ver más

Esto, escrito por Walt Whitman en Leaves of Grass (1892) por un lado.

¿Me contradigo?

Pues bien, me contradigo.

(Soy inmenso, contengo multitudes).

Esto, escrito por Bram Stoker, en Drácula (1897).

La terrible lucha que he librado contra el sueño tan a menudo últimamente; el dolor del insomnio, o el dolor del miedo a dormir, y con un horror tan desconocido como el que ha tenido para mí. Qué benditas son algunas personas cuyas vidas no tienen miedos ni temores; para quienes el sueño es una bendición que llega cada noche y solo trae dulces sueños.

Hay un punto en la historia de la literatura, en la historia de las vidas, donde estos dos autores se cruzan. Desde Dublín, en 1872, Bram Stoker (1847 – 1912) escribió una carta dirigida a Whitman (1819 – 1892) que guardó durante cuatro años en su escritorio, antes de tomar el coraje para enviarla.

Es que Stoker, conmovido por el poemario Leaves of Grass, se volvió un fanático de Whitman a tal punto que él y sus compañeros del Trinity College se llamaban a sí mismos “Walt Whitmanitas”.

La fascinación de Stoker por Whitman comenzó cuando, siendo estudiante en el Trinity College, leyó una crítica feroz de Poems by Walt Whitman (una selección de Leaves of Grass). En lugar de rechazar la obra como su entorno académico y social esperaba, Stoker, al igual que muchos escritores de su época, se sintió atraído por la controversia y comenzó a leer a Whitman por sí mismo.

La crítica había intentado ridiculizar la poesía de Whitman, tildándola de "caótica" y "ruda", pero Stoker encontró en estas características una belleza liberadora. La palabra "caótica", lejos de ser un defecto, resonó en su sensibilidad.

En palabras de Stoker, que deja en la carta al propio Whitman:

“Así fue como llegué a ti. Hace unos dos años o más, apareció una reseña de tus poemas en la revista Temple Bar. La hojeé y di por terminante su lectura, y me reí de ti entre amigos. Lo digo para mi vergüenza, pero no para arrepentirme, pues me ha enseñado una lección para toda la vida, sin haber visto jamás tus poemas. Más de un año después, oí a dos hombres en la universidad hablar de ti. Uno de ellos tenía tu libro (la edición de Rossetti) y estaba leyendo en voz alta algunos pasajes, lo que provocó la risa de ambos. Eligieron solo los pasajes más desconocidos para los oídos británicos y se burlaron de ellos. Me di cuenta de que te había juzgado precipitadamente. Me llevé el volumen a casa y lo leí hasta bien entrada la noche. Desde entonces tengo que agradecerte muchas horas felices, he leído tus poemas con la puerta cerrada a altas horas de la noche y los he leído en la orilla del mar, donde podía mirar a mi alrededor y no ver más señales de vida humana que los barcos en el mar: y aquí me encontré a menudo despertando de un ensueño con el libro abierto delante de mí”.

La carta es un desbordante testimonio de la admiración de Stoker por el poeta estadounidense. Fue escrita en un momento de su vida en que aún no había encontrado su voz como escritor (estaba lejos de haber escrito el famoso Drácula), pero ya sentía la urgencia de conectar con aquellos autores que, como Whitman, representaban una libertad que su entorno irlandés le negaba.

La carta comienza llena de pudor, de vergüenza. Como si se sonrojara. “Si eres el hombre que creo que eres, te gustará recibir esta carta. Si no lo eres, no me importa que la quemes sin leerla”, escribe.

Y hay algo, además, de una literatura epistolar de niños. “Soy de seis pies y dos pulgadas de alto, peso doce piedras, y solía tener alrededor de 41 o 42 pulgadas en el pecho. Soy feo, pero fuerte y determinado”, relata Stoker sobre su cuerpo. Cómo se ve, cómo me veo, quién soy. No nos conocemos, pero así me veo.

Lo que sigue en la carta es una declaración de admiración profunda, pero también una búsqueda. “Pero ten por seguro esto, Walt Whitman: que un hombre de menos de la mitad de tu edad, criado como conservador en un país conservador, y que siempre ha oído tu nombre gritado por la gran masa de gente que lo menciona, aquí sintió que su corazón saltaba hacia ti a través del Atlántico y su alma se hinchaba ante tus palabras o, mejor dicho, ante tus pensamientos”, es uno de los tantos halagos de Stoker.

El impacto de Whitman en Stoker es clave. Stoker abrazó su obra. La carta, por lo tanto, también es un espejo de las tensiones literarias y políticas de una época. Stoker, que creció en una Irlanda profundamente conservadora y católica, encontró en Whitman un refugio para explorarse, mucho antes de plasmar estas luchas en Drácula, su obra más famosa.

No en vano, esa carta contiene frases como estas:

“Te has liberado de las ataduras y tus alas son libres. Yo aún llevo las ataduras sobre mis hombros, pero no tengo alas”.

“Te escribo porque eres diferente a los demás hombres. Si fueras igual a la masa, no te escribiría. Tal como están las cosas, debo llamarte Walt Whitman o no llamarte en absoluto, y he elegido esto último”.

“Amo toda poesía, y los pensamientos elevados y generosos hacen que las lágrimas acudan a mis ojos, pero a veces una palabra o una frase tuya me aleja del mundo que me rodea y me coloca en una tierra ideal rodeada de realidades más que cualquier poema que haya leído jamás”.

Stoker y Whitman se conocieron en persona en 1884, después de años de correspondencia. Su relación continuó durante los años siguientes hasta la muerte de Whitman en 1892, y a lo largo de este tiempo, Stoker cultivó una admiración por Whitman que influiría en su propia obra.

Aunque sus visiones sobre la vida y la literatura diferían en muchos aspectos, la carta de Stoker no solo documenta su admiración, sino también el nacimiento de una influencia literaria fundamental.

Tres semanas más tarde después de haber enviado la carta, el 6 de marzo de 1976, Stoker recibió respuesta. Entre agradecimientos, agradecimientos, agradecimientos, al final, Whitman puso en papel: “Mi físico está completamente destrozado, sin duda para siempre, por la parálisis y otras dolencias. Pero ya estoy levantado, vestido y salgo un poco cada día. Vivo aquí bastante solo, pero con energía y buen humor. Escríbeme de nuevo”.

Así fue.

Temas:

La belleza de las cartas Bram Stoker Walt Whitman Drácula