Ya recorrí el mundo dos veces. Fui arrestada en Vladivostok, peleé con un boxeador profesional en un tren en movimiento, me asaltó Jessie James, me secuestró una monja y zafé de morir en la explosión de un barco al llegar a Nueva Orleans.Visité Chittagong, Waltair (actual Visakhapatnam) y Ponta Delgada –spoiler: la vía “más eficiente” para cruzar el Atlántico– y otras 80 ciudades. Viajé en un elefante y en una litera real, ambos mecánicos. Una vez gané la apuesta que dio comienzo a la aventura y otra vez me entretuve demasiado intercambiando artefactos en los mercadillos del mundo. Pero todavía no encontré una ciudad que supuestamente está “en movimiento”.
80 Days: el sueño del explorador
La adaptación de La vuelta al mundo en 80 días contagia las ganas de salir a conocer el mundo