ver más

Cerca de 1,5 millones de personas inundaron una de las principales arterias de Barcelona al grito de "¡Independencia!", el pasado 11 de septiembre, seguramente la fecha más simbólica para la comunidad catalana: día en que Barcelona cayó en manos de la dinastía borbónica en 1714, familia que aún hoy reina en España.

El independentismo catalán, integrado por ciudadanos de a pie, asociaciones sociales y partidos políticos, montó por cuarto año una fiesta pacífica y de carácter familiar con el objetivo de poner en la agenda política de Mariano Rajoy la independencia de Barcelona. Las elecciones de este domingo marcarán un antes y un después en la historia de Cataluña y, por tanto, en la de España.

"Tengo un mensaje para el Gobierno español: pido que tomen nota de lo que han visto hoy. Las imágenes hablan por sí solas. Dejad esta miopía política, este orgullo imperial, esta amenaza como si casi fuésemos delincuentes. Somos gente normal, serena y pacífica", manifestó Artur Mas, presidente de la autonomía catalana y líder de la candidatura independentista Juntos por el Sí. El independentismo catalán siempre ha querido remarcar su carácter pacífico, en clara desvinculación con otros movimientos separatistas españoles, como el del País Vasco y la violenta banda terrorista ETA.

La particularidad de estos comicios

La Constitución española no permite que el gobierno catalán organice un plebiscito para consultarle a los ciudadanos si desean o no divorciarse de España. El gobierno de Mariano Rajoy ha definido como desleal y fuera de la ley todos los recursos que el presidente Artur Mas propuso en pos del "derecho a decidir" de los catalanes. Tras años de reclamos y fracasadas negociaciones con Madrid, el presidente Mas acabó adelantando las elecciones autonómicas de Cataluña para presentarlas en clave plebiscitaria el próximo domingo, un carácter que los partidos unionistas rechazan a pleno, ya que sería admitir un referéndum de facto que, un año atrás, el Gobierno de España se obstinó en prohibir.

Las candidaturas se han posicionado inequívocamente a favor o en contra de la separación. Alguna de las que defienden continuar unidos, proclama una política de tercera vía, donde se mejoren las competencias del Gobierno catalán y su financiación, sin secesión del Estado español, una alternativa que fracasó hace cinco años cuando el Tribunal Constitucional de España rechazó el Estatuto de Autonomía catalán, en el que se reconocía a Cataluña como una Nación. Esa decisión hizo aflorar entre los catalanes un sentimiento máximo de rechazo hacia "el país de los Borbones", ya no solo por aspectos políticos y económicos, sino por considerarse moralmente ignorados por el Estado español.

Los sondeos adelantan que las fuerzas independentistas, conformadas por las candidaturas de Juntos por el Sí - coalición política entre un partido conservador y uno de izquierdas -, y la CUP - formación anticapitalista independiente -, conseguirían la mayoría absoluta en el Parlamento catalán. Pero ganar en escaños no es sinónimo de mayoría de votos, que es lo que muchos reclaman para que el independentismo sea capaz de legitimar un nuevo paso en el proceso. Las últimas encuestas indican que las fuerzas separatistas se quedarían en la puerta de la mayoría absoluta, con el 49,6% de los votos. De superar el 50%, los políticos han anunciado que declararán unilateralmente la independencia en un plazo de 18 meses.

Pero no todo es tan lineal. Pese a que las encuestas pronostican la victoria del independentismo, los catalanes no apoyan mayoritariamente la declaración unilateral de independencia. Según las encuestas, dos de cada tres son partidarios de negociar la salida con el gobierno español.

Existe una corriente que se muestra favorable a permanecer dentro de España a cambio de un nuevo encaje que conceda mayores competencias al gobierno autonómico. Hasta el momento no hay una propuesta política que materialice con claridad esta tercera vía, y que los catalanes perciban como confiable luego de vivir la fracasada experiencia del Estatuto de Autonomía. Pero si existiese, un 42% la apoyaría. Si a este porcentaje se le suman los ciudadanos afines a mantener la situación actual, resultaría que 6 de cada 10 catalanes prefiere mantenerse dentro de España.

Los líderes del Partido Popular (PP), del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), de Podemos y Ciudadanos, partidos afines a permanecer unidos, reclaman la movilización del electorado que no acostumbra salir a votar, para contrarrestar así al bloque independentista. Aquellos inmigrantes gallegos, extremeños y andaluces que Barcelona recibió décadas atrás, tras una fuerte oleada migratoria española, son claves ahora. "Que no te engañen, no son más, lo serán si tú te callas. Si tú no votas, otros lo van a hacer por ti. Lo que se va a decidir el domingo es si el próximo gobierno catalán será independentista, o lo harás tú. Tienes responsabilidad", incentivó el presidente Mariano Rajoy en la recta final de la campaña electoral.
Temas:

Cataluña España Barcelona elecciones Mariano Rajoy

Seguí leyendo