¿Real de Azúa, espía checo?
La STB, el brazo de la KGB en Uruguay, de Vladimir Petrilák y Mauro Kraenski, revela que una red de espionaje pretendió a intelectuales relevantes del país
Hace 15 días escribí en este mismo espacio sobre la multiplicación de datos, algunos relevantes y otros superficiales, que se generan desde las redes sociales, y su posible uso en futuras investigaciones con fines biográficos. Entonces ignoraba absolutamente que la lectura del libro La STB, el brazo de la KGB en Uruguay, del checo Vladimir Petrilák y el brasileño Mauro Kraenski, editado hace un par de semanas por Planeta, aportaría datos importantes y desconocidos para mí sobre un personaje del que creo conocer buena parte de su vida: el intelectual Carlos Real de Azúa.
El libro citado, que versa sobre las actividades del servicio secreto de Checoslovaquia y se centra en la participación de Vivián Trías como espía al servicio de ese país entonces bajo la égida comunista, le dedica 15 páginas al caso de Real de Azúa. La investigación de Petrilák y Kraenski demuestra que Trías trabajó como agente para los checos durante 13 años, bajo el nombre clave “Ríos”.
En mi investigación para la biografía de Real pude averiguar sus asiduos contactos con Trías y con otros intelectuales, políticos y actores del mundo académico. Por ejemplo, en 1962, Real se había integrado a la aventura electoral de la llamada Unión Popular, una extraña mezcla de socialistas escindidos de la línea histórica de Emilio Frugoni con blancos escindidos liderados por Enrique Erro. Ambos hicieron campaña por un lema cuya respuesta en las urnas fue más que magra, tanto que Trías no renovó su banca de diputado. Un par de años después, con Trías ya siendo un ensayista de trayectoria, Real lo había incluido en su célebre trabajo Antología del ensayo uruguayo contemporáneo, de 1964. Allí Real destacaba la postura antiimperislista y americanista de Trías, frente al socialismo menos fogoso de Frugoni. Ademas, habían coincidido escribiendo en el diario Época, a partir de 1966, y también hacia fines de la década, en las mesas del Bar Palace en la rinconada de la Plaza independencia donde se juntaban con Alberto Couriel, el “flaco” Añón y Alberto Methol Ferré.
Aparte de la cercanía, Trías admiraba la visión de Real de Azúa sobre el país, sus problemas y sus desafíos. Por eso, según el libro La StB, a mediados de la década 1960 inicia acciones para captar a Real de Azúa como posible informante del servicio secreto checo. A finales de 1969, Trías usó a Real como informante para obtener datos de la cancillería. Otro funcionario de la embajada, de nombre clave “Neklan”, llevó a Praga información sobre Real, y explicó que Ríos estaba sondeándolo. Los checos decidieron que Real podía ser importante, dejaron a un lado las tareas de Trías y mandaron a “Neklan” para abordarlo y convencerlo de volverse espía.
El primer encuentro fue en noviembre de 1971, en el apartamento de Real en la calle Mercedes. En las notas de “Neklan” sobre Real apunta el interés por alguien que tiene una amplia base de datos del país y saber quién es quién en todos los ámbitos de la realidad uruguaya. El checo demostró interés y lo citó para diciembre, pero en la segunda reunión, en el restorán El Águila, descubrió con horror que Real ya había comentado con varias personas su encuentro anterior. Además, su visión crítica de los países comunistas a pesar de su apoyo al Frente Amplio, su criterio “libre” frente a los dogmas políticos, descolocó a “Neklan”. El checo entendió que Real era un gran intelectual de elegante estilo docente, pero no era confiable como posible agente secreto.
Y por si fuera poco, le retrucó con preguntas incisivas. Le preguntó cuál era el interés concreto del checo en el embajador uruguayo en Praga, Óscar Infantozzi. Real no tuvo empacho en describirle a “Neklan” la vida de quien describió como “pésimo diplomático y homosexual pervertido”. Antes de que el agente pudiera reaccionar, Real avanzó: “¿El señor envía regularmente informes a Praga sobre la situación en Uruguay?”
El agente checo quedó pasmado. En su informe estampó: “Hoy existe la certeza de que Real de Azúa de ninguna manera es un segundo Ríos”.
Hubo un tercer intento, en el que Real se negó a dar mayor información, aunque aceptó con gusto el regalo del agente checo: cigarrillos y botellas de whisky. Solo hasta allí cedió el patriotismo de Real de Azúa.