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La cuchara está detrás del vidrio del aparador. Su color demuestra los años que pasaron sin lustrarla, pero en realidad es de plata. De hecho, con ella puede haber comido el presidente Alfredo Baldomir, cuando almorzaba allí con su comitiva, en los veranos entre 1939 y 1943.

Esa cuchara es un símbolo del hotel Alción del balneario Solís, un edificio emblemático de la zona que ha sufrido el mismo proceso de deterioro que el cubierto. Tiene una gran historia, pero su presente no es nada alentador.

Desde hace seis días el Alción se encuentra ocupado por sus trabajadores, que están en conflicto con la empresa que gestiona el hotel, el Sindicato Médico del Uruguay (SMU).

Es una colonia de vacaciones para los afiliados al SMU, pero también está abierto al público en general, tanto como residente temporal (llamado en la jerga interna como “pasajero”) o en promociones por el día, desde las 8 a las 23 horas, como si fuera un club.

El hotel Alción tiene 60 empleados durante todo el año. La mayoría vive en Solís o en su zona de influencia (Gregorio Aznárez y Cerros Azules, en Maldonado, y Jaureguiberry, en Canelones).

En 2012 se realizó, a pedido de los trabajadores del hotel, un informe del ingeniero Jorge Cousillas, conjuntamente con peritos de la Facultad de Arquitectura, que determinó problemas sanitarios y eléctricos en la estructura del hotel. Este grupo de trabajo presentó varios proyectos para una mejora edilicia, indicando un gasto de aproximadamente US$ 4 millones.

Los trabajadores aseguran que en ningún momento el informe de Cousillas dice que el edificio corra riesgo de derrumbe, una de las causas que esgrime el SMU para su cierre. Y arguyen, además, que el hotel cuenta con la correspondiente habilitación de Bomberos.

Una rica historia

Ya en 1938, un afiche del rematador Alberto Arocena anunciaba la venta de solares en el balneario Solís y promocionaba los hoteles que ya existían en el lugar: el hotel Solís, fundado por ingleses y con una enorme cancha de golf (hoy al norte de la ruta Interbalnearia y abandonado); el hotel Chajá (construcción que ya no existe como tal, ubicada sobre la actual ruta 10), y el Alción, que era un boceto, puesto que se inauguró en enero del año siguiente.

La obra correspondió a los arquitectos Walter Hill y Luis Alberto André, de nacionalidad belga. “El día de su inauguración se realizó un almuerzo criollo y luego una fiesta criolla con carrera de sortija y penca folklórica”, dice Silvia Barreira en Balneario Solís. Historia, relatos e imágenes, su libro sobre la historia del balneario publicado por editorial Trilce en 2003.

Por esos mismos años iniciales estuvo la comitiva de Baldomir descansando por ese paraje del oeste de Maldonado.

La empresa que promocionaba el lugar era la Compañía Balneario Solís, que ofrecía un plan de vacaciones bastante desarrollado para la época: turismo de costa y sol en las playas, tanto en la desembocadura del arroyo Solís (allí con la dimensiones de un río) como en las costas del Río de la Plata, y también turismo rural (en las praderas circundantes) y turismo aventura (en los cerros de los alrededores).

Además de las comodidades propias del hotel (85 habitaciones, bares, salas de estar, salones, terrazas cubiertas y al aire libre, varios comedores, canchas de tenis, ascensor, piscina, y elementos de lujo como vajilla y mantelería francesa), el Alción le daba al visitante todo el confort posible para el momento: una estación de tren muy cerca para llegar desde Montevideo, telégrafo, luz eléctrica y teléfono.

El hotel tenía un riguroso protocolo gastronómico, bajo el mando del gerente monsieur Jean Kieffer, quien vigilaba la manera de servir un menú que estaba solo escrito en francés.

Unos años después, en 1943, los arquitectos Albérico Isola y Guillermo Armas decidieron la colocación de las tejas rojas que continúan hasta hoy día en el techo del Alción, conformando una estampa clásica del skyline de Solís, un balneario con tradición británica que durante la segunda guerra mundial generó rumores por la presencia de supuestos espías de su majestad.

La exclusividad del Alción continuó en la década de 1950, cuando era habitué el presidente Luis Batlle Berres junto a su familia.

En la crónica de Barreira se consigna que en los años posteriores a la construcción del Alción, lo golpearon sucesivos vientos de los temporales del Río de la Plata como los vientos metafóricos de los cambios sociales, las modas, las costumbres y los nuevos movimientos artísticos y políticos que vivió el mundo.

En 1950, en remate público, la Compañía Balneario Solís vende el hotel Alción a los inversores uruguayos Alegre y Sassón, quienes explotan las instalaciones hoteleras del complejo durante una década.

Pero el señorío del Alción ya tenía por entonces grandes competidores tanto en Punta del Este como en Piriápolis.

En 1961, Alegre y Sassón venden el Alción al SMU, que desde entonces lo utiliza como colonia de vacaciones.

El presente

En la última época de las 80 habitaciones disponibles, el hotel utilizaba 72. Las otras eran para el gerente y algunos empleados que viven en el hotel, como el caso del cocinero Marcelo Carbone.

A pesar de las sucesivas reformas y algunos arreglos temporales, el paso del tiempo y la cercanía con el mar le pasaron factura a la estructura del Alción. Basta recorrer las instalaciones del hotel para notar las necesidades de lavado, pintura y mejoras en general. Según el informe de Cousillas, los arreglos cuestan unos US$ 4 millones, para un predio que está valuado en US$ 8 millones.

Según la calificación oficial que otorga el Ministerio de Turismo uruguayo, el Alción técnicamente no es un hotel sino una “hostería” de dos estrellas. Entre los motivos de esa calificación se encuentra la falta de televisor, frigobar y aire acondicionado en las habitaciones. “Desde siempre este fue un hotel donde la gente venía a descansar y a dormir”, explicó a El Observador Alejandro Torres, de la gerencia del Alción e integrante del grupo de trabajadores que está ocupando el hotel.

Hasta el cierre, el Alción tenía un régimen abierto tanto para los 9.000 afiliados al SMU como para el público en general. Además, existía el régimen de pagar para utilizar las instalaciones desde las 8 hasta las 23 horas, como si fuera un club. Pero desde hace varios veranos se nota una merma en las entradas y los números de los balances están en rojo.

La principal fuente de ingresos del Alción la representan los US$ 35 mil líquidos que ingresan por la organización de las Asambleas Técnico-Docentes (ATD) de Enseñanza Secundaria. El hotel se presenta a concurso por licitación pública y gana desde hace varios años. Eso significa una semana con 190 personas utilizando todos los servicios del hotel. Con el cierre actual, esta actividad está suspendida. De todos modos, el dinero de las ATD no es suficiente para los gastos del resto del año. Una de las reivindicaciones que los trabajadores del Alción le hicieron a los diputados y al intendente de Maldonado, Óscar de los Santos, y al intendente de Canelones, Marcos Carámbula (médico e integrante del SMU), que se acercaron por el conflicto, es que el edificio se pueda declarar “patrimonio histórico” y de esta forma exonerarlo de pagar la contribución inmobiliaria.

La erosión

Un eventual cierre definitivo del Alción puede afectar además a toda la comunidad de Solís. Hernán Ciganda, alcalde del municipio de Solís Grande, dijo a El Observador que “si esto se concreta, aunque espero que no suceda, repercutirá en una zona muy chica, con una única empresa que posee tantos funcionarios y que trabaja todo el año”.

Pero el alcalde puso el dedo en otro problema que excede los temas empresariales y sindicales del hotel Alción: la erosión de la costa en ese punto exacto.

“Basta ver las fotos antiguas con la escalera que bajaba a la playa en la década de 1940. Estaba en la mitad de un arenal. Ahora está dentro del agua. Incluso la costa está a solo unos metros de la piscina del Alción”, explicó Ciganda.

Para paliar esta situación la alcaldía sugirió algunas soluciones más o menos económicas, como la implementación de unos geotubos textiles de origen holandés, pero fabricados en China, que funcionen como barreras de contención de la arena de la costa.

Más allá de las acciones de la alcaldía de Solís Grande, Ciganda reclama la actuación de otros organismos públicos.

Esta es la situación hoy día del hotel Alción. Tiene a su frente dos grandes encrucijadas (un cierre y el avance de la costa) y las dos pueden enfrentarlo a un salto al vacío.

Inicio

El hotel Alción se inauguró el 15 de enero de 1939