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Un lote de 25 cartas inéditas que la artista mexicana Frida Kahlo envió a su amante Josep Bartolí, un dibujante y pintor español exiliado en Manhattan, se subastaron en Nueva York por US$ 137 mil.


La suma final superó el precio estimado por la casa de subastas Doyle, de entre los US$ 80 mil y US$ 120 mil, y el comprador, cuya identidad no ha sido divulgada, es un coleccionista de arte de Nueva York y gran admirador de Frida Kahlo, indicaron fuentes de la rematadora.
Fue precisamente en Nueva York donde Bartolí conoció a Kahlo y comenzaron el romance que devela la correspondencia, desconocida hasta el momento.


La relación se mantuvo incluso luego de que la artista regresara a vivir con su esposo, el muralista Diego Rivera (1886-1957), en la famosa Casa Azul de la Ciudad de México.


La mexicana se encontró con Bartolí a través de su hermana Cristina mientras esperaba una complicada operación en la columna vertebral en un hospital de Nueva York, adonde la solía visitar el pintor catalán, a quien escribió más de cien páginas entre agosto de 1946, cuando tenía 39 años, y noviembre de 1949.


La operación fue una de las intervenciones quirúrgicas a las que Kahlo se sometió tras el grave accidente de autobús que sufrió a los 18 años, que le fracturó la columna vertebral y la mantuvo postrada por mucho tiempo.


Estas 25 cartas hablan de su enfermedad; de su relación con su marido, Diego Rivera; y de su dificultad para pintar, pero son principalmente declaraciones de amor que inmortalizan el romance entre la mexicana y este artista que se exilió en Nueva York por la Guerra Civil en España.


Las cartas, que contienen dibujos, fotografías y flores prensadas sugieren que Kahlo podría haber abandonado a Diego Rivera para irse a vivir con Bartolí, ya que su amor por el español era “apasionado, carnal, tierno y maternal”, analizaron los subastadores.


Una de las misivas que escribió en 1947 expresa la angustia que sintió cuando supo a través de un amigo que Bartolí había estado en México durante tres semanas y que no había ido a verla.


La relación se acabó en 1949, pero Bartolí guardó la correspondencia en su domicilio neoyorquino hasta su muerte en 1995, y más tarde su familia la vendió al dueño que subastó el lote junto a otros documentos y recuerdos de la artista mexicana. (EFE)