Hay cantidad de alimentos que se suelen identificar como originarias de América que sin embargo, provienen del denominado “Viejo Mundo”. Es el caso de los plátanos.
Hay cantidad de alimentos que se suelen identificar como originarias de América que sin embargo, provienen del denominado “Viejo Mundo”. Es el caso de los plátanos.
Según múltiples indicios, esta fruta, como tantas otras, es originaria de la India, donde era conocida como la fruta de los sabios. Se cree que los yoguis y los santones indios comían los plátanos verdes, como lo hicieron mucho tiempo los anacoretas y los monjes cristianos de Abisinia.
La banana fue trasplantada a Las Españas desde las Islas Canarias, en 1516, por el fraile español Tomás de Berlanga. Poco después llegó a México, donde arraigó muy bien. Luego, los portugueses la cultivaron en Brasil.
Hoy las bananas son la tercera fruta más popular del mundo. De ser caras y escasas hace cien años llegaron a convertirse en un producto común en diversos países del mundo.
Su popularización está ligado a diversos nombres propios. El norteamericano Lorenzo Dow Baker fletó una goleta en 1870, hasta Jamaica en la que cargó bananas y cocos y regresó a Nueva Jersey.
Los negocios le fueron tan bien que en 1885 fundó la Boston Fruit Company. Poco después se percató de que el dinero en grande estaba en el control total: plantar, cultivar, cosechar y transportar bananas.
Así en 1899 decidió asociarse con el magnate estadounidense de los ferrocarriles Minor Keith, que había construido un sistema ferroviario en Panamá. Ambos fundaron la United Fruit Company que hoy sigue operando bajo el nombre de United Brands Company.
Sin embargo, en muchos países, no se conocen más plátanos que los denominados “de postre” y hablar de guineos, o de plátanos macho, es poco frecuente. En esos lugares, como en Uruguay, suelen comerse la banana cruda o en alguna receta de postre, golosa, dado el alto contenido en azúcar del plátano. (Ver recuadro).
Por ejemplo, una de las más clásicas en tierra española son los plátanos flameados.
Para realizarla se utilizan cuatro plátanos dulces pelados y se saltean en una sartén con un poco de mantequilla.
Luego se espolvorean generosamente con azúcar negra y, por último, se rocían con un vaso de ron oscuro, tibio y azucarado.Luego al momento de llevarlos a la mesa se encienden en alcohol para que lleguen en llamas a los comensales.
Hay quienes dicen que la receta no solo tiene la capacidad de encantar a los paladares sino también de volverlos más sabios.