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María de los Ángeles Orfila, de la redacción de Observa

Una de cowboys por Carmelo


Ese primer día de clases, el niño Carmelo lo vio calladito desde un rincón. Tenía seis o siete años y fue el único día del año en el que no pudo cometer una travesura. Estaba demasiado vigilado.

Después de una persecución claramente en desventaja para el villano, cualquiera de los que representaban a la autoridad pudo haber dicho al acecharlo que ese lugar era demasiado chico para los tres. No quedaba otra posibilidad que aplicar la ley. Entonces, Carmelo y Juan Pedro sujetaron cada uno la punta de una cuerda y ataron al bandido de Ramón en una casa abandonada y lo dejaron ahí para que escarmentara.

El camión de madera de Petru



A medida que la aguja grande se acercaba a las 8 horas, sabía que lo iban a dejar en esa casa grande llena de extraños. Le llamó la atención que lo acompañara su mamá, su papá, su abuelo y su abuela. Sabía que algo se traían entre manos puesto que por semanas estuvieron hablando de lo que pasaría ese lunes. Lo único que ocupaba su mente era que cuando marcaran las ocho, lo iban a dejar allí... para siempre.

Cuando Petru Valensky pensó en su primer día en el Colegio Santa Elena, recordó que tuvo que aguantarse las lágrimas hasta que una monja, a solicitud de su madre, le explicó que sólo iba a quedarse en la escuela hasta que la aguja grande llegara a las 12.

"Nadie me decía que me iban a ir a buscar al mediodía. Yo pensaba que me iban a dejar ahí", se rió contándole a Observa.

María y su jumper

Hasta un día antes se había mostrado ansiosa cuando vio que finalmente iba a tener su propio jumper, el símbolo de que ya era una niña grande. Pero esa mañana, cuando ya lo vestía acompañado de la corbata bordó y los zapatos negros bien lustrados por los que tanto había pedido, se dio cuenta que ya no llevaría más la túnica cuadrillé de colores.

"Conservo la foto en la que aparezco parada, durita. Fue toda una ceremonia. Yo quería estar impecable con todo nuevo; nada heredado", recordó a Observa María García, conductora de Bien Despiertos.

Los bigotes de un murguista

"Me fui a casa y me miré en el espejo y me vi el bigote medio caído", dijo a Observa. Al estudiante le habían recortado la imagen. Ahora tenía que enfrentarse a tomar una decisión: terminar lo que los otros habían comenzado o quedarse con el mostacho mocho. "¿Me corto el pelo?", se preguntó con la tijera en la mano. Detenidamente meditó lo que significaba meter ese tijeretazo. "Era como ceder", contó sobre la sensación que recorría su mente.

Los consejos de una madre

Una vez que se acercó a la maestra, no tuvo que presentarse. A Cristina Morán ya la conocía de la televisión. Pero ese día la estrella era Carmencita que después de tanta espera entraba a primer año.

Luego de seis años, en el último día de clases, la actriz volvió a encontrarse con aquella primera maestra. "No me defraudó", le dijo con la misma solemnidad. Dicho esto, fue a conocer al primer profesor liceal.

(Observa)

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