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El astillero gallego Cardama, al que Uruguay se apresta a comprarle en US$ 92 millones dos patrulleras oceánicas que nunca construyó, está rematando en Internet un barco que construyó en 2011 y hasta ahora no logró vender.

Se trata del C-242, un barco que Cardama ha intentado colocar en diversos mercados, Uruguay incluido, y que nunca encontró comprador. Ahora fue colocado en una subasta pública en el portal de remates Gobid.es, según informó este jueves el diario La Voz de Galicia.

“Lleva más de una década buscando comprador y ahora sus propietarios prueban suerte ofreciéndolo al mejor postor en un portal de subastas industriales de Internet”, señaló el periódico.

El C-242 es un buque de inspección pesquera y rescate, de 68,7 metros de eslora, que se ha intentado vender a Dinamarca, Uruguay, Australia y a la Agencia Europea de Control de Fronteras, pero la operación siempre se frustró por falta de interés de los compradores.

La historia del barco que lleva una década buscando un nuevo dueño comenzó en 2007 cuando Dinamarca se lo encargó al astillero gallego MCíes, que quebró en 2009.

Cardama se quedó entonces con el proyecto y culminó el barco en noviembre de 2011, pero Dinamarca no aceptó el barco terminado. Desde entonces Cardama se ha dedicado a buscar un comprador.

En 2016 el astillero gallego, que tiene sede en Vigo, invitó a una delegación de la Armada con el fin de ofrecer a Uruguay el C-242. Los marinos uruguayos que lo vieron no lo encontraron apto para desempeñarse como patrullero, tal como se pretendía venderlo.

El almirante Jorge Jaunsolo integró aquella delegación y dio un informe negativo sobre la eventual compra. En agosto dijo a El Observador que Cardama es un astillero de menor porte que el Dique Nacional, sin dique seco y destinado a barcos de pesca. “Lo único que vi ahí fueron pesqueros”, recordó.

Otro integrante de la delegación uruguaya fue el exsenador y empresario Alberto Iglesias, recientemente condenado en el concurso judicial por su desempeño al frente de Casa de Galicia.

Cardama no pudo concretar su venta a Uruguay aquella vez, pero ahora está a punto de lograr venderle a la Armada dos patrulleras oceánicas, tras un proceso que ha generado todo tipo de críticas y cuestionamientos.

El gobierno ha extendido una y otra vez los plazos para que el astillero español presente los avales necesarios, que hasta el momento no ha logrado conseguir.

Proceso opaco

La compra de dos patrulleras oceánicas por parte de la Armada ha sido un proceso tortuoso y lleno de opacidades.

Un primer llamado realizado durante el actual gobierno se basó en un extenso pliego de condiciones. En marzo de 2022 se abrieron las tres ofertas recibidas, que correspondían a las firmas Damen (Holanda), Kership (Francia) y China Shipbuilding Trading Co. (China).

Según se informó, la comisión técnica asesora de la Armada sentenció que solo la oferta china cumplía con los requerimientos establecidos en el pliego. Pero Damen interpuso dos recursos administrativos por entender que había sido mal evaluada y pidió anular lo actuado.

En setiembre de 2022 se sumaron nuevas sombras al proceso. El Observador informó que un alto funcionario de la embajada de Estados Unidos le había transmitido al senador Carlos Camy el malestar de Washington con la posible compra de las OPV a Pekín.

En medio de estos cuestionamientos, diez meses después de la apertura de los sobres, en enero de 2023, el entonces ministro Javier García declaró desierta la licitación ya que las tres ofertas eran más caras de lo que Uruguay podía gastar. El ministro diría luego que las ofertas habían sido de US$ 168 millones por los dos buques.

El 7 de marzo el embajador de China, Wang Gang, le manifestó a García, el “descontento” de su gobierno con el manejo del tema.

Mientras tanto, y cambiando de modo radical el rumbo tomado, el gobierno anunció que se estaba explorando la compra de dos patrulleras noruegas usadas. Oficiales de la Armada viajaron al país nórdico a inspeccionarlas. Pero también se las descartó y el rumbo volvió a cambiar.

Antes de que finalizara abril se realizó un nuevo llamado internacional para que se presentaran ofertas. Pero a diferencia de la convocatoria de 2021, no hubo un pliego exhaustivo de requerimientos y condiciones. Apenas contactos informales.

El plazo para presentarse aún no había vencido cuando se supo que una delegación de la Armada y del Ministerio, encabezada por el entonces subsecretario Rivera Elgue y el jefe de gabinete del comandante de la Armada Jorge Wilson, el capitán de navío Marcelo da Silva, había visitado a una de las empresas que estaban compitiendo: Cardama, la misma de la frustrada oferta de 2016.

El 31 de mayo, el contraalmirante Gustavo Musso, jefe del Estado Mayor de la Armada, elevó a Wilson un detallado análisis de las ofertas recibidas. El informe –que fue hecho público el 12 de junio por El Observador- consideró que la mejor oferta era la del astillero español Gondán. En un segundo puesto, Musso calificó a Cotecmar, de Colombia, y Kership, de Francia. Detrás de ellos, situó a Hyundai, de Corea del Sur. Y cerrando a lista, en el quinto y último lugar… Cardama.

Según el análisis de Musso, quien renunció tras presentar su informe, Cardama falla en varios puntos centrales: lleva seis años sin fabricar un buque del tamaño que Uruguay busca, carece de experiencia en la construcción de patrulleros de alta mar y nunca construyó un casco de patrullera como el que está ofreciendo.

Todo el proceso ha generado resquemores en Frente Amplio. En diciembre, la senadora Sandra Lazo manifestó en la Comisión de Defensa de la cámara alta que veía con preocupación la contratación de “un astillero sin experiencia en este tipo de navíos”.

“Nos preocupan los dineros públicos y la soberanía del país, como seguramente preocupan a todos en esta comisión. Pero, además, nos preocupa la seguridad del capital humano, es decir, del personal. En caso de que se concrete la adquisición”.

En vista de la información disponible, Lazo dijo que esa seguridad no está garantizada.

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