Así no, señor Ministro
Poca humildad y sentido común por parte de Eduardo Bonomi
Podría tratarse de una broma macabra pero no lo es. Justo el día en que las juventudes de los partidos políticos se congregaron para honrar la democracia, el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, concitó el centro de las miradas por ser el actor principal de un papelón inconcebible en Artigas.
Las imágenes circularon como reguero de pólvora a los pocos instantes de producirse. Un Bonomi risueño y altanero forcejeando contra un puñado de cultivadores de tabaco del norte que pretendían manifestarse con un cartel durante un acto en el que el ministro de Transporte inauguraba la ruta 30.
La misma Artigas de los cañeros del Bebe Sendic, de la falsa leyenda urbana de los niños que comían pasto en el 2002 y de la rota ruta 30 que siempre pareció una postal de un país en guerra civil y que ahora el gobierno emparchó pero no arregló. Un episodio triste por donde se lo mire. Un ministro del Interior prepotente, guardias de seguridad patoteros y la policía llevándose detenidos a dos cultivadores que buscaban expresarse en un país libre. Los trabajadores tabacaleros habían obtenido autorización para manifestar en el lugar. Reclaman por las medidas antitabaco del gobierno, que afectan a los costos de producción y ponen en riesgo decenas de puestos de trabajo. La situación de atropello provocada por Bonomi revela que perdió la compostura que exige un cargo de tal jerarquía. Un hombre de Estado no puede prestarse a estos papelones históricos, que ponen en tela de juicio su capacidad para permanecer en el cargo.
En declaraciones radiales a la mañana siguiente no solo niega lo que se vio, sino que pretende dar una visión distorsionada. “Me empujan dos veces y nadie habló conmigo. La segunda vez me sacan violentamente para el costado, vuelvo para donde estaba. Retrocedo porque me estaban empujando de abajo”, dijo.
Está escrito en todos los manuales. Permanecer demasiado tiempo en el poder hace perder las referencias y el contacto con la realidad. El gobierno parece haber ingresado en un universo paralelo donde las percepciones están alteradas y ante la mínima contradicción se busca generar un relato que permite seguir habitando ese mundo paralelo.
Pero esto no es física cuántica, es la realidad. El ministro del Interior en persona se aseguró que un grupo de ciudadanos libres no manifestaran públicamente un reclamo y que terminaran por unas horas en un calabozo. Síntoma de la soberbia de un gobierno que se va aislando sin querer ver la necesidad de realizar modificaciones en algunas políticas públicas y de aceptar que en democracia las unanimidades no son siempre permanentes.
Muchos años de mayorías parlamentarias, un equivocado acostumbramiento a creer que los reclamos sociales solo eran contra los partidos tradicionales y una enorme dosis de falta de sentido común y humildad es lo que sobrevuela la gestión del ministerio del Interior y quien lo banca, el presidente de la República. Lo más triste es lo del comienzo, en una lección de democracia los jóvenes de todos los partidos se manifestaron juntos y en paz para recordar el histórico grito de libertad del acto del obelisco del 27 de noviembre de 1983. Se trata de una lección básica de las nuevas generaciones que muchos veteranos, como Eduardo Bonomi, siguen sin entender.