En una entrevista, el diseñador irlandés Jonathan Anderson dijo esto: “Seamus Heaney. Maravilloso. Y recuerdo que, cuando era niño, iba a escucharlo leer porque mi madre era profesora de inglés. Y fue algo fascinante que, de una manera extraña, el poeta o el escritor en Irlanda fuera como la estrella de rock en otras sociedades. Ser escritor o poeta era algo muy importante. En definitiva, era un trabajo muy estimado”.
En la primavera de 1995, Seamus Heaney, ya reconocido internacionalmente, se encontraba en un período de intensa actividad creativa y personal. Había estado viajando extensamente, incluyendo visitas a Australia y Polonia, y estaba en medio de proyectos literarios significativos.
Por su parte, Tom Sleigh, profesor de inglés en Dartmouth College desde 1986, mantenía una amistad cercana con Heaney desde su encuentro en 1984, después de una lectura en el Fine Arts Work Center en Provincetown.
En ese entonces, Heaney le envió una carta a Sleigh, en el contexto de esa relación profesional y personal. Hoy la recoge el libro Las cartas de Seamus Heaney (The Letters of Seamus Heaney, 2024, de la editorial Farrar, Straus and Giroux) y aquí hay una versión de la misma, junto a varias otras, en inglés.
Contiene algunas frases repletas de belleza :
“El habitual pánico encorvado y con los ojos desorbitados acerca de cómo podría hacer esto y aquello y todavía tener tiempo para los amplios placeres de los paseos en trineo en Wicklow intervino de manera demasiado automática”.
“Es mi cumpleaños y es un día de Pascua absolutamente primaveral. Efectivamente el Jueves Santo. Cincuenta y seis años. El hecho de que esté sentado al aire libre (cf. Mark Twain sobre la campiña inglesa) te dará una idea de la extraordinaria pausa y aplomo del clima. El momento más hermoso de los árboles. De hecho, el cerezo Housman está haciendo florecer sus copos de nieve sobre mi cabeza... y ya no quedan cincuenta primaveras "para ver las cosas en flor". La obra. La obra. Campanadas a medianoche. La la. Horrible pero... bueno, tampoco alegre”.
“Una línea trazada, un terreno en pie y un dolor constelado”.
En un artículo para la Poetry Foundation, Sleigh recordó cómo la conversación de Heaney estaba impregnada de "autoironía y humor pícaro", haciendo que quienes lo rodeaban se sintieran "más inteligentes, más divertidos y más genuinamente vivos".
Sleigh, incluso, participó en lecturas y discusiones sobre la obra de Heaney, incluyendo su participación en el podcast de The New Yorker, donde analiza el poema " In the Attic" de Heaney.
Seaney escribe aquella carta el día de su cumpleaños número 56, que coincidió con un Jueves Santo de clima excepcionalmente agradable en Irlanda. La referencia a "Loveliest-of-trees time" alude al poema "Loveliest of Trees" de A. E. Housman, evocando la imagen de cerezos en flor y la conciencia del paso del tiempo.
La naturaleza y la temporalidad: dos temas típicos de la poesía de Heaney y de su forma de ver el mundo. De su forma de ser humano. Porque, en definitiva, “la literatura trata sobre ser un maldito ser humano”, al decir de David Foster Wallace.
Uno de los aspectos más destacados de la carta es la mención de Heaney sobre su decisión de emprender la traducción de "Beowulf", un poema épico en inglés antiguo en la tradición de la leyenda heroica germánica que consta de 3.182 versos aliterados.
Este proyecto, que inicialmente había rechazado en la década de 1980, se convirtió en una de sus obras más reconocidas, valiéndole el Premio Whitbread en 1999. En la carta, Heaney describe cómo, después de años de posponer la tarea, finalmente decidió abordarla, completando 400 líneas en un corto período.
Allí, expresa dudas sobre la validez del proyecto, cuestionando si vale la pena traducir tres mil líneas para siquiera una "tocada de originalidad" en la metáfora del "seafarers’ stook". Sin embargo, esta decisión de finalmente asumir la traducción de "Beowulf" marcó un hito en su carrera, consolidando su habilidad para trasladar la riqueza del inglés antiguo al lenguaje moderno, manteniendo la musicalidad y sensibilidad de los versos.
La correspondencia también muestra el humor autocrítico de Heaney, del que hablaba Sleigh. Se compara, por ejemplo, con otros poetas que han traducido clásicos como Homero y Dante, sugiriendo que a él le tocó "Beowulf" por haber estudiado inglés anglosajón.
Su traducción, que eventualmente se publicaría en 1999, no solo hizo que "Beowulf" llegara a una nueva audiencia, sino que también redefinió la forma en que los lectores modernos podían conectar con esta epopeya medieval.
La carta a Tom Sleigh es un documento fascinante no solo por sus referencias literarias, sino porque encapsula un momento de transición en la vida de Heaney. En ella se muestra su lucha entre el mundo académico y el deseo de sumergirse en el proceso creativo, o la idea de regresar a enseñar después de haber experimentado un período de libertad y creatividad en su cabaña, que le genera cierta resistencia.
Es un testimonio de la calidez, el ingenio y la calidad artística del poeta irlandés. En ella, Heaney se debate entre la escritura, la enseñanza, la amistad y la inevitabilidad del tiempo. Y la intensidad de la vida creativa, marcada por momentos de duda, epifanías inesperadas y una conexión inquebrantable con la literatura y el lenguaje.
Esta carta es la esencia de Heaney como poeta. Su sensibilidad, su humor y su inquebrantable amor por la palabra escrita. La belleza de este texto radica no solo en su contenido, sino en el hecho de que lo bello es el instante más humano posible.