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Si un deportista imagina una victoria, es así: en una final, en un clásico, de atrás, en la última pelota. Y así se dió: cuando parecía que la clasificación se iba para Chile, de forma injusta para Uruguay, que había hecho todo lograrlo. Pero cuando las chances se iban, cuando medio error era fin del partido, Mateo Viñals vio un pequeño espacio, aceleró y quebró la defensa para jugar justo con Tafernaberry cuando llegaba el tackle y que el joven medioscrum apoyara. 12-10 de atrás, como piden los clásicos.

Con este triunfo en los cuartos de final del Seven de Madrid, Los Teros sevens lograron el ascenso al Circuito Mundial para la próxima temporada, tras ser los mejores del circuito de ascenso este año.

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Tuvieron que remar contra este formato curioso, caprichoso, en el que todo el trabajo de un año se decide en 14 minutos, porque los 8 equipos que juegan esta Qualy (los 4 peores del A y los 4 mejores del ascenso) clasificaban en un partido cuartos de final. Uruguay hizo todo para lograrlo: ya no había merecido descender (fue 11° entre 15 el año pasado pero descendió porque se redujeron 4 plazas en un cuadrangular final), fue el campeón del Challenger de ascenso este año y encima en Madrid entró segundo de su grupo. Pero el formato lo obligaba a ratificarlo una vez más, justo ante Chile, el clásico sudamericano, que fue tercero en el grupo B tras ganarle a Samoa y perder con España y Kenia.

Pero lo hizo, mostrando una fortaleza mental admirable. Este equipo estaba en esa zona especial, cuando el juego fluye y los jugadores se tienen confianza. Pero el clásico era especial y era lógico que se sintiera la presión.

Pero hay algo mas con este equipo, el único deporte colectivo clasificado a los Juegos Olímpicos. Buena parte tiene explicación conocida: un proceso de trabajo organizado y serio, de varios años, dentro de la estructura exitosa del rugby uruguayo. Pero hay más. Porque este equipo ha tenido que enfrentar por meses la presión de saberse entre el límite de la existencia del propio proyecto profesional de seven. Este año subsistió a pesar del descenso porque enfrente estaba la clasificación a los Juegos Olímpicos, pero todos sabían que, sin eso, una eliminación era volver a tiempos de proyecto amateur, que se armaba para cada torneo.

Y el equipo enfrentó eso con una madurez increíble. Trabajaron como nunca, aun con menos competencia, y se mostraron como el mejor equipo del ascenso. Y dieron sobradas muestras de ser el mejor equipo, haciendo frente a esa presión extra. El formato los obligó a ratificarlo una y otra vez, hasta que en la última casi se les escapa. Pero no. Porque además de preparación, juego y cabeza, este equipo tiene un corazón increíble.

El camino a la final

Uruguay llegó a esta definición tras golear en el debut a Canadá (equipo del Circuito A) 41-7, un partido que se desnaturalizó al minuto cuando los norteamericanos recibieron una tarjeta roja. Luego cayeron ante EEUU 29-14 en un partido parejo, y el sábado vencieron con autoridad a Alemania 26-14, con gran trabajo en patadas y recepciones, contraruck y definición en el segundo tiempo.

En la final empezaron ganando con try de Bautista Basso, pero el partido tuvo un giro por una amarilla a Lijtenstein por choque de cabezas en un tackle que le permitió a Chile darlo vuelta 10-7 a falta de un minuto.

Pero había una más. Y un equipo uruguayo en cancha. Eso alcanzó para escribir otra página histórica.

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Los Teros 7 Rugby