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En medio de una carrera tecnológica global que avanza sin freno, la convergencia entre la inteligencia artificial y los sistemas de defensa de los países es cada vez mayor. En este escenario, las potencias se apresuran por incorporar los últimos modelos de IA a sus estructuras militares. Estados Unidos busca liderar el desarrollo y consolidar su supremacía frente a un panorama internacional complejo. "La integración de la inteligencia artificial a los sistemas militares ya no es una opción; hoy es una necesidad de supervivencia", afirmó Alexander Crowther, coronel retirado del Ejército estadounidense, especialista en ciberseguridad y profesor de la Universidad Internacional de Florida (FIU).

En diálogo con El Observador USA, Crowther analizó el complejo tablero geopolítico actual, marcado por la alta tensión militar y una acelerada carrera tecnológica que no da respiro. Desde el standoff entre Estados Unidos e Irán, del cual no ve "una salida exitosa posible", pasando por la agresiva presencia económica de China en América Latina, hasta los actualizados desafíos en ciberseguridad que plantean los nuevos modelos de IA, como Mythos de Anthropic.

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Crowther advirtió que el riesgo de la IA no reside únicamente en los avances de la ingeniería de software, sino en la capacidad de quienes toman las decisiones. "El mayor problema actual de la ciberseguridad es la falta de entendimiento por parte de los líderes. Si no expanden su mente para gestionar esta tecnología de manera competente, costará miles de millones de dólares y los sistemas de protección fallarán", aseguró.

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Alexander Crowther

El laberinto de Trump en Medio Oriente

Llevamos semanas en una situación de limbo en el Medio Oriente, un alto al fuego que no es ni la paz ni la guerra entre Estados Unidos e Irán. ¿Cómo evalúa este escenario y qué salida avizora?

Donald Trump tiene un problema grave con Irán. Él pensaba que la situación sería como en Venezuela: 24 horas de violencia, la represión del régimen de Jamenei y luego la rendición. Pero no fue así. Trump no entiende el rol de la ideología en el proceso de toma de decisiones a nivel nacional; por eso tiene problemas tanto con Putin como con Jamenei, porque no entiende que ellos no van a ceder.

Hoy, los iraníes sienten que están ganando por tres razones: sobrevivieron a los golpes de Estados Unidos e Israel, su cadena de mando sigue funcionando y tienen la capacidad de cerrar el estrecho de Ormuz. Las fuerzas armadas estadounidenses no pueden prevenir las operaciones iraníes allí; basta con que abran fuego contra un solo buque para que el resto se detenga, porque las compañías de seguros no pagarán esos riesgos. Aunque Trump evaluó objetivos estratégicos como un cambio de régimen, ahora se concentra en tres demandas: frenar el programa nuclear, limitar los misiles y cortar el apoyo a grupos como los hutíes o Hezbollah. Lo complejo es que, como esto es existencial para Irán, ellos no van a negociar. Es un standoff o punto muerto: Irán gana tiempo para recuperarse y Trump busca un resultado antes de las elecciones de noviembre. No veo una salida exitosa posible; sus demandas son incompatibles.

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Hace poco trascendió un documento del Pentágono que analizaba el envío de miles de soldados a la región. ¿Es una opción real una invasión a Irán?

Es una posibilidad teórica, pero logísticamente inviable. Actualmente solo hay 13.000 soldados de combate estadounidenses en Medio Oriente. Para entrar en Irak en 2003 se necesitaron casi 600.000 personas. Irán es un país mucho más grande, por lo que se requerirían al menos 700.000 efectivos que hoy no están disponibles. Además, un despliegue de ese tamaño toma seis meses, es imposible de ocultar y le daría a Irán todo el tiempo del mundo para prepararse.

Yo no puedo recordar un precedente similar en la historia de Estados Unidos. Habitualmente los líderes políticos escuchan a la comunidad de inteligencia, pero Trump fue sorprendido por el cierre del estrecho de Ormuz porque no quiere escuchar a los expertos. Ya en los años 80, la comunidad de inteligencia y las fuerzas armadas tenían presente la capacidad de Irán de cerrar el estrecho. Pero él no quiere escuchar porque cree saber toda la verdad.

La competencia con China

Primera visita de Donald Trump a China junto a Xi Jinping. AP

¿Puede China jugar un rol mediador con Irán tras el reciente encuentro entre Trump y Xi Jinping? Se especula con un intercambio de concesiones, por ejemplo, aflojar la postura de EEUU respecto a Taiwán.

Es demasiado especulativo. Como decía Napoleón: "Nunca interrumpas a tu adversario cuando está cometiendo un error". Pekín no tiene ningún incentivo ni motivación para integrarse en una solución que ayude a los Estados Unidos en este momento.

En esta era de poderío nuclear e inteligencia artificial aplicada a sistemas de defensa, donde el hackeo es una amenaza latente, ¿cree necesario un acuerdo para evitar la "mutua destrucción asegurada" entre potencias?

No va a haber un acuerdo sobre inteligencia artificial ni entre Xi Jinping ni entre Trump, porque ambos quieren mantener su absoluta libertad de maniobra y no van a ceder ese tipo de poder. Ya lo vemos en el ámbito cibernético: China y Rusia tienen una visión completamente diferente a la de Estados Unidos y Europa, y esa misma brecha se está trasladando a la IA. No habrá consenso.

Anthropic. AP

Los nuevos desafíos de la ciberseguridad: la IA y el caso Mythos

¿Cuáles son los principales desafíos que identifica hoy en materia de ciberseguridad?

Con respecto a la ciberseguridad, existen desafíos, pero también oportunidades. La IA empodera tanto a la defensa como al ataque, a los hackers de sombrero blanco y a los de sombrero negro. El reto principal para cualquier organización es ganar el control de la IA para usarla correctamente.

China, por ejemplo, maneja una recolección de Big Data masiva; recolectan montones de datos para procesarlos y encontrar pautas estratégicas que otros no pueden ver, lo que les otorga una ventaja competitiva enorme. En el campo de batalla, los chinos y los rusos van a usar la IA de forma autónoma en sus plataformas. En cambio, Estados Unidos y Europa tienen dudas éticas y mantendrán a un humano en la toma de decisiones para evitar bajas civiles por errores algorítmicos. A Rusia y China no les interesa eso; solo quieren la capacidad operativa. Además, la IA va a empoderar a organizaciones subestatales y terroristas, dándoles herramientas peligrosas.

A principio de mes el Pentágono anunció la firma de acuerdos con siete empresas líderes en el desarrollo de la IA para integrar su tecnología en sistemas militares clasificados. En los últimos años, el despliegue de esta tecnología en el ámbito de la defensa parece haber adquirido un carácter de urgencia.

Absolutamente, la integración de la IA a los sistemas militares ya no es una opción, es una necesidad. Si no te integras a la IA, tus competidores y adversarios lo harán y te sacarán una ventaja operativa letal. También es una necesidad económica para generar eficiencia y hacer crecer el PIB. El problema es que la IA no es un ser humano: no tiene capacidad de razonamiento moral y arrastra los sesgos del código con el que fue programada. Por eso es vital verificar constantemente sus resultados.

inteligencia artificial. AP

Últimamente se ha debatido mucho sobre Mythos, el modelo de Anthropic que pueden detectar fallos de "día cero" (desconocido para el mismo programador) a nivel experto. ¿Es un peligro real para la seguridad internacional o hay una estrategia de marketing basada en el miedo?

Mythos es interesantísimo. Funciona como un ingeniero de software capaz de detectar errores sutiles, autocorregirse y, crucialmente, identificar debilidades en sistemas ajenos. El Instituto de Seguridad de IA del Reino Unido demostró que este modelo tuvo éxito en tareas de hackeo de nivel experto el 73% de las veces. Esto genera una ventaja enorme para la defensa, pero una amenaza gigantesca si cae en manos de atacantes.

Respecto al marketing, cada nueva tecnología —desde las armas nucleares hasta las ametralladoras— siempre trae oportunidades y amenazas. Lo complejo aquí es el control. En China o Rusia, el Estado controla a las empresas de tecnología. En EEUU, por el concepto de capitalismo e independencia corporativa, el gobierno evita controlar a compañías como Google, Amazon o las empresas de Elon Musk. Aunque en el centro de la población estadounidense hay un deseo de disminuir el monopolio y poder de estas grandes tecnológicas, regularlas de manera directa es sumamente difícil, más aún cuando el competidor global avanza sin esas restricciones.

La responsabilidad de los líderes

Ante este panorama, ¿cuáles son las perspectivas sobre el futuro inmediato en la acelerada carrera por el desarrollo de la IA?

Estamos viviendo en un mundo multipolar. El momento unipolar de Estados Unidos ya se acabó. Es un escenario similar a 1935, donde para el Reino Unido era muy difícil presionar a Alemania, o para EEUU frenar a Japón. No estoy diciendo que estemos en las puertas de la Tercera Guerra Mundial, pero sí que la presión unilateral ya no funciona. Necesitamos desarrollar acuerdos internacionales similares al Tratado Naval de Washington de 1922, que limitaba las capacidades de las flotas. Sería ideal lograr un tratado global sobre ciberoperaciones e inteligencia artificial, pero hoy a tanto EEUU como China creen que pueden ganar la carrera por sí mismos.

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¿Y qué lugar ocupan los líderes actuales en este nuevo mundo?

El mayor problema actual de la ciberseguridad es la falta de entendimiento por parte de los líderes. Los directivos de las empresas de telecomunicaciones o los gobernantes tienen experiencia en redes de comunicación tradicionales, pero no entienden la naturaleza disruptiva de la inteligencia artificial. Creen que integrarla es soplar y hacer botellas, pero requiere un cambio de mentalidad absoluto. La economía de EEUU está creciendo fuertemente traccionada por inversiones en centros de datos e IA, pero si los líderes no expanden su mente para gestionar esta tecnología de manera competente, costará miles de millones de dólares y los efectos de protección fallarán.

El foco en Latinoamérica y la competencia con China

En los foros de seguridad regional se habla con alarma de la presencia de China en infraestructura crítica de América Latina: el Canal de Panamá, la Hidrovía en Argentina, bases científicas de supuesto uso dual, científico y militar... ¿Cómo caracteriza esta amenaza?

Entre 1986 y 2007 trabajé intensamente en asuntos latinoamericanos. Tras los acuerdos de paz en El Salvador en 1992, Washington perdió total interés en la región porque asumió que todo estaba bajo control. Entramos en un estado de ignorancia estratégica producto de la complacencia unipolar. Los chinos entendieron perfectamente que se había generado un vacío de poder y tomaron ventaja.

Primero entraron comprando recursos naturales, pero luego pasaron a invertir fuertemente en infraestructura crítica: generación y transmisión de electricidad, oleoductos, puertos. Hoy controlan resortes clave de las economías latinoamericanas. China no tiene la capacidad militar para desplegar tropas o invadir la región, pero sí tiene el poder económico para "mandar" y presionar a los gobiernos locales para que tomen ciertas decisiones. En el Canal de Panamá, el temor del gobierno estadounidense no es que China cierre físicamente el canal, la Autoridad del Canal (ACP) es bastante independiente, sino la influencia que ejercen a través de empresas portuarias como Hutchinson Whampoa.

Conferencia de Seguridad Hemisférica FIU. Cortesía 44

¿Y cómo puede Estados Unidos competir con esto?

Estados Unidos tiene que regresar a Latinoamérica, y no de manera militar, sino a través de la diplomacia y el crecimiento de las relaciones con sus socios y aliados. Pero la competencia principal es 90% económica. El problema vuelve a ser nuestro sistema: el gobierno de Washington no puede ordenarle a una corporación privada estadounidense que invierta determinada cantidad de millones de dólares en un país de la región para frenar a China. Necesitamos con urgencia una nueva estrategia interinstitucional público-privada y una visión geopolítica clara.

El escenario en Cuba y la disputa por las Islas Malvinas

Recientemente circuló la versión de un hipotético ataque de Cuba con 300 drones hacia Florida. ¿Qué tan verosímil es esta amenaza?

Eso fue puramente una operación de información y disuasión por parte de Cuba. Los cubanos no son estúpidos, saben perfectamente que atacar Key West o la base de Guantánamo, donde además no hay ningún blanco estratégico militar relevante, abriría la puerta a un contraataque inmediato que destruiría su régimen.

Estados Unidos ni siquiera necesita empujar o atacar a Cuba, el gobierno de Díaz-Canel no tiene dinero, no tiene combustible, no tiene recursos para sobrevivir a largo plazo. Es solo una cuestión de tiempo para su caída. Díaz-Canel tiene una oportunidad de oro: podría llamar a Trump, decirle "ahora somos capitalistas" y mañana mismo comenzarían a llover inversiones de EEUU, Canadá y Europa y él podría mantenerse en el poder. Pero volvemos al rol de la ideología: Díaz-Canel es fidelista y morirá antes de decir que es capitalista.

Lo que sí es interesante para prestar atención es el movimiento judicial en EEUU contra Raúl Castro por el derribo de las avionetas en 1996, eso podría ser un punto de presión en las sombras. Pero la vieja guardia prefiere colapsar antes que adaptarse.

Raúl Castro - AP

Para cerrar, en las últimas semanas se habló de un supuesto interés del Pentágono en abrir el debate sobre las Islas Malvinas debido a su importancia estratégica como corredor bioceánico. ¿Existe alguna posibilidad de que EEUU apoye el reclamo de Argentina frente a Gran Bretaña?

No. Es muy simple: Estados Unidos jamás va a intervenir en contra del Reino Unido, y los británicos van a defender su posición. Además, Argentina no está buscando un conflicto militar, el presidente Milei no quiere enfrentarse con nadie en Europa. La guerra de 1982 fue un manotazo de la Junta Militar para desviar la atención de la crisis económica interna, y hoy la situación es otra. Todo este ruido responde a mensajes que Trump lanza en redes sociales o comentarios informales simplemente para molestar a sus aliados y adversarios, una táctica para dejarlos descolocados y sacar ventaja de la imprevisibilidad. No hay un cambio de postura real en el sistema de defensa estadounidense.

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