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¿De tiempos idos?

La vigencia del protocolo y la ceremonia

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07 de septiembre de 2018 a las 05:01

 

“El comportamiento en la vida cotidiana” me  ha permitido asomarme  a algunos temas que llevo “accanto a cuore”, -junto al corazón- como dicen los italianos. A lo largo de muchos  años me he desempeñado en un ámbito muy querido para mí. Me refiero al del Protocolo y el Ceremonial. No será hoy una nota acerca de esas disciplinas sino una aproximación a las mismas. 
Quizás  recordamos todavía nuestro paso por las Oficinas del Registro Civil haciendo  trámites y, a lo mejor, resuenan todavía  las cordiales advertencias recibidas. Entonces escuchamos algo así como un “recuerde  que para la ceremonia los cuatro testigos deben ser muy puntuales”. La palabra ceremonia se repite a lo largo de los años y encierra una significación de lejanía o de gran importancia.


Una ceremonia no es más que un acto humano rodeado de determinadas formalidades. Por eso y de intento he puesto “determinadas formalidades”. El Ceremonial es una disciplina que rodeada de sentido estético, buen gusto y tacto social, tiene como finalidad facilitar la comunicación entre las personas, reconociendo a éstas el lugar que ocupan en la sociedad.
El Ceremonial no enseña a comer ni a saludar ni a comportarse  con corrección. Esos temas los presupone, como el valor que debe tener el  cirujano para oprimir una tecla de un complejo equipo de cirugía o, si lo preferimos, como el coraje necesario en el deportista que practica saltos hípicos. Sé que existe alago así como un prejuicio con el Ceremonial. Por eso se ha acuñado una frase amable en nuestro idioma. Es “saber estar”. Saber estar en casa, en familia, saber estar en el trabajo, saber estar en el descanso, saber estar en el deporte.
Si se comprende que una ceremonia es un acto humano rodeado de determinadas formalidades resultará extraño si unas  personas que se van a casar expresen que desean una ceremonia que no sea formal. La legislación civil exige formalidades, entre ellas la presencia de cuatro testigos.  Todas las ceremonias son formales, aunque imagino que se ha querido expresar el deseo de una ceremonia no solemne. Así tendremos actos solemnes y actos sencillos.


El Ceremonial se da en el ámbito oficial y también en el privado. Sobre el Ceremonial está el Protocolo con sus normas. Nuestro país las vive. Un autor comentó en cierta ocasión acerca de la necesidad de unir la dos disciplinas. Por eso es importante no hacer decir al Protocolo aquello que jamás ha dicho ni dirá. Si una niña se acerca en una ceremonia oficial al presidente de la República y le da un beso, no rompe el Protocolo porque el Protocolo es una norma y no se rompe.


En el reciente viaje pastoral del papa Francisco a Irlanda fue posible observar la delicadeza del Protocolo que se tradujo en infinidad de ceremonias muy breves algunas y otras de mayor duración. No olvido las visitas pastorales de San Juan Pablo II a nuestro Uruguay. Están las  imágenes de aquellos días en nuestra memoria.  Allí, en Tres cruces, “a la sombra de la cruz imponente”, hubo un cuidado protocolo que no se rompió.   


El título de la nota de hoy quizás lleve a engaño. Lo puse ex profeso porque sé que muchas personas a quienes respeto mucho, piensan que lo del Protocolo y el Ceremonial son cosas de tiempos idos. En tiempos idos se vivieron y se vivirán en adelante porque las muestras de respeto no son convencionalismos fríos.
 

Roberto Cava De Feo

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