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Un argumento central del gobierno para demostrar que los saqueos no fueron espontáneos ni producto de la necesidad, sino actos delictivos organizados, consistió en que algunos de los protagonistas se llevaban electrodomésticos caros y no comida.

“Como es casi una tradición en el país, se largaron saqueos notablemente organizados en busca de plasmas, microondas, computadoras, iPads y cualquier otro dispositivo cuya innovación tecnológica hace las delicias de los movimientos sociales”, escribió con ironía Artemio López, un “politólogo K”.

Fue así que el punto del robo de electodomésticos en los saqueos está transformándose en otro debate en sí mismo. Desde una mirada opositora, los analistas han cuestionado el planteo de un Gobierno que, luego de promover el consumismo como valor social y de pregonar la existencia de bienes “para todos”, ahora se asombra de que los marginales también pretendan tener un LCD.

“Es un argumento curioso, pre-económico. No parecen tomar en cuenta que llevarse plasmas, en principio, es llevarse la posibilidad de comer durante un mes, no durante tres días. O, incluso: llevarse la posibilidad de ver televisión en un plasma, que es lo que su sociedad les propone todo el tiempo”, escribe Martín Caparrós en “El País” de Madrid.

“Abajo los desposeídos quieren vivir también como Boudou. Con sus motos y su impunidad. No los conforman con planes. Quieren plasmas”, ironiza, por su parte, el analista Jorge Asís.

En tanto, el filósofo Tomás Abraham responde con sarcasmo a los intelectuales K: asegura que para ellos los saqueos son producidos por “un universo de incluidos que no saben que lo son”.

Pero tal vez el giro dialéctico más notable sea el de los editorialistas de los medios oficialistas, que interpretan los saqueos como la aparición de “demandas de segunda generación” por parte de una sociedad que, ya cubiertas sus necesidades de trabajo y alimentación, ahora demandan acceso al consumo y a mejores servicios.
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