Los cuatro imputados ya habían sido señalados como responsables en una investigación administrativa realizada por la Armada. Esa investigación concluyó que Delgado fue responsable de “faltas graves”, mientras que Varietti y Nieto incurrieron en “faltas disciplinarias muy graves, pasibles de baja como sanción”.
Pero ninguno de ellos fue dado de baja. Cuando los hechos investigados, Delgado era el jefe del Servicio de Aprovisionamiento y Varietti el subjefe, mientras que Nieto era jefe de la sección Suministros.
Nieto pidió y obtuvo el retiro voluntario. Varietti también estaba tramitando su retiro, según fuentes de la Armada. Delgado pasó a retiro obligatorio al cumplir 55 años como capitán de navío, edad máxima para permanecer en ese grado.
La única expulsada de la Armada por decisión del anterior comandante en jefe, Jorge Wilson, fue la implicada de menor grado y la única mujer: la suboficial Costa.
Cristóbal Gonzáles, abogado de Costa, señaló que “quedó probado que los superiores ordenaban cambiar las licitaciones para satisfacciones personales. Esos cambios no están habilitados por la ley y, además, repercutían después en la comida del personal de tropa”.
Costa –agregó- está dispuesta a admitir su culpabilidad y firmar un acuerdo abreviado. González dijo que su clienta se vio implicada por órdenes improcedentes que le dieron sus superiores y que ella no denunció como hubiera correspondido.
“En mi opinión –agregó González- quedan más superiores y grandes mandos que deben responder ya que eran ellos los beneficiarios de los mejores cortes y las mejores carnes, en desmedro del personal”.
Carne desaparecida
Todo comenzó en 2022 cuando la marinero Dayana García le contó al nuevo jefe del Servicio de Aprovisionamiento, capitán de navío Pablo Alayon, que en la contabilidad de la sección existían 26 remitos fraguados y miles de kilos de carne faltantes.
Los mandos le ordenaron a Alayon que hiciera una investigación de urgencia que concluyó que faltaban 35 toneladas de carne de cerdo, compradas y pagadas pero nunca recibidas.
Se ordenó entonces la investigación administrativa, más exhaustiva. En este marco, se le pidió colaboración al departamento contable de la Armada. Según informó Telemundo, en marzo de 2023 la contadora Gisel Aguirre constató que las toneladas de bondiola faltantes no eran 35 sino 57,3, equivalentes a 8,4 millones de pesos.
Además, encontró otras irregularidades. Por ejemplo, que el frigorífico Saturno no siempre respetó los precios fijados en la licitación. Se cobró más caro. “Esto resultó en la entrega de menos kilos de carne que los adjudicados de acuerdo al monto facturado y pagado a la empresa”, señaló el dictamen contable.
Un tercer hallazgo de la contadora fue que se hacían “conversiones” para comprar cortes no licitados. De acuerdo a lo que declaran varios interrogados, los almirantes pedían lomo y otros cortes como colita de cuadril, asado, chorizo que se compraban descontando el saldo de bondiola, que era el corte licitado. “Eran para despedidas de oficiales, reuniones, se pedían el asado para alguna parrillada, achuras, etc”, declaró el marinero Matías Morencio, del departamento de Suministros.
Cuando estas “conversiones” ocurrían, el frigorífico fijaba por sí y ante sí el precio de los cortes no licitados, muchas veces “muy por encima de los valores del marcado”, según el dictamen contable.
“No aguantaba más”
En la investigación administrativa se tomó declaración a todos los participantes e implicados en la trama.
La marinero Dayana García declaró que le advirtió a Alayón de la existencia de los remitos falsos porque “sabía que era algo irregular” y “no aguantaba más la situación”.
Narró que tales remitos le habían sido dados para que los incorporara a los libros del Servicio de Aprovisionamiento por la suboficial Costa, con conocimiento de Varietti y Nieto. La investigación constató que estos remitos no se correspondían a verdaderas entregas de carne, pero igualmente fueron facturados y pagados por la Armada.
Costa, por su parte, dijo que le entregó los remitos falsos a García cumpliendo órdenes de Nieto. Y admitió que la carne que figura en ellos no ingresó a la Armada.
Nieto le entregó esos remitos en la plaza Cuba. “Estos remitos que firmé –declaró Costa- me los daba el capitán Nieto. Yo no controlaba las cantidades (…) Yo confiaba en la palabra del capitán Nieto”. Dijo que los firmó porque él se lo ordenó.
Según afirmó Costa, Nieto le relató que los remitos se los había dado Varietti: “Por lo que me explicó el capitán Nieto era por conversiones de carne, distintos cortes de carne de los que pertenecían a las licitaciones, era para justificar la diferencia en el precio”.
Sin embargo, la instructora de la investigación administrativa, Verónica Viaño, señaló que las 57 toneladas que faltan no se podían explican por “conversiones”, sino que constituían otra irregularidad paralela.
Varietti, por su parte, negó haberle dado los remitos a Nieto, negó también que quedaran saldos pendientes de carne y justificó las “conversiones” de bondiola en cortes no licitados como una práctica que se arrastra desde hace muchos años.
Respecto a los 26 remitos falsos, Nieto primero negó habérselos entregado a Costa, pero luego reconoció que sí lo había hecho en varios casos, aunque no supo decir cuántos. Sostuvo que los había llevado por error a su casa y solo quiso devolverlos. Adujo que citó a Costa en la plaza Cuba porque estaba suspendido y no podía ingresar a su lugar de trabajo.
“Mucha grasa”
El capitán de navío Delgado, superior jerárquico de Varietti y Nieto, sostuvo que fue engañado por ellos y por eso no advirtió las maniobras.
La investigación administrativa de la Armada concluyó con un informe del abogado Gonzalo Cuello, del departamento jurídico.
“Se acreditaron actos de apariencia delictiva, que no solo involucran a señores oficiales y suboficiales, sino a particulares, en este caso la empresa Saturno”, sentencia.
También remarca “las continuadas asignaciones de compras directas a la misma empresa” y el “manejo indiscriminado por parte del frigorífico Saturno de los condicionantes de compra (…) Estos elementos no soportan cualquier análisis básico en torno a los estándares de razonabilidad jurídica y lógica, sin ser ponderados en base a un encuadre de apariencia delictiva dolosa”.