Hay gestos en el fútbol que trascienden el resultado táctico y quedan grabados en la retina del espectador. En el banco del combinado de Japón que este jueves a la hora 7.05 enfrenta a la selección uruguaya de Diego Forlán en el primero de los partidos de la fecha FIFA de setiembre-octubre, Hajime Moriyasu encarna esa extraña y fascinante dualidad entre la sensibilidad absoluta y la precisión de la disciplina asiática.

El ritual comienza mucho antes de que la pelota empiece a rodar. En cada previa, durante el protocolo de los himnos nacionales, la cámara busca inevitablemente su rostro. No falla: los ojos de Moriyasu se llenan de lágrimas y las mejillas se humedecen mientras entona las estrofas del Kimi ga Yo.

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Para el ojo ajeno, puede parecer una simple emoción pasajera de partido; para él, es un peso histórico conmovedor.

Un creador de contenido rescató tiempo atrás la propia voz del entrenador explicando ese sollozo recurrente: "Cuando canto el himno nacional, siento como si toda la historia cayera sobre mí. Siento que Japón como país y también el fútbol japonés, existen gracias a todo lo que hubo antes y siento que yo también puedo formar parte de esta historia, por eso se me salen las lágrimas".

Sus extraños mensajes con enormes carteles a sus jugadores en el Mundial 2026

Sin embargo, en cuanto el árbitro da la orden de inicio, Hajime Moriyasu pasa a ser el estratega pragmático de la selección de Japón.

Durante el intenso empate 2-2 frente a Países Bajos en Dallas en el pasado Mundial 2026, el entrenador japonés dejó una de las postales más insólitas del torneo: un asistente trazaba con marcador números gigantescos sobre una pizarra táctica -el 45, el 3, el 2- y Moriyasu la levantaba en alto hacia el campo de juego.

Lejos de recurrir a los habituales gritos o a las señas con los dedos que suelen perderse en la inmensidad del estadio, el técnico de Japón ideó este método casero pero sumamente efectivo.

Los números ocupaban toda la superficie del cartel para que los futbolistas más alejados, como los extremos que recorren la banda opuesta, supieran exactamente cuántos minutos restaban de juego sin perder la concentración.

De las lágrimas por la memoria de sus ancestros a la practicidad de un cartel manuscrito: así rige Moriyasu el destino del país del sol naciente.

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