“Mi donante se sube a la bici conmigo”
Freddy Goró tiene los dos riñones trasplantados, es ciclista y se prepara a fuerza de voluntad para ir al mundial de atletas trasplantados en Suecia el mes próximo, para lo que necesita donaciones económicas
Wiston Freddy Goró viene a Montevideo cada cuatro meses desde su casa en Florida para controlar que el nivel de glóbulos rojos en su sangre se mantenga estable. “Mi hematocrito llegó a ser de 12%”, dice. “Y la creatinina la llegué a tener en 12”. El hematocrito es el porcentaje de glóbulos rojos en la sangre, y sus valores normales para un hombre oscilan entre el 45% y 52%: alguien con 12% es anémico grave. La creatinina es un desecho del metabolismo muscular, que se va del cuerpo en la orina, y cuyo valor normal es de 0,7 a 1,4 mg/dl en los hombres. Su aumento indica alguna falla en los riñones.
Goró habla de los niveles en su sangre que lo llevaron a entrar a diálisis en 1983, tratamiento en el que se mantuvo durante 28 meses, antes de su primer trasplante de riñón. Hoy sus dos riñones son trasplantados. Y hoy entrena todos los días recorriendo entre 50 y 60 kilómetros de ruta en bicicleta para ir al Mundial de Deportistas Trasplantados en Suecia, en junio. Participará en las dos pruebas de ciclismo: contrarreloj y 20 kilómetros.
Primeros problemas y triunfos
Freddy Goró tiene 57 años, es flaco, alto y camina lento pero a paso firme. No aparenta más ni menos edad. La única secuela física visible que tiene de sus problemas son dos bultos en el lado anterior del brazo, a la altura del codo, que se nota solo si se quita la camisa. Son las marcas de más de 60 meses de diálisis. Su primer problema renal lo sufrió a los 15: una nefritis.
En 1978 dejó el Cerro, su barrio de toda la vida, y se fue a vivir a Florida para trabajar en una fábrica de productos de cuero. Pocos años después volvía a Montevideo: lo esperaban casi tres de tratamiento hasta el primer trasplante de riñón. En 1986, con su problema aparentemente solucionado, volvió a Florida y se radicó ahí hasta hoy.
Miembro de la Asociación de Enfermos Renales desde el principio de su tratamiento, no titubeó cuando en 1998 le dijeron que la Asociación de Deportistas Trasplantados de Argentina organizaba unos Juegos para trasplantados. “Yo nunca en mi vida había andado en bici”, cuenta Goró. “Pero es la única forma de fomentar la donación de órganos y que alguien nos preste atención”.
Con 46 años se subió por primera vez a una bicicleta y fue con la delegación de atletas uruguayos a Argentina, de donde volvieron con más de 30 medallas. Esta performance le dio la chance a Goró de asistir al Mundial de Hungría en 1999. Pero en el país europeo, durante un calentamiento, se lesionó y no corrió.
En 2001, 2003 y 2007 estuvo a cargo de la organización de los Juegos Nacionales para Trasplantados. En 2003 fue fundador de la Asociación de Trasplantados del Uruguay (ATUR).
“Mucha gente que sale de la diálisis y del trasplante se aísla. Quedan agotados. Tenés que aprender a convivir con la enfermedad. Cuando estás en diálisis te sentís horrible, te peleás hasta con tu sombra. Por suerte tuve el apoyo de mi esposa y mis hijos”, dice Goró, padre de dos mujeres y un hombre.
“Yo lo veo como que si no estuviera en esto habría uno menos para fomentar la donación. En Uruguay para donar órganos tenés que tener muerte cerebral. En esa situación está el 1% de la población. Hay más de 500 personas en lista de espera. Si algo me quedó de todo esto es saber que hay que ser agradecido por todo. Yo sé que mi donante se sube a la bici conmigo”.
Vuelta a diálisis
En 2005 los problemas renales reaparecieron. “Por lo menos esa vez nunca bajé de 35% de hematocrito”, recuerda. “La primera vez me hacían tres transfusiones por mes. Para la época de la segunda diálisis ya existía el tratamiento con EPO”.
El EPO (eritroproyetina) es una hormona que estimula la creación de glóbulos rojos. Esta vez la diálisis duró “33 meses y 17 días”.
Al salir, ya con sus dos riñones nuevos, Goró quiso ir al Mundial de Deportistas Trasplantados en Australia, en 2009. Pero no consiguió el dinero necesario para cubrir los gastos. Sí pudo viajar nuevamente en noviembre pasado a Buenos Aires a competir en los Juegos Sudamericanos. Los atletas uruguayos volvieron a conseguir cerca de 30 medallas, dos a cargo de Goró: oro en la prueba de ciclismo de 20 kilómetros y en la contrarreloj, lo que le otorgó la posibilidad de viajar a Suecia.
Motociclo le presta una bicicleta GT para ir a competir. ATUR recaudó US$ 500 con un evento musical en Florida, su amigo Robin le hace la vestimenta, una donación de ANTEL, de US$ 3.000 “se cayó”, otra de ANCAP “tal vez salga”, el dueño de James donó un televisor, un lavarropa y un freezer para vender. Así espera financiarse su viaje soñado.