Tras un mes en que la administración de Donald Trump se concentró en sanciones económicas para intentar doblegar al régimen iraní, la guerra volvió al terreno militar en el estrecho de Ormuz, la vía marítima por donde circula una cuarta parte del petróleo que consume el planeta.
Fuerzas estadounidenses bombardearon lanzacohetes iraníes en el estrecho de Ormuz. En represalia, Irán lanzó misiles contra bases militares de Estados Unidos en Jordania. El ejército jordano informó que interceptó ocho proyectiles que penetraron su espacio aéreo en la madrugada del lunes.
El cruce de ataques repercutió de inmediato en los mercados: el precio del crudo Brent, principal referencia internacional, volvió a escalar por encima de los 90 dólares el barril.
Mandos militares de Estados Unidos refutaron la versión iraní de que los más recientes ataques fueron un acto de agresión y los definieron como una “acción limitada y precisa” contra fuerzas que, según dijeron, estaban colocando minas en el estrecho de Ormuz.
Estados Unidos e Israel atacaron a Irán el 28 de febrero con el objetivo de eliminar toda posibilidad de que desarrollara un arma nuclear. La respuesta de Teherán fue cerrar el estrecho de Ormuz, desatando una reacción en cadena que disparó el precio del barril, encareció los combustibles y golpeó a la economía global.
El 17 de junio se firmó un memorando de entendimiento para detener el fuego y abrir un espacio de negociación por 60 días, pero lo que debía ser el inicio de una paz duradera derivó en un retorno paulatino a la guerra, con Irán intentando controlar la navegación en el estrecho de Ormuz.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado en reiteradas ocasiones que el “estrecho de Ormuz está abierto”, y dijo que 24 embarcaciones atravesaron la vía la semana pasada. Pero la cifra es apenas una fracción frente a los aproximadamente 130 navíos que pasaban diariamente por el estrecho antes de que la guerra empezara.
Horas antes el domingo, una coalición multinacional supervisada por la Armada de Estados Unidos señaló que el tráfico comercial a través del estrecho se mantenía en “niveles reducidos”.
Ministros en el G20
El pasado 24 de agosto Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, presentó una nueva fase de la ofensiva económica contra Irán y lanzó una advertencia a los países que persistan en comerciar con Teherán: Washington impondrá sanciones a quienes no cooperen en la estrategia de aislamiento total del régimen de los ayatolás.
En rueda de prensa, Bessent afirmó que “nuestro objetivo es cortar cada salvavidas económico que sostiene a este régimen tiránico hasta que Teherán quede completamente aislado” y advirtió que los países que no se sumen a las sanciones estadounidenses “compartirán el aislamiento” de Irán.
Scott Bessent secretario del Tesoro
AP
En este contexto se desarrolla la reunión de los ministros de finanzas del G20, el grupo de las mayores economías mundiales como China, India, Japón y Francia, en Estados Unidos y Washington utilizará el foro para presionar por respaldo a sus sanciones sobre la economía iraní.
Scott Bessent, dirigirá las discusiones, en dúo con el presidente de la Reserva Federal estadounidense Kevin Warsh.
Teherán se mantiene en su postura desafiante. El general Hossein Mohebi, portavoz de la Guardia Revolucionaria, dijo en un comunicado difundido por medios iraníes que el ataque de Estados Unidos fue un “error fatal del régimen de Trump durante la guerra económica”, y el enemigo pagará las consecuencias a nivel militar y económico.