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En medio de los cuestionamientos al memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán para finalizar la guerra, por supuestamente favorecer a la república islámica, Donald Trump defendió el acuerdo y advirtió que está dispuesto a retomar los bombardeos si Teherán incumple lo pactado. Finalmente, tanto el presidente estadounidense como su par iraní, Masoud Pezeshkian, firmaron el miércoles por la noche el documento a distancia.

"Estos tontos, que piensan que no he sido lo suficientemente duro con Irán, cuando la bolsa acaba de alcanzar un MÁXIMO HISTÓRICO y los precios del petróleo se están 'desplomando', o son envidiosos, gente mala o estúpidos", escribió Trump en su red Truth Social tras las críticas.

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Trump en Versalles

Trump asistió por la noche a una cena con el presidente francés, Emmanuel Macron, tras el cierre de la cumbre del G7, donde firmó el documento. “Está firmado”, dijo Trump. “Lo firmé en Versalles. Recién lo firmé”, precisó, en referencia al memorando de entendimiento, reseñó la agencia AP. La Casa Blanca publicó un video del momento en redes sociales.

“No fue fácil”, dijo Trump justo antes de firmarlo, según un video publicado en redes sociales por Macron.

Previamente se había especulado con la posibilidad de que tanto Trump como Pezeshkian asistieran el viernes a una ceremonia en Ginebra para la firma, que se concretó a distancia. El mandatario iraní firmó electrónicamente el acuerdo, que calificó de "histórico".

Según Pakistán, mediador de las negociaciones, el memorando entra en vigor "con efecto inmediato". Además, indicó que el viernes habrá una ceremonia en un hotel de lujo en Bürgenstock, una montaña suiza con vistas al lago de Lucerna, para "conmemorar este hito y dar inicio a las discusiones técnicas".

Qué establece el acuerdo

El documento establece que Irán se comprometió a diluir sus reservas de uranio enriquecido —un avance respecto al objetivo de Washington de impedir que obtenga armas nucleares—, mientras el régimen de los ayatolás recibe una generosa exención inmediata de sanciones para vender petróleo y obtener beneficios, que podría ampliarse hasta incluir un levantamiento total de restricciones y acceso a un fondo de 300.000 millones de dólares para financiar la reconstrucción del país.

El acuerdo también prevé la apertura del estrecho de Ormuz sin peajes durante dos meses, pero no excluye el cobro de cuotas en el futuro, según los borradores de ambos países. Irán había señalado que pretendía utilizar el dinero recaudado para la reconstrucción del país. De todas formas, esto chocaría con el Artículo 17 del Tratado del Derecho del Mar, ratificado por 171 naciones y la Unión Europea, que garantiza el derecho de "paso inocente" para los buques que no representen una amenaza para los estados ribereños.

El pacto exige un fin permanente de las hostilidades y pone en marcha un reloj de negociación de 60 días para alcanzar un acuerdo final sobre el futuro del programa nuclear de Irán, aunque Trump dejó abierta la puerta a reanudar los ataques.

Desde la cumbre del G7 en Francia, el mandatario estadounidense se había esforzado en subrayar que el documento no es un acuerdo final. “No, no es definitivo. Es un memorando de entendimiento”, afirmó, y agregó: “Si no cumplen eso, probablemente volveremos a bombardearlos hasta que lo cumplan”. Luego recalcó: “Es increíble lo que pueden hacer las bombas”.

Irán, por su parte, se mostró optimista. "Este acuerdo constituye el fracaso de Estados Unidos", afirmó el negociador en jefe iraní, Mohamad Baqer Qalibaf, quien además es el influyente presidente del Parlamento.

En Estados Unidos se cuestionó que Trump dio demasiadas concesiones Irán, con críticas incluso dentro del Partido Republicano de Trump. "Las ambiciones nucleares de Irán no fueron frenadas, y han aprendido que amenazar el Estrecho de Ormuz funciona y sin duda lo aprovechará en el futuro", dijo en una publicación en X el senador saliente Bill Cassidy, de Luisiana. "Este es el peor error de política exterior en décadas", añadió el republicano.

Los misiles

Trump defendió que Irán conserve parte de su arsenal de misiles balísticos, un asunto que, según dijo, quedará fuera del marco nuclear y será tratado junto a los aliados del Golfo Pérsico. Desde su punto de vista, prohibirle esa capacidad sería inviable en una región donde sus rivales ya disponen de armamento similar.

Relató que algunos asesores le habían pedido impedirlo, pero su respuesta fue tajante: “¿Voy a dejar que Arabia Saudita tenga misiles, pero ellos no pueden tenerlos?”. Insistió en que esa lógica no funcionaba y buscó minimizar el alcance del arsenal iraní: “Los misiles dañan un pequeño lugar, pero no hacen volar el planeta”, explicó.

Teherán

Antes de los ataques de febrero, el secretario de Estado, Marco Rubio, aseguraba que era "un problema" si Irán no quería discutir el tema de los misiles balísticos. Y pocos días antes, en su discurso sobre el estado de la Unión, Trump aseguró que Irán buscaba desarrollar misiles que podrían golpear a Estados Unidos. "Ya han desarrollado misiles que pueden amenazar a Europa y a nuestras bases en el extranjero, y están trabajando para construir misiles que pronto alcanzarán a Estados Unidos", declaró.

La posesión de misiles ha sido una línea roja para el liderazgo iraní en las negociaciones diplomáticas. Teherán los utilizó en ataques contra Israel y contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, lo que mantiene viva la preocupación de sus adversarios.

Trump buscó transmitir control con una cifra precisa: “Probablemente destruimos entre el 84 y 85 por ciento de sus misiles. El resto está bajo tierra; ni siquiera pueden sacarlos”, aseguró.

La presión de Ormuz

Durante el conflicto, Trump minimizó el impacto sobre la economía global, pero ahora reconoció que el tiempo jugaba en su contra. En febrero, Estados Unidos e Israel atacaron a Irán con el objetivo de destruir su capacidad para fabricar armas atómicas. En respuesta, Teherán cerró el estrecho de Ormuz, la ruta marítima por donde transita una quinta parte del petróleo que abastece a la economía mundial.

El cierre del estrecho obligó a la mayoría de los países de Europa y Asia a recurrir a sus inventarios de crudo, que se desplomaron a mínimos históricos. Para Trump, esa señal anticipaba un desastre inminente y lo llevó a subrayar la urgencia de reabrir Ormuz.

“En cuatro semanas nos quedamos sin reservas”, admitió Trump, y advirtió: “sería un caos”. Subrayó que el acuerdo con Irán permite “que los barcos pasen” por el estrecho algo que no sucedería “si seguimos bombardeando".

Estrecho de Ormuz

En su informe de mayo, la Agencia Internacional de Energía precisó que los inventarios de crudo y productos refinados se redujeron en marzo y abril, en medio del cierre del estrecho de Ormuz, a un promedio de 4 millones de barriles diarios, una caída equivalente al consumo conjunto de España, Italia y Francia.

Tras el anuncio de que la vía marítima se abrirá nuevamente a partir de la firma del acuerdo, el precio del petróleo comenzó a retroceder y el barril Brent, el principal marcador, se ubicó por debajo de los 80 dólares después de haber superado la barrera de 100 dólares durante el conflicto.

Aunque el retroceso del Brent refleja la expectativa inmediata de mayor suministro, los analistas advierten que el alivio será limitado. La magnitud del atasco logístico, el daño a la infraestructura energética y la desconfianza sobre la seguridad del estrecho hacen que la recuperación del mercado petrolero se proyecte como un proceso largo y frágil.

Triunfo en el G7

Trump se atribuyó un triunfo en la cumbre del G7, donde los líderes expresaron apoyo al memorando de entendimiento en declaraciones individuales y en un comunicado conjunto.

El mandatario estadounidense celebró esas manifestaciones, argumentando que reflejaban el valor del acuerdo negociado. “Todos emitieron declaraciones diciendo que aman este acuerdo porque quieren verlo”, dijo Trump y afirmó que hay un gran alivio en Europa y Asia por la próxima apertura del estrecho de Ormuz.

Trump en el G7

Trump desestimó la pregunta de un periodista sobre si alguno de los líderes del G7 le había expresado preocupación de que Estados Unidos hubiera violado el derecho internacional al lanzar ataques contra Irán. Funcionarios de Alemania, Italia y Francia —miembros del grupo— habían criticado inicialmente la guerra como una violación de esas normas.

El presidente respondió con firmeza: “No, no, en realidad lo contrario. Sintieron que (Irán) era muy peligroso”. Y añadió: “Estaban muy aliviados porque ellos también podían ser golpeados. No, nunca discutimos eso. No, sería lo contrario”.

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