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Confiesa ser bastante coqueta, pero Natalia Sastre nunca se había planteado ser maquilladora profesional hasta hace poco más de dos años.

Sin embargo hacerse un lugar en ese mercado no es tarea sencilla. “Hay cuatro o cinco nombres bien posicionados en nuestro mercado y es muy difícil entrar. Uno tiene que darse a conocer y no quedarse sentada esperando”, opinó.

Según Sastre, hay muchos maquilladores actualmente en el mercado y esa situación puede desmoronar a un aspirante o, como en su caso, motivarlo a armar una propuesta diferente.

En la senda de los reconocidos maquilladores de Uruguay, Sastre busca imponer su nombre como marca y nunca se planteó trabajar de manera dependiente. “Cuando uno empieza a trabajar para alguien como maquilladora siempre queda escondido detrás del nombre de otro y yo quiero que mi trabajo lo asocien conmigo”, reconoció.

El impulso de la web

Luego de culminar sus estudios, armó una página de Facebook donde brinda desde hace un año consejos e información diariamente. Pocas semanas después creó un sitio (www.nataliasastre.com) con la ayuda de su marido, el director de Social Media UY, David Gómez. Esas iniciativas dispararon su negocio.

“No tenía a nadie para maquillar en un comienzo. La gente se fue acercando porque empecé a mostrar todo lo que puedo hacer en materia de maquillaje a través de internet”, explicó.

A través de las redes tiene la oportunidad de recibir un feedback de sus clientes. Sastre comentó con emoción que está encantada con las devoluciones que le brindan. “Recuerdo una sola persona que me dijo que no le gustaban los productos que utilizaba”, aclaró.

Hoy, además del tradicional maquillaje social y para fiestas, la emprendedora ofrece un Taller Intensivo de Maquillaje al que bautizó por su sigla TIA. “Es un formato de mi creación. Las mujeres siempre buscamos soluciones y en una sola jornada les enseño a maquillarse con una cantidad de otros aditamentos”, contó.

El curso además comprende capacitaciones de una asesora en imagen, una cosmetóloga, desayuno, almuerzo y café. Cada alumna se lleva un kit de pinceles y una carpeta con los materiales teóricos. La jornada que dura 10 horas tiene un costo de $ 1.450. Sastre considera el taller como una herramienta de marketing, porque hasta el momento solo le sirve para cubrir los costos.

No todos los fines de semana hay novias o quinceañeras para maquillar; por eso se propuso adicionar a su emprendimiento servicios para empresas. Gran parte de su trabajo es maquillaje para ejecutivas, oradores y promotoras de eventos. Recientemente Unilever contrató sus servicios de taller junto con asesoramiento de imagen personal.

“Muchas maquilladoras se ven sorprendidas como en poco tiempo hice todo esto. Creo firmemente que se puede si hay creatividad y ganas de salir adelante”, opinó Sastre, que se siente motivada a seguir soñando por la respuesta de sus clientes.

Sin secretos

Sastre sostiene que compartir sus “tips” potencia la actividad comercial de su emprendimiento. La maquilladora advirtió que lejos de perder clientes se genera una relación de confianza con las interesadas. “Una docente que tuve me dijo que guardara celosamente mis secretos porque eran la fuente de trabajo. En mi caso ha sido al revés”, dijo.

Para Sastre un buen consejo no necesariamente asegura la obtención de buenos resultados.
“ Los “tips” ayudan, pero la maquilladora profesional está entrenada para ver cosas que trascienden ese consejo, por ejemplo la forma de la cara”, especificó.

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