Julian Assange ha desafiado la ley de gravedad. En un pedazo de suelo ecuatoriano –que por esas cosas de la diplomacia moderna y del derecho internacional se ubica en el corazón de Londres–, un solo hombre resiste la embestida de grandes potencias por darle captura, en un drama internacional con múltiples aristas y que involucra a los países más poderosos del mundo y al inesperado convidado del propio Assange en el entuerto: el pequeño Ecuador. Cualquier metáfora bíblica de “David contra Goliat” en este asunto no encontraría por ningún lado la honda ni la piedra que pudiera salvar a este David de la tragedia que le aguarda.
Assange rodeado
Correa le dio asilo, aunque no puede tomarse el avión. Pero ¿qué pasó en Suecia?