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Para la gran mayoría, el rescate de los mineros en Chile hace ya más de un año fue un milagro. Para los que analizaron con sentido responsable y en profundidad lo que aconteció en aquellas dramáticas horas, salvar a los 33 hombres que quedaron atrapados en las entrañas de la tierra fue el éxito de un país organizado, bien planificado, que estaba preparado para afrontar una situación extrema a la que quedó expuesto por la naturaleza y las fallas del hombre. Y lo de Peñarol en la Copa Santander Libertadores, salvando distancias entre los hombres que quedaron allá abajo y las decisiones que condenaron al club a vivir atrapado en la superficie durante años, para la mayoría y particularmente para el hincha, que no entra en detalles, es un milagro.

Discrepo profundamente con aquellos que creen eso y afirmo, con elementos de prueba que desarrollaré a continuación y sobre los que se explaya el propio técnico Diego Aguirre, que atrás de las buenas propuestas de los aurinegros, de los triunfos históricos, de las victorias que marcaron el recorrido en esta edición del torneo continental, se esconden el orden, la planificación, el trabajo, el acierto en la conformación del plantel, el ojo del técnico para elegir a los jugadores adecuados y el sentido de grupo para sobrevivir en las instancias más críticas.

Es muy simple asociar el éxito del técnico Aguirre con la suerte que le acompañó en diferentes etapas de su carrera. Que tuvo fortuna el entrenador, sin dudas, nadie lo puede discutir. ¿Cuántos veces un goleador –en esta Copa el uruguayo Santiago Silva de Vélez– patina cuando va a patear un penal y lo remata afuera? Sin el porcentaje de suerte que debe acompañar a las grandes patriadas es imposible hacer historia. Y a Aguirre la fortuna lo acompañó. Eso está claro. Pero es injusto quedarse exclusivamente en la explicación simplista de la suerte cuando atrás existió un trabajo profundo, de estudio, de análisis previo.

¿El acierto en la contratación de Luis Aguiar de quién es mérito? ¿Y la incorporación de Nicolás Freitas? ¿Y preguntar por Juan Manuel Olivera, aunque parecía imposible su llegada? ¿Confiar en Darío Rodríguez a pesar de que no venía jugando bien? ¿Y utilizar a Alejandro González de lateral cuando jamás se había desempeñado en esa posición? Eso fue todo mérito del técnico y sus colaboradores.

También el azar ayudó: de pronto, cuando se lesionó Gerardo Alcoba y terminó en el quirófano, cayó del cielo Carlos Valdez, con quien Nacional había coqueteado pero nunca concretó.

Este miércoles Peñarol jugará por el título de la Copa Santander Libertadores ante Santos en el Pacaembú porque Aguirre y sus colaboradores diseñaron desde fines de diciembre la estrategia para intentar llegar a esta instancia con un equipo con clase internacional. Con aciertos y errores, pero siempre probando en el laboratorio de Los Aromos las combinaciones que les permitieran reconstruir en el plantel 2011 el sentido histórico de Peñarol, llegó hasta el último partido del torneo.

Así empezóA fines de noviembre de 2010, tras el alejamiento de Manuel Keosseian y en pleno interinato de Edison Machín, comenzaron las conversaciones del presidente Juan Pedro Damiani con Aguirre. El técnico volvería solo si existía el compromiso en el club de hacer el esfuerzo para conformar un plantel competitivo, con aspiraciones de ganar el Uruguayo y volver a la Libertadores con pretensiones de realizar un buen papel.

El DT, campeón con los aurinegros del Campeonato Uruguayo 2009/2010 después de ganarle las finales a Nacional, había descartado una posibilidad del mercado árabe, estuvo muy cerca de ir a México y le seducía Chile, porque estaba a dos horas y media de Montevideo, pero antes que nada estaba Peñarol.

El 8 de diciembre Aguirre fue presentado en la sede como nuevo técnico del plantel principal e inició su tercer ciclo como entrenador del club. En los otros dos, en 2003 y 2010, había logrado el título local. A esa altura, cuando aceptó el desafío, ya había elaborado con sus colaboradores, el asistente Enrique Carreras y el preparador físico Fernando Piñatares, el plan de vuelo.

En la misma hoja presentó a los dirigentes un plan A y uno B, según reveló el propio entrenador a El Observador. “Y salieron casi todos los plan A”, confiesa. Esos fueron: Fabián Carini, Carlos Valdez, Nicolás Freitas, Luis Aguiar, Juan Manuel Olivera y Matías Mier.“¿Querés saber por qué llegamos a esto?”, pregunta Aguirre y el mismo responde en una charla con El Observador. “Es una suma de cosas, pero anotá: Damiani y los dirigentes apostaron por mi vuelta y por el proyecto que tenía; creyeron en el proyecto futbolístico y me dieron las armas; la confianza ya me la había ganado en el campeonato anterior y no me cuestionaron los jugadores que pedía; a veces se asombraron porque pedí nombres que para ellos no parecían importantes, pero yo sabía que iban a ser muy importantes.

Por ejemplo, por Aguiar ponía las dos manos en el fuego, estaba seguro de lo que iba a dar, y así sucedió. El club gastó un presupuesto normal y en algún caso los dirigentes hicieron un pequeño esfuerzo que redituó. Porque vos fijate lo que es esto, el fútbol es tan maravilloso que en cuatro meses cambia todo el escenario. El club estaba en quiebra, según decía la prensa, y ahora puede ponerse al día con sus cuentas si gana la Copa, leí el otro día”.En ese rápido repaso de Aguirre se resume el éxito.

La confianza de los dirigentes, el buen ojo del entrenador para conformar un buen plantel –ajustado pero con gran nivel– y luego el trabajo de cada día. Porque no siempre le rodó bien este 2011 a Aguirre.El comienzo de esta misma Copa fue tremendo. El 0-3 que sufrió frente a Independiente o el 0-5 contra Liga de Quito, encendieron las alarmas de los más tremendistas o pesimistas. Pero ahí está, cerquita del cielo.