Sebastián corrió por una pelota y sintió un ahogo. La primera vez lo tomó como algo habitual. La segunda le llamó la atención. La tercera se preocupó. No era para menos, se le hinchó la cara y se puso colorado. Fue cuando en un entrenamiento decidió dejar de jugar para someterse a exámenes. El resultado fue un golpe al alma: tenía un linfoma en el mediastino. ¿De qué se trata? El mediastino es una cavidad del tórax, que se ubica entre el esternón y la columna vertebral, que contiene la tráquea, el esófago y el corazón. Allí se encontraba el cáncer. Luego de llorar en la soledad de la noche, de pensar en la muerte, de días donde no tenía fuerza para subir una escalera, de engordar y de ser aislado, volvió a la vida. Sebastián Ariosa en un mano a mano sensible y humano con El Observador, cuenta lo que significó ganar la batalla.
Ariosa: “Mentiría si dijera que no pensé en la muerte”
El defensa, que volvió a entrenar con Defensor, cuenta su batalla para vencer el cáncer en un mano a mano sensible y humano con El Observador