“No pido piedad, solo aspiro a que haya gente que crea en esto”. Miércoles 8 de marzo de 2006. Óscar Washington Tabárez presenta en conferencia de prensa su proyecto como entrenador y coordinador de las selecciones uruguayas de fútbol.

Por entonces, las palabras proyecto y reestructura hacían eco en las paredes de la AUF.

Faltaban meses para el Mundial de Alemania y Uruguay no estaba. El retorno del Maestro se meció entonces entre la desconfianza de su experiencia anterior (1988-1990) y la esperanza que sembró con su anunciada renovación donde hablaba desde coordinar de juveniles hasta imponer un auténtico cambio cultural.

Tabárez no dirigía desde su paso por Boca Juniors en 2002. Liverpool y Defensor Sporting le ofrecieron hacerse cargo de sus clubes, pero el hombre esperaba algo más. Y llegó con color celeste. “Esto termina con mi insomnio”, dijo por entonces a El Observador.

Asumió funciones el 21 de marzo de ese año supervisando los trabajos de la sub 20 que dirigía Gustavo Ferrín que con un grupo de 28 jugadores comenzaba a entrenar de cara al Sudamericano de Paraguay 2007. Ahí estaban los Alfaro, Figueroa, Scorza, Boghossian, Ribaír y un tal Luis Suárez.

El 17 de abril trabajó por primera vez con la mayor con un grupo seleccionado por jugadores del medio local. Por entonces la pelota estuvo parada casi tres semanas por el asesinato del hincha de Cerro Héctor Da Cunha. El fútbol uruguayo era el caos mismo.
Debutó el 21 de mayo en Nueva Jersey ante Irlanda del Norte (1-0, gol de Lolo Estoyanoff).

En el afán de darle una identidad a las selecciones pregonó que Uruguay jugaría 4-3-3 en todas sus categorías. El discurso se enterró de cabeza en el debut de la Copa América de Venezuela 2007. Perú lo goleó 3-0.

Ahora todos recuerdan los besos de Lugano y Forlán a esta Copa. ¡Pero la que se armó después de aquella hoy lejana derrota! Forlán se quejó porque los traslados de la selección eran desorganizados. Lugano dijo que “el viaje a Venezuela fue una prueba de que estamos lejos a nivel profesional”: ese traslado les demandó 35 horas de viaje.

Después, Tabárez se enojó con Recoba porque este reveló a la prensa un mano a mano que tuvieron donde el Chino le expresó su incomodidad por el puesto que ocupaba en cancha.

José Luis Corbo, el presidente de la AUF que sucedió a Eugenio Figueredo (quien designó a Tabárez), anunció un “estudio profundo de la situación” si Uruguay no se clasificaba a cuartos de final.

Pero la celeste derrotó a Bolivia e igualó con Venezuela para pasar la fase… Después se quedó apenas afuera de la final. Por penales ante Brasil.

Las renuncias
Después de la Copa, Tabárez depuró el plantel. Nunca más convocó a Darío Rodríguez,
Carlos Diogo, Estoyanoff, Gonzalo Vargas y Fabián Canobbio. Además, sufrió la renuncia de Recoba.

Antes de la Copa se había bajado el arquero Sebastián Viera. Durante las Eliminatorias lo hicieron Pablo García y Mario Regueiro.

Por entonces se decía que Tabárez imponía una disciplina “a la europea”. Es a lo que hoy se designa como “profesionalismo”.

Las Eliminatorias llegaron con su habitual carga de sufrimiento. Al comienzo con tribunas semivacías y poco feeling con la hinchada.

Después dejando puntos de local ante Chile, Venezuela y Ecuador. El resto es historia más conocida: el triunfo en Quito, el repechaje ante Costa Rica y el Mundial histórico. Y luego de una conversada renovación contractual, la Copa América. La 15ª. El fruto de un largo y espinoso camino. Con sus tropiezos y sus festejos. Un camino –“la recompensa”– que empezó con una palabra maestra: “proyecto”.