Andrea Foglia retorna a Montevideo. Pasaron 53 días desde que se fue a clasificar a los Juegos Olímpicos. El pasaje para Londres ya está en la valija, pero falta el premio más importante. El abrazo de su hermana Mariana, el de su madre. Y el beso de su sobrina Paula. Antes que a ellos divisa un cartel: las cinco letras de su apodo, Pandy, dentro de los aros olímpicos. Obra de Pau. Si desde San Pablo, ya venía llorando, a pura nostalgia, su tierra y su gente terminan por colmarla de emociones.

Pandy se clasificó la semana pasada en el Mundial de Boltenhagen de la clase laser radial. Terminó 51ª, cuarta entre los nueve países que aspiraban a una plaza olímpica.

“La ficha todavía no me cayó, realmente no soy consciente del logro que alcancé; de a poco voy a ir procesándolo”, contó a El Observador.

Su sueño olímpico comenzó en Punta del Este, en el verano de 2009. Allí corrió por primera vez en laser radial, tras años de hacerlo en snipe junto a su hermana Mariana, con la que fue bicampeona mundial en 2004 y 2006.

Meses después decidió buscar plaza olímpica. Un arduo camino.

“Esta clase es olímpica y es mucho más competitiva que el snipe. Al principio sabía que me iba a costar adaptarme pero el año pasado llegó un momento en que empezó a preocuparme no encontrar resultados”, confesó.

Nunca pensó en abandonar. Pero muchas veces se cuestionó si todo el tiempo dedicado al deporte no era tiempo muerto para proyectar otras actividades.

A Pandy solo le falta la tesis para recibirse de educadora inicial en la Universidad Católica. Cuando está en Uruguay hace suplencias en el Kinder (jardín de infantes) del Colegio Alemán, “como ayudante o como maestra”.

Por suerte nunca se puso a hacer números: pasajes a Europa, estadías, alimentación, inscripciones a los torneos, barco, repuestos, mantenimiento...

“Siempre conté con el apoyo de mi club, el Yacht Club Punta del Este, y este año recibí una beca de cuatro meses de la Fundación Deporte Uruguay y un apoyo extra del Comité Olímpico. Pero antes mis padres me ayudaron con mucho dinero”, contó.

A todo esto se sumó una rebelde lesión de espalda.

“Viene de la época del snipe, es una protusión discal en la zona lumbar: tengo el disco intervertebral salido para afuera y me toca ligamentos y nervios”, contó.

“En los períodos de mayor entrenamiento es cuando más molesta”, agregó. Y eso ocurrió semanas antes del Mundial, en la Semana Olímpica de Hyeres.

“Entrené con Diego Romero (argentino nacionalizado italiano, bronce en Beijing 2008 en laser standard) y en el primer día me sentí y decidí parar”.



4.000
Euros. En Uruguay corre con barco del YCPE, pero en Europa se tuvo que comprar uno a ese costo.



Se recuperó haciendo fisioterapia en el club Málaga. ¿Cómo? La esposa del futbolista Sebastián Fernández es su amiga y el delantero de la selección le abrió las puertas del club. Fundamental.

Así llegó al Mundial. “El 90% de las competidoras son profesionales. Es gente que a los 16 años la suben a la clase y se prepara para ser medallista en unos Juegos”.

Londres está a poco más de dos meses de distancia: “Primero voy a hacer fisioterapia y después a entrenar con las sudamericanas que clasificaron, en alguna zona similar a las condiciones de Londres: viento y olas. Puede ser Paracas (Perú), Buzios o Buenos Aires”.

¿Y después? “Voy a evaluar qué hago. Una campaña olímpica es mucho sacrificio”.