¿O a alguien como el general Eisenhower, que en 1943 fue designado por Franklin D. Roosevelt como comandante supremo de los Aliados en Europa, un puesto clave para la ofensiva final de la segunda guerra mundial?
¿O a alguien como el general Eisenhower, que en 1943 fue designado por Franklin D. Roosevelt como comandante supremo de los Aliados en Europa, un puesto clave para la ofensiva final de la segunda guerra mundial?
Quizá sí, quizá no. Si usted no necesita un general para una guerra no contrataría a Eisenhower pero si necesita un gerente general para su empresa o para una ONG o un líder de un equipo dentro de una organización, quizá busque a alguien que tenga algunas de las cualidades de liderazgo del general y luego presidente de Estados Unidos.
¿Era Eisenhower más capaz, más estratega, más carismático que otros colegas suyos que podían aspirar a ese puesto clave? Por lo que dicen los expertos militares y los historiadores de la segunda guerra mundial no lo parece.
Pero Eisenhower tenía, según Voice Glance –una organización que ayuda a las empresas a reclutar mejores empleados–, dos cualidades importantes, muy importantes. En primer lugar, tenía e inspiraba confianza. Una confianza que era contagiosa. Porque, como decía Eisenhower, “el optimismo y el pesimismo son contagiosos y se propagan muy rápidamente desde la cabeza hacia abajo más que en cualquier otra dirección”.
Y, en segundo lugar, porque Eisenhower no se metía a interferir en el manejo de los asuntos que estaban a cargo de sus subordinados pero no por ello perdía control de su gente. “El liderazgo”, según el general americano, “es el arte de lograr que alguien haga algo que uno quiere que haga porque él mismo quiere hacerlo”. O sea, por la persuasión más que por el mandato.
O, para ponerlo de otra manera, es lo que dice Jim Collins, uno de los gurús del management actual y autor de libros exitosos como Good to Great (De bueno a excelente), How the Mighty Fall (Como caen los poderosos), Built to Last (Construido para durar) y ahora Great by Choice (Excelente por elección). Dice Collins que “lo que convierte a una compañía y a un líder en los mejores es la capacidad de elegir a las personas correctas y colocarlas en el puesto indicado. Las empresas deben abandonar las prácticas ‘normales’ y aprender a contratar personas, no empleados. Uno no tiene problema de negocios, sino problema de humanos”.
“El liderazgo”, según el general americano, “es el arte de lograr que alguien haga algo que uno quiere que haga porque él mismo quiere hacerlo”
No parece decir nada nuevo pero dice algo que pocas veces se tiene en cuenta. Roosevelt sí lo tuvo en cuenta al elegir a Eisenhower porque nombró a una persona capaz de gestionar a otras grandes personas (sus iguales) e Eisenhower supo gestionar esos grandes talentos y esos grandes egos para que todos aportaran lo suyo hasta lograr el objetivo final.
Y a eso mismo se refería el propio Eisenhower en su discurso a los cadetes que se graduaban en la Real Academia Militar Británica en 1944: “Ustedes deben conocer a cada uno de sus hombres. No es suficiente que ustedes sean los mejores soldados de esa unidad, que sean los más fuertes, los más duros, los más duraderos, los mejor equipados técnicamente. Ustedes deben ser su líder, su padre, su mentor, incluso si ustedes tienen la mitad de la edad de sus soldados. Ustedes deben entender sus problemas. Ustedes deben mantenerlos fuera de problemas; y, si se meten en problemas, ustedes deben ser los que vayan a su rescate. Ese cultivo de la comprensión humana entre ustedes y sus hombres es una parte que aun deben dominar, y ustedes deben dominarla rápidamente”.
Yo no sé si usted elegiría a alguien como Eisenhower para dirigir su empresa o su equipo. Pero me gusta su filosofía, su respeto por los subordinados, su conocimiento claro de las responsabilidaes de los que dirigen. En definitiva, gente con las cualidades de Eisenhower es la que hace grandes las empresas y más aún a las personas (y no los empleados) que allí trabajan.