres millones de indocumentados han abandonado el país.
Con menos de dos semanas para que los estadounidenses acudan a las urnas en unas elecciones legislativas que el propio Trump pidió asumir como un referéndum sobre su gestión, el clima político para los republicanos es adverso. Está por verse si el distanciamiento con Trump logra el efecto deseado en las urnas.