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¿Tiene desafíos particulares la lactancia en verano? ¿Cómo afectan el calor, el cambio de rutina y las vacaciones? Padres hoy consultó a la nutricionista y especialista en lactancia Laura Fazio para que ofreciera algunos consejos a aquellas mamás que están amamantando a sus hijos durante la estación estival.

La lactancia puede ser natural y sencilla, pero también puede ser dificultosa y ardua a la hora de llevarla adelante. Luego del parto madre e hijo inician un proceso de aprendizaje y reconocimiento mutuo, donde es necesario tener confianza, paciencia y, a veces, persistencia para que la experiencia sea satisfactoria. El contexto es también fundamental, porque la mamá necesita un espacio adecuado, estimulante y tranquilo; necesita tener el apoyo de su familia y sentirse respetada en su decisión de amamantar.

¿De qué manera afecta el verano en la lactancia?

En verano todos transpiran más y se pierde más agua. Por eso es habitual que los bebés quieran mamar con mayor frecuencia, aunque en menor cantidad en cada toma. Esto se explica porque en la primera parte de la toma, la leche contiene más agua y azúcar, de modo que satisface antes la sed del bebé. Así que cuando hace mucho calor, no hay que esperar a que el bebé llore para ofrecerle el pecho, sino que se recomienda atender las señales que realiza para indicar que quiere comer: cabeceos, sacar la lengua, llevarse la mano a la boca o hacer sonidos de llamada. Es importante ofrecerle los dos pechos, si tiene mucha sed.

¿Entonces la lactancia debe ser siempre a demanda?

Sí. La leche materna por sus beneficios nutricionales, inmunológicos y enzimáticos es el alimento más adecuado para el crecimiento y el desarrollo del bebé. La Organización Mundial de la Salud recomienda que durante los seis primeros meses de vida tome pecho de forma exclusiva y a demanda, es decir, siempre que lo requiera y todo el tiempo que desee. Esto es especialmente útil en verano, porque el bebé puede hidratarse cuando tiene sed y hacer una toma más larga (tomando la parte más grasa) cuando tiene hambre. Después de los seis meses, cuando come otros alimentos además del pecho, si hace calor y está inquieto podemos ofrecerle agua en vaso.

¿La madre debe ingerir más agua que lo normal?

La leche materna contiene un 85% de agua, suficiente para satisfacer la sed del bebé, con independencia del líquido que beba la madre. No es cierto que haya que tomar más agua para tener más leche. A la madre le basta con beber lo que le pida el cuerpo; es probable que termine tomando mucha agua. Mientras se amamanta es habitual sentir sed porque la hormona oxitocina (que produce sed) aumenta cuando el bebé succiona. Por eso, y más en verano con las altas temperaturas, conviene dejar a mano un vaso con agua y una botella para reponer, así la mamá no tiene que levantarte mientras amamanta.

¿Qué cuidados se deben tener a la hora de conservar la leche?

Si la mamá tiene que volver al trabajo en verano o planea hacer una escapada de unas horas, puede sacarse la leche para que otra persona se la ofrezca al niño. Hay que tener en cuenta que el bebé necesitará más cantidad por el calor, por lo que conviene aumentar la reserva, y no olvidar que la leche materna se puede alterar con las temperaturas altas.

La leche debe estar el menor tiempo posible a temperatura ambiente; nunca superar las tres horas. Lo ideal es refrigerarla justo después de su extracción, para asegurarse de que se conservan todas las propiedades. Si hace falta se puede usar una heladera portátil.

La leche materna puede conservarse en heladera por unas 48 horas, en el congelador por 14 días y en freezer hasta 6 meses.

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Lactancia verano Bebé