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La negociación es un concepto muy manejado en aspectos políticos, empresariales o laborales, pero ¿tiene cabida negociar dentro del hogar? ¿Se deben conseguir acuerdos entre padres e hijos o es necesario respetar lo que dictan los mayores? Padres Hoy consultó a la doctora Natalia Trenchi, psiquiatra de niños y adolescentes, para conocer más sobre la negociación aplicada a la crianza.

Conseguir acuerdos entre padres e hijos vs. respetar lo que dictan los mayores

¿Está bien o está mal negociar con los hijos?

Para hablar de negociación con los hijos, quizás es bueno comenzar con un planteo un tanto filosófico: ¿para qué tienen hijos? Uno no debería tener hijos para tener una vida tranquila, ordenada y estructurada. Los hijos suelen revolucionar y entreverar la vida, a la vez que la llenan de alegría. Se supone que uno tiene hijos cuando se compromete en esa maravillosa tarea de permitir florecer a otro ser humano, de permitir que esa otra persona se construya de la mejor manera y no para que satisfaga los deseos de sus papás sino para que tenga cabeza propia; que sepa pensar, que sepa sentir y que sepa ser.

El tema de los límites y la disciplina han venido cambiando en los últimos años, en la medida que las neurociencias han ido, por suerte, avanzando y colándose en la crianza. De a poco se está dejado de valorar en exceso la obediencia ciega de los hijos - "acá se hace lo que yo mando" - y ahora se comienza a valorar la crianza de niños que tengan cerebros ricos, criterios incorporados con pienso y diálogo. Para lograr esto, es necesario que se acostumbren de chiquitos a pensar. No se puede pretender que empiecen a los 16 años a pensar, a tomar decisiones, a hacerse responsables y a considerar diferentes perspectivas. Capaz se puede, pero será muchísimo más trabajoso y complejo de lograr.

Entonces, ¿cómo debe abordarse la negociación con los hijos?

En una democracia, como debe ser una familia, hay una pirámide de autoridad y los adultos tienen esa autoridad, la responsabilidad de ser los capitanes del barco; eso debe cuidarse. No se trata de una anarquía donde cada uno haga lo que quiera cuando quiera. Tampoco quiere decir que los padres y madres deben ser autoritarios, sino que deberían desempeñar una autoridad democrática y respetuosa, sin perder de vista qué es lo que están queriendo lograr con sus hijos. Seguramente, no se querrá criar personas que toda la vida necesiten a alguien al lado para cuidarlos, para decirles todo lo que deben hacer o dejar de hacer. Es probable que todo padre y madre desee que su hijo pueda tener criterios propios incorporados, que lo lleven a tomar los mejores caminos en cada momento.

Entonces, en este marco de disciplina - que no es permisiva sino trabajosa, porque implica todo un movimiento que va más allá del "yo te mando y vos obedecés" - negociar puede ser un muy buen ejercicio. Es verdad que no todo es negociable. La salud no es negociable, la seguridad no es negociable... hay cosas que no son negociables. Hay otras que sí pueden ser negociadas: la hora del baño, por ejemplo. Hay una cantidad de aspectos que pueden ser negociables. Se entiende por "negociables" que uno tiene una posición, el otro tiene otra posición y, en lugar de agarrarse como perro y gato o hacer una lucha de poderes, uno le pregunta al otro: "¿por qué querés tal cosa? y viceversa: ¿y tú por qué querés tal otra? Entonces cada uno da un paso para acercarse al otro y lograr un acuerdo. Eso implica, a nivel cerebral, la capacidad de poder escuchar al otro, considerar su perspectiva, flexibilizar la postura propia y lograr un acuerdo. Cuando se logra un acuerdo, ambas partes se flexibilizan, se acercan y se responsabilizan por el cumplimiento de lo acordado.

Se mencionaron como no-negociables la salud y la seguridad, ¿el tema de la comida es un área donde se negocie? ¿Los niños deben comer lo que hay, sin más opciones, o ellos deberían elegir?

Comer forma parte de la salud. Entonces, hay una afirmación amplia de que comer hay que comer. Este aspecto general no sería negociable. Lo que sucede a veces es que hay algunas políticas vinculadas con la alimentación que no son buenas, como la política del plato limpio. Una "buena" mamá, un "buen" papá, una "buena" abuela creen que el niño está comiendo bien si deja el plato limpio. Esto puede ser un error. Error que le puede traer al niño malas consecuencias para toda la vida y una mala relación con la comida. Un niño come bien si sabe comer lo que necesita, lo que su cuerpo le está pidiendo. No porque se le haya servido determinada cantidad en el plato esa es la cantidad que su organismo necesita. Probablemente muchas veces sí, pero otras veces no. Hay una multiplicidad de factores que entran en juego: los horarios, las actividades que se hayan realizado, la época del año en que se encuentren, el clima, etcétera. A nivel general, no es aconsejable forzar el mecanismo de autorregulación, porque si se fuerza ese mecanismo, pueden generarse problemas mayores en el futuro.

En definitiva, es altamente recomendable negociar con los hijos, buscar el diálogo, dejarlos pensar y razonar las diversas opciones, para que puedan tomar sus propias decisiones; siempre en el marco de que el barco debe estar capitaneado por los adultos, por papá y por mamá.

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